Claves para una (buena) educación online: transformación, conciliación, acceso universal

La nueva realidad social que ha traído consigo la pandemia ha modificado la forma en que nos comunicamos y nos relacionamos. En el ámbito educativo impacta de forma directa en cómo los alumnos aprenden, pero también en cómo se enseña.

Claves para una (buena) educación online: transformación, conciliación, acceso universal

Unsplash

Tu Formación

errores y soluciones

María Refojos

María Refojos

La nueva realidad social que ha traído consigo la pandemia ha modificado la forma en que los individuos nos comunicamos y nos relacionamos. En el ámbito educativo impacta de forma directa en cómo los alumnos aprenden, pero también en cómo enseñan los profesores.

Se trata de una transformación encaminada a crear un nuevo concepto de formación, que se ve abocado a adaptarse al mundo online. El proceso de innovación e incorporación de nuevas tecnologías llevaba en marcha varios años, pero la COVID-19 ha forzado su implementación.

Una de las consecuencias de esta aceleración ha sido la de dejar al descubierto las carencias y desigualdades: centros y familias muy preparadas han convivido con otras completamente al margen de las necesidades impuestas por el confinamiento. 

“Esta digitalización forzosa lo que ha hecho es demostrar todo lo que estaba roto y que no funcionaba en nuestro sistema educativo”, asegura la antropóloga, formadora y emprendedora tecnológica Izanami Martínez, quien ve en esta época “una oportunidad extraordinaria e histórica de reescribir la educación”.

Principales errores

La vuelta al cole de este 2020 sigue llena de incertidumbre, aunque si algo parece claro es que la tecnología va a seguir siendo la protagonista. En este periodo de adaptación, el esfuerzo realizado tanto por los profesores y personal educativo como por los alumnos y padres ha sido amplio. Sin embargo, Martínez considera que se han cometido algunos errores que es necesario subsanar para que la digitalización no nos coja de nuevo con el pie cambiado.

Para empezar, habla de la resistencia al cambio de las distintas administraciones y de algunos de los agentes implicados, lo que ha impedido tomar decisiones de forma proactiva. Si bien la primera fase de implantación fue imprevista, de cara a septiembre se podría haber diseñado y planificado un desarrollo más cuidadoso. “Si ya estábamos en pandemia, ¿por qué no empezar en junio el proceso de cambio en vez de esperar a septiembre?”, se pregunta esta experta, que con más de 20 años de experiencia en la enseñanza imparte clase actualmente  en el IE Business School y The Power MBA.

Tampoco ha ayudado el modelo actual, basado en una formación oficial “estructurada y rígida” que imparte un mismo mensaje, con un mismo ritmo y a un mismo nivel para todos los alumnos. “Hasta ahora ha conseguido seguir porque tenía a los niños encerrados entre cuatro paredes y no les quedaba más remedio que quedarse ahí, pero desde casa pasan olímpicamente, el profesor no tiene manera de obligarles a atender”, describe esta experta.

Incide además en que de esta forma no se está teniendo en cuenta el concepto de inteligencias múltiples, que implica que aprendemos a velocidades diferentes y tenemos talentos y capacidades diferentes.

Algunas soluciones

Este conjunto de factores ha afectado a escuelas, universidades y centros educativos de toda España y se ha ido haciendo patenete a medida que han pasado los meses y se ganaba perspectiva. Si bien durante el confinamiento el 85% de las familias consideraba útil la enseñanza a distancia, este porcentaje ha bajado ahora al 58%, según indica una encuesta realizada por Amazon.

De hecho, la calidad de la enseñanza en casa lidera su lista de preocupaciones para el nuevo año escolar. En este sentido, la clave de una buena educación online que permita lograr los mejores resultados debe recoger mejoras en contenidos, uso de la tecnología o metodologías, entre otros aspectos. 

Aunque el punto de partida, tal y como detalla Izanami Martínez, es la actitud de los formadores: deben realizar el difícil ejercicio de reconocer que se encuentran en un nuevo territorio donde desaparece el estímulo único del docente frente a la clase, y desaparece también la presión del grupo. En sus casas, la atención del alumno se la disputan las múltiples ventanas abiertas en el navegador del ordenador, las redes sociales o los juegos. Y en esta batalla no siempre gana el cole.

Los docentes tienen que aprender a enseñar de nuevo, y tienen que hacerlo con voluntad, ilusión y ganas"

Lo que saben no les va a servir. Tienen que aprender a enseñar de nuevo, y tienen que hacerlo con voluntad, ilusión y ganas, no con resentimiento o actitud derrotista”, afirma la experta, que apela a la capacidad de los profesores de flexibilizar y perder el miedo al error, para se lancen a ser creativos e intentar cosas nuevas. 

Desde esta perspectiva de estudiante les tocará valerse de herramientas tecnológicas o del clásico método de prueba y error para analizar los resultados de sus clases online y discernir las fórmulas más efectivas. “Por ejemplo, puedo hacer un visionado de la clase online, ver las caras de los niños y fijarme en los que están más atentos y cuándo. En base a esto, voy modificando y haciendo cada clase diferente hasta que doy con la combinación de elementos que funciona mejor”, describe.

Otra cuestión importante es la del lenguaje y los contenidos, que deben parecerse más a los los formatos contra los que compiten, “adictivos y duran pocos minutos”, para ser más accesibles para las nuevas generaciones. “Se ha entendido que la formación online no es más que un cambio de medio, de plataforma; pero el problema es que hay que cambiar por fuerza el lenguaje y el contenido, porque el contexto es completamente diferente”, señala Martínez. 

Por último, esta experta recomienda educar desde la emoción. “El docente tiene que conectar con esa capacidad de entretener además de educar, hay que llevarse las cosas a la esencia. Para que la educación sea efectiva tiene que sorprender y emocionar... Es un reto brutal”, reconoce.

Los otros retos

Pero el foco para hacer que la educación online funcione no está solamente sobre los formadores y los centros de enseñanza. La fórmula contiene otros dos elementos fundamentales que generan grandes diferencias, la conciliación y la brecha de acceso.

La educación es uno de los derechos fundamentales de las personas, todos los estudiantes deben acceder a ella en igualdad de condiciones. Sin embargo, esto no se ha cumplido durante el confinamiento: las familias menos pudientes han tenido serios problemas para integrar los cambios y, en vista de la crisis económica generada por la pandemia, podrían tener dificultades para seguir el curso de manera óptima.

En el ámbito de la conciliación, considera esencial apoyar a las familias que no pueden renunciar a sus empleos para cuidar a sus hijos, o que no cuentan con los recursos o la red de cuidados necesarios para delegar la crianza. “Con la educación online alguien se tiene que quedar en casa. ¿Y qué pasa cuando hay algún positivo en la clase y se tienen que volver a aislar? Estamos abocando muchos hogares a la estratificación social extrema”, plantea. 

El papel del Gobierno es fundamental, debe asegurar que todos los niños de España tienen acceso a la educación"

Y en cuanto a la brecha de acceso, se debe a que hay familias a las que les resulta imposible disponer de conexión a internet o tener un ordenador en casa y, por ello, muchos estudiantes no han tenido acceso al contenido escolar tras la cancelación de las clases presenciales. “El papel del Gobierno es fundamental, debe asegurar que todos los niños de España tienen acceso a la educación, y si eso significa que hay que comprar iPads y poner conexiones hasta en el último rincón, tendrá que hacerlo”, expone Martínez. 

Mejor si es híbrida

Tan solo el 37% de las familias afirman haber llevado a cabo las actividades de enseñanza a distancia sin problemas técnicos, desgrana la encuesta de Amazon. Además, entre las desventajas las familias entrevistadas destacan la falta de acceso a herramientas útiles para poder llevar a cabo una correcta enseñanza a distancia (46%), la limitada capacidad para interactuar con otros compañeros (44%) y con los profesores (43%), así como la falta de apoyo que los profesores pueden brindar (36%).

La mayoría de los gobiernos a nivel mundial expertos consideran que el futuro pasa por las aulas híbridas o mixtas, en las que se combine la formación online con la presencial, según un informe reciente de la OCDE. Esta es la opción que elige también Izanami Martínez: “Hay una parte de desarrollo psicoemocional que tiene que ser sí o sí en persona. Los niños están forjando su identidad, su visión del mundo y de la realidad; necesitan crecer entre pares para desarrollarse, para entrenar…Es fundamental que esto lo hagan con iguales y no solo con adultos”, asegura la antropóloga. 

Priorizar la parte psicoemocional frente a la académica ayudará a mitigar el impacto de la pandemia en el desarrollo de los niños y adolescentes y a evitar la tan temida ‘generación perdida’ de la que ya se habla.

Iniciar sesión 0 Comentarios
cargando