Este es el impacto que los bulos pueden tener en tu bolsillo

La viralización de contenidos deliberadamente falsos podría influir en nuestra toma de decisiones en el ámbito de la economía familiar con la llegada de la crisis económica. Para evitarlo, es fundamental saber seleccionar las fuentes y ser críticos

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Imagen de archivo. // Pixabay

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CRISIS ECONÓMICA E INFORMACIÓN

Fran Leal

Fran Leal

A la crispación que generan los bulos a nivel político en la ciudadanía, con la crisis del coronavirus hemos visto también el efecto que pueden tener en el ámbito de la salud. Estos meses, hemos podido ver múltiples ejemplos de supuestas informaciones que, con la intención de engañar, logran viralizarse y llegan a suponer un verdadero riesgo para nuestra salud si llegamos a otorgarles veracidad.

En esta línea, nos preguntamos: ¿pueden los bulos afectar a nuestras finanzas personales y a la gestión que hacemos de ellas? Y la respuesta parece evidente y cobra mayor relevancia a tenor de la crisis económica que se avecina.

La verosimilitud y la ideología, las claves

Según expone el equipo de psicólogos de iFeel, plataforma de terapia online muy popular en nuestro país, en resumidas cuentas, los bulos son informaciones falsas desde su origen, invenciones deliberadas divulgadas de forma premeditada, con un objetivo, pero que necesitan de algún elemento de verosimilitud que les aporte credibilidad. Y una vez conseguido esto, quedan abiertas las puertas de la viralización.

En este sentido, apuntan al componente ideológico como factor clave en la predisposición para creernos un bulo, pues “está plenamente aceptado que estamos predispuestos a aceptar como buenos aquellos contenidos que nos benefician, es decir, aquellos contenidos con los que previamente ya concordábamos”. Y es que, “en términos psicológicos nos refuerza, nos reafirma en nuestras convicciones y actúa como una pequeña descarga interna de satisfacción”, apuntan.

Otro de los factores que hacen que un bulo consiga la ansiada viralización, según este equipo de expertos, es que sea lanzado en el momento oportuno. Así, si bien en una situación calmada es más complicado que una información falsa sea creíble, en situaciones de emergencia o excepcionalidad, como la que estamos viviendo, somos más permeables a su influencia, debido a que estamos más tensos y, por tanto, más susceptibles.

La crisis económica, otra fuente de bulos

Con la llegada de la crisis económica, será determinante que apliquemos todos una correcta gestión de las finanzas personales y que nuestra toma de decisiones se apoye en información veraz. Porque sí, en este ámbito los bulos también pueden perjudicarnos, y mucho. En opinión de Rafael San Román, psicólogo de iFeel, pueden “llegar a tener consecuencias graves”. De manera concreta, y en términos económicos, habrá que estar alerta frente a la difusión de bulos en torno a la crisis, los problemas bancarios, la falta de liquidez, el sector inmobiliario o condiciones laborales, ya que “puede afectar a las decisiones que una familia pueda tomar respecto a sus finanzas”, puntualiza. Así, las falsas informaciones podrían afectar directamente, entre otros muchos aspectos, a la manera en que distribuimos nuestro dinero, al hecho de afrontar o no un gran gasto, así como a la forma en que “planteamos los gastos familiares cotidianos, como la compra, el gas, el agua o la luz”, asevera San Román. A la hora de difundir un bulo, el creador siempre va a buscar dar con la tecla que active la viralización. Para ello, se apoya, como asegura el psicólogo, en nuestros intereses, miedos, necesidades, creencias y gustos. De ahí que, “cuanto más importante sea la tecla y más hábil el dedo que la toca, mayor calado tendrá en nosotros un bulo concreto”.

Por su parte, Mariano Urraco, sociólogo y profesor de esta materia en Udima, reflexiona sobre la amenaza constante que experimentamos de caer en la infoxicación, algo que “puede convertirse en un factor más a la hora de tomar una decisión de consumo”. Según razona, en la actualidad, ya sea para comprar un coche, elegir entre una universidad u otra, o simplemente cuando reservamos en un restaurante, nos hemos habituado a consultar los comentarios de otros “supuestos consumidores”. Aunque, en el fondo, sospechamos “que esa información no siempre es veraz ni, desde luego, inocente o desinteresada”, asevera. Es cierto que estos podríamos “llegar a entenderlos como bulos de baja intensidad”, pero lo cierto es que están influenciando nuestra toma de decisiones.

Lo que subyace en todo esto, según relata Urraco, es que la confianza hacia los emisores tradicionales se ha quebrado (gobiernos e instituciones, medios de comunicación…), por lo que “los consumidores prefieren leer o escuchar comentario de otros consumidos, aunque muchas veces no sean sino voceros de determinadas compañías”. Y llegados a este punto, donde parece implantado entre las sociedades el mensaje de que “todos mienten”, corremos el riesgo de que las mentiras ganen verosimilitud. “A partir de ahí, se entra en una dinámica en la que dependerá de la honestidad del emisor de turno explotar o no los miedos de los sujetos”. Entre ellos, obviamente, encontramos los relacionados con la inseguridad personal o familiar, “bajo todas sus formas”, y también la económica. “Apelar a las emociones y a la responsabilidad que tenemos hacia nuestros hijos, por ejemplo, es un viejo mecanismo para manipular las decisiones de consumo de los individuos”, ejemplifica Urraco.

Hay remedio, y está en nosotros

Para San Román, las mejores herramientas para protegernos de los bulos radican en la búsqueda de buena información, para lo cual es vital la “capacidad de análisis y de crítica, es decir, actuar de manera racional y no dar crédito a cualquier pequeña pieza de información de las miles que nos llegan cada día”. Para ello, resulta determinante mantener la calma y “no actuar impulsivamente”, así como ser prudentes y, ojo a esto, “no abusar de los principales espacios de expansión de los bulos, básicamente WhatsApp y redes sociales”, concluye San Román.

En esa dirección apunta también Urraco, que considera imprescindible que los individuos alcancemos la formación adecuada de cara a gestionar tanta información y “ahorrar tiempo a la hora de discriminar la información valiosa de la que no lo es”. Y subraya nuevamente el tema de la confianza. En su opinión, es importante que en relación con las finanzas personales, como en cualquier otra esfera, “todos nos profesionalicemos un poco”, pero también lo es que volvamos a “reconocer y valorar a los auténticos profesionales”, para lo que es preciso que, a nivel social, “estos se hagan verdaderamente merecedores de la confianza del público”. En definitiva, como añade en relación con la gestión de nuestras finanzas, “yo puedo estudiar Economía, pero siempre sabré menos que un gestor; mientras no se aten de nuevo los lazos de la confianza, la sociedad está abocada a un ‘hágalo usted mismo’ que puede derivar en fracasos múltiples, porque una cosa es saber algo y otra bien distinta saber de algo”, concluye el sociólogo.

Así pues, con la previsión de una crisis económica que amenaza con golpear con fuerza, tendremos que estar todos con los ojos bien abiertos para que no nos ‘cuelen’ ningún bulo. Porque, si al empeoramiento de nuestras finanzas personales sumamos malas decisiones, auspiciadas por falsedades, la intensidad de la crisis podría ser aún más acusada.

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