El teletrabajo resucita el debate de la desconexión digital

Un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universitat Autònoma de Barcelona desvela que el registro horario en estas semanas de confinamiento es prácticamente inexistente, con lo que aumenta la posibilidad de que las jornadas laborales se alarguen

Ylenia, profesora de P3 en una escuela privada da clases en línea a sus alumnos usando una aplicación de videoconferencias.

Ylenia, profesora de P3 en una escuela privada da clases en línea a sus alumnos usando una aplicación de videoconferencias. // Enric Fontcuberta (EFE)

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Fran Leal

Fran Leal

La actual situación generada a raíz de la crisis sanitaria del coronavirus está motivando que algunos procesos relacionados con lo digital, que avanzaban tímidamente, hayan experimentado una aceleración sin igual en nuestro país. 

Un buen ejemplo de ello es el teletrabajo. Por motivos sanitarios, las empresas han tenido que recurrir a esta modalidad, que hasta hace poco, antes de la pandemia, continuaba siendo en la mayoría de los casos una apuesta de futuro. Y esta implantación masiva en las compañías parece ser que conllevará su asentamiento en la realidad laboral española postcoronavirus.

Una modalidad que suscita polémica

La necesidad de implantar el teletrabajo de manera repentina en muchas compañías explica que, apenas dos meses después, ya existan motivos para alzar la voz. Además, la cultura del trabajo presencialista como la española es otro elemento que puede estar influyendo negativamente en este nuevo escenario.

Al respecto, un equipo de investigadores de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) acaba de publicar los resultados de una encuesta online sobre cómo se está llevando a cabo el control del teletrabajo, a raíz de las medidas de confinamiento para hacer frente al COVID-19 en España. En primer lugar, destacan que “queda suficientemente probado que si no hay una mayor extensión del teletrabajo, no es por falta de recursos técnicos, habiéndose desarrollado una adaptación relativamente rápida del sector público y privado (aunque no exenta de problemas) a la nueva situación”. Así, el verdadero factor limitante a la extensión del teletrabajo reside en los problemas para controlar el desempeño de los trabajadores de forma remota, como demuestra que entre sus principales conclusiones se perciba una falta de mecanismos de control de registro horario frente al uso mayoritario de seguimiento de la productividad a través de la consecución de objetivos y la evaluación de resultados.

Alejandro Godino, uno de los miembros de la investigación de la UAB, nos explica que si al hecho de que solo el 6% reconoce que se está haciendo el registro horario, le sumamos que en el 46% de los casos la manera de llevar a cabo el control es a través de la medición de objetivos y resultados, “lo que tenemos es una bomba de relojería”, pues se abre la puerta de par en par a que las jornadas laborales se extiendan más allá de lo que debieran y, además, posibilitan “la pillería en las empresas”, inflando esos objetivos diarios con el fin de aumentar hasta el máximo posible la productividad y, obviamente, con el consiguiente impacto negativo en el trabajador.

La desconexión digital

Lo cierto es que el teletrabajo, a pesar de las numerosas ventajas que ofrece, no termina de convencer a todos. De hecho, según comentan desde la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), basándose en un análisis de NordVPN recogido en Forbes, con esta modalidad “trabajamos dos horas más que cuando íbamos a la oficina”. Por tanto, no es de extrañar que, como refleja la IV Encuesta Funcas sobre el coronavirus y destacan desde la UOC, “a tan solo 3,4 trabajadores de cada 10 les gustaría seguir teletrabajando”.

En el fondo de la cuestión lo que nos encontramos es la necesidad de que el derecho a la desconexión digital se cumpla. Y en este sentido, Godino incide en que no puede darse un trasvase de responsabilidades de la empresa al trabajador en lo que respecta al registro horario, “delegando en el teletrabajador un autocontrol del desempeño y la jornada”. Algo que también apuntan desde Lefebvre, que recuerda que “en todo caso, será el empresario quien deba responder ante la autoridad laboral cuando exista un incumplimiento”.

Por otra parte, desde Lefebvre recuerdan que el artículo 34.9 del Estatuto de los Trabajadores permite que el registro de jornada se trate en los convenios colectivos o en los acuerdos de empresa. Sin embargo, Godino señala que, aunque existan diferencias entre sectores de actividad, la mayoría de las compañías se rigen por el convenio colectivo: “Y si tenemos en cuenta que tan solo el 11% de los convenios colectivos contemplan el asunto de la desconexión digital, en este contexto, es aún más difícil asegurar este derecho”.

En resumidas cuentas, la implantación tan rápida y repentina del teletrabajo de forma masiva ha provocado unos desajustes que, como concluye Godino, “deben regularse”. Algo que es probable que veamos pronto, independientemente de la evolución de la crisis sanitaria y económica, porque todo apunta a que el teletrabajo ha venido para definitivamente quedarse.


 

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