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Viernes, 13 de diciembre del 2019

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Tarjetas revolving: ¿por qué es peligroso utilizarlas?

La tarjeta revolving es una tarjeta de crédito que te permite aplazar el pago de todas tus compras. Y ahí empieza el problema: en los intereses que cobra por hacerlo

Las tarjetas revolving te permiten la devolución del crédito de forma aplazada

Las tarjetas revolving te permiten la devolución del crédito de forma aplazada // Blake Wisz (Unsplash)

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Marta Gracia

Marta Gracia

La tarjeta revolving es una tarjeta de crédito que te permite aplazar el pago de todas tus compras. En lugar de pagar a mes vencido, como suele hacerse con las tarjetas corrientes, puedes pagar a plazos, aplicando intereses. Y aquí es donde está el problema. Los intereses de estas tarjetas son muy elevados, suelen estar en torno al 20%, pero ha habido casos que han superado este porcentaje. 

Según un informe reciente de la consultora Oliver Wyman, los intereses abusivos van a ser el próximo quebradero de cabeza de la banca tras las cláusulas suelo o los gastos hipotecarios, con entre seis y ocho millones de personas potencialmente afectadas que podrían reclamar en el juzgado.

El Banco de España explica que las tarjetas revolving te permiten la devolución del crédito de forma aplazada, mediante cuotas periódicas que varían en función de las cantidades dispuestas o mediante cuotas cuyo importe fijas tú, dentro de los límites fijados por tu entidad.

Así hay que tener en cuenta que con cada cuota que el usuario pague, el crédito disponible de la tarjeta se reconstituye, es decir, puede volver a disponer del importe del capital que amortizas en cada cuota. Se pueden financiar no sólo las compras sino también los intereses, las comisiones y otros gastos repercutibles.

Si el usuario elige una cuota mensual de bajo importe respecto al importe total de la deuda acumulada, “la amortización del principal se realizará en un plazo muy largo y la cifra de intereses se elevará”, advierte el Banco de España. Si además, la cuota no cubre la totalidad de los intereses devengados en el periodo, “estos incrementarían la deuda pendiente”, añaden desde el organismo.

De esta manera, explican que podría ocurrir que aún realizando el pago de las cuotas mensuales, no habiendo impagado ninguna y tras varios años pagando la deuda pendiente, esta no solo no disminuya sino que aumente. 

Javier López, director de Marketing y socio de Reclama Por Mí, explica que la diferencia principal entre una tarjeta de crédito normal y una revolving se resume en el pago aplazado. Una revolving te permite que si haces una compra de 1.000 euros hacerlo en cuotas de 100 euros y se van pagando poco. “El riesgo que tiene es que por este pago aplazado, los intereses empiezan a hacerse problemáticos, porque suelen ser mínimo por encima de un 20% TAE. Las entidades más habituales lo suelen tener en 22-24%”, apunta López.

“El problema que tienen estas tarjetas es que al aplazar los pagos se siguen debiendo dinero y se acumula y en el momento que acudes a pedir más dinero para otra cosa, las cuotas igual ni se recalculan y sigues pagando lo mismo, pero con un pendiente mayor y tardas más tiempo en entregarlo. Los clientes que tienen una tarjeta de revolving paga 2, 3, 4 veces más de lo que deben y en el caso de los microcréditos es más exagerado aún, porque allí los intereses son muy superiores.

“Se comercializa muy mal y de manera poco transparente”

Javier López asegura que el problema de estas tarjetas se deriva de que “se comercializaron de una manera incorrecta, poco transparente con unos intereses muy altos”. Así apunta que hubo una época en la que la banca no hizo las cosas bien, y alerta de que parece que se están empezando a vender. Las reclamaciones a las entidades se están multiplicando de forma exponencial, “solo nosotros llevamos más de 1.300 casos metidos judicialmente y tenemos sentencias favorables”.  

El director de Marketing y socio de Reclama Por Mí apunta que la gente pensaba que era como la tarjeta del supermercado “que la utilizas y te da puntos para rebajarte luego en productos”. López lamenta que muchas veces no hay ni firma de contrato, los TAE no aparece o si aparecen están muy pequeño. “Son muy poco claros, nadie te explica el funcionamiento de que se recalcula en cuotas. No sabes lo que pagas y luego es muy poco transparente a la hora de pedir el cuadro de amortización”, avisa.

Explica que se pidió mayor regularización y se habló de los tamaños de letras que tenían que ser un poco más grandes, se puso unos mínimos. “Pero si tienes que poner mínimos… en la transparencia no vale con un mínimo. La transparencia es buena fe que las cosas estén claras y aquí hay  mucho que el cliente no se entere, que no sepa muy bien lo que está pagando”, apunta López. Javier López se muestra tajante: “Nosotros, literalmente, desaconsejamos su uso”. Asegura que “favorecen el sobreendeudamiento, el mal endeudamiento y son muy opacas”.

En este articulo: Educación financiera Consumo

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