Miércoles, 25 de noviembre del 2020

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La mala planificación financiera pasa factura a los jóvenes

No es cierto que los jóvenes no tengan en cuenta la salud de sus finanzas personales. Sin embargo, a muchos de ellos les genera ansiedad el dinero. ¿Por qué?

La mala planificación financiera pasa factura a los jóvenes

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AHORRO E INVERSIÓN

Fran Leal

Fran Leal

La relación que tenemos con el dinero es más importante de lo que podría parecer. De hecho, según un reciente estudio de Klarna, el 52% de los jóvenes españoles sufre ansiedad precisamente por el dinero.

Y es que, lejos del mantra que proclama la poca preocupación de nuestros jóvenes por sus finanzas personales, la citada investigación desvela que el 69% se considera financieramente responsable y que el 70% planifica sus gastos e intenta ahorrar con vistas al futuro. Ahora bien, también es cierto que un 36% se ha visto obligado a rebajar sus expectativas porque no se ajustan a lo que habían previsto. No obstante, como decíamos, más de dos tercios de los jóvenes españoles (un 67%) piensan que su generación es más responsable de lo que otros creen.

Planificar, clave para una vida plena

En cualquier caso, siempre es una buena ocasión para recordar lo conveniente que resulta tener una buena planificación financiera, porque “ser consciente de la situación financiera permite tener el control”, asegura el psicólogo Leopoldo Ceballos, que destaca que “numerosos estudios identifican la ausencia de control con trastornos como la depresión y la ansiedad”.

Algo que, a fin de cuentas, deja constancia de cómo, además de ser fundamental para la independencia, la gestión financiera “es necesaria para garantizar el bienestar psicológico”, en un momento en el que las recompensas inmediatas “están a la orden del día”. De ahí que gestionar para un futuro, “ahorrar y tener un proyecto que necesite planificación a largo plazo se convierta en una herramienta indispensable para la seguridad de uno mismo y la salud mental”, asevera.

Para Javier de la Nava, profesor de Economía de la Udima, deberíamos partir de una aclaración sobre qué entendemos por planificación financiera. En su opinión, teóricamente sería el proceso de elaboración de un plan financiero integral, organizado, detallado y personalizado, que garantice alcanzar los objetivos financieros determinados previamente, así como los plazos, costes y recursos necesarios para que sea posible. “Implicaría, por lo tanto, tener en cuenta todos los aspectos que pueden influir en las finanzas de una persona o empresa”, resalta.

De esta manera, si proyectamos estos elementos teóricos hacia el colectivo juvenil, como en cualquier otro, una buena planificación financiera es importante. Ahora bien, todo dependerá de la educación financiera que se posea, porque “no es algo intuitivo”. Además, partiendo de que se cuenta con el adecuado nivel de educación financiera, “las condiciones externas podrán limitar el hecho de llevar a cabo esa planificación”, como podrían ser las precarias condiciones de parte del mercado laboral y el bajo nivel de salarios, que hace que esta planificación resulte “muy difícil”, añade De la Nava.

Jugar con los plazos en el ahorro y la inversión

Sin embargo, los jóvenes deben ser conscientes de que, si toman las decisiones adecuadas, su posición es mucho más ventajosa que la de colectivos de mayor edad en términos de inversión. Como subraya Jesús Pérez, profesor del IEB, “los dos aliados del inversor son el plazo potenciado por la capitalización financiera compuesta y la diversificación de las inversiones”, y en este sentido los jóvenes juegan con el tiempo a favor.

“Por definición, los jóvenes cuentan con ambos factores”, defiende Pérez, y en especial el referido al plazo, “ya que cuanto antes comiencen a ahorrar, más capital conseguirán con menos esfuerzo, puesto que la capitalización compuesta de los intereses hará el resto”. Y en este sentido, el experto del IEB nos proporciona dos ejemplos para ilustrar su argumentación:

- Un joven de 25 años que comienza a aportar mensualmente 50 euros a un fondo de inversión tecnológico que tiene una rentabilidad histórica del 10% anual. A los 65 años, acumularía un capital de 316.203 euros, con una inversión de tan solo 24.000 euros, lo que muestra que el mercado financiero y el plazo le han reportado 292.203 euros.

- Una persona de 50 años que comienza a aportar mensualmente 500 euros a un fondo de inversión tecnológico que tiene la misma rentabilidad anual, sin embargo, acumularía a los 65 años un capital de 207.235 euros. En este caso, la inversión habría sido de 90.000 euros, que le habría reportado 117.235 euros.

Es decir, mientras que el inversor de más edad ha invertido casi cuatro veces más dinero, ha obtenido un 35% menos capital final que el inversor joven.

Algunas claves para una buena planificación

Según nos explica De la Nava, el proceso de planificación financiera debe comprender cuatro etapas o elementos. En primer lugar, “el establecimiento de los objetivos perseguidos y su prioridad”. A continuación, la “definición de los plazos para alcanzar dichos objetivos”. En tercer lugar, la elaboración de un presupuesto financiero satisfactorio, “donde se identifiquen las diferentes partidas necesarias para conseguir resultados, como la inversión en renta fija, variable, la selección de fondos, planes de pensiones, etc”. Y por último, y no menos importante, “medir y controlar las decisiones financieras tomadas para evitar desviarse del proceso que nos llevará al objetivo planteado”, señala.

En esta travesía, entre los principales escollos, el profesor de la Udima vuelve a incidir en la importancia que ostenta una correcta educación financiera, así como la necesidad de tener muy en cuenta las dificultades internas o externas que se puedan presentar. Y por su parte, Pérez afirma que debemos “tomar conciencia como ciudadanos de que el Estado no va a poder proveer de todos los servicios que disfrutamos actualmente”. Una afirmación que se sostiene, en su opinión, en indicadores que así lo marcan ya, como sería la inversión de la pirámide poblacional o el hecho de que la pensión media esté por encima del salario mínimo. De ahí que crea necesario “fomentar la profesión de planificador financiero, que permita articular planes de ahorro a largo plazo a los ciudadanos”.

Por último, Pérez nos aporta un consejo para nuestro día a día, que consiste en poner un motivo al ahorro que tenemos en el banco: para la jubilación, para la educación… Porque, de lo contrario, nos acabamos gastando el dinero “en temas muchas veces fútiles, abandonando lo importante”, concluye.

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