Las miserias de las aceleradoras e incubadoras de startups españolas

Promesas económicas incumplidas, funcionarios como mentores, 'demo days' sin inversores, pero con políticos o el querer aprovecharse de los proyectos para recibir subvenciones. Estas son algunas de las malas prácticas de las que se quejan los emprendedores

Imagen de archivo.

Imagen de archivo. // Pixabay

Startups

BURBUJA EMPRENDEDORA

Alberto Payo

Alberto Payo

Dos de los vehículos que más han proliferado en el mundo del emprendimiento en los últimos años han sido las incubadoras y aceleradoras, dos instrumentos impulsados por organismos privados -y también públicos- que tienen en común el tratar de ayudar a las empresas emergentes en distintas fases a crecer en poco tiempo y encontrar su modelo de negocio. O al menos, eso es lo que dice la teoría. 

Muchos emprendedores que están empezando con sus proyectos se ven atraídos por estos programas de aceleración por las promesas de obtener capital, contactos, mentorización, recursos tecnológicos y un mayor acercamiento a los inversores. Sin embargo, esos incentivos se quedan muchas veces en papel mojado. 

Esta es la realidad que ha querido mostrar Álex Dantart, emprendedor e inversor en más de 40 startups, en un debate online titulado El lado oculto de las aceleradoras. Para este evento emitido en directo en Linkedin el experto en emprendimiento ha contado con casi una decena de co-founders que han compartido sus testimonios, en su mayoría, sin dar a conocer su identidad. 

La primera crítica en la que han coincidido varios co-founders ha sido el desentendimiento de ciertas incubadoras y aceleradoras públicas, con cierto carácter municipal o local, tras el período de formación. “Estuvimos 8 meses en los que nos obligaban a hacer formación presencial y a firmar la asistencia. Al final había dos premios y ganamos uno de ellos. Al principio nos prometieron encontrar el modelo de negocio, contactos y hasta internacionalización. El programa decía de 2 años a 5 de acompañamiento. Al acabar el período y hacernos las fotos con los políticos de turno nunca más supimos de ellos”, ha contado una emprendedora con el sobrenombre de ‘Alguien’. 

Otra cofundadora de una startup ha explicado cómo su proyecto se acogió hace unos meses a una iniciativa local donde supuestamente te daban un espacio para trabajar, vivir y formación. “La formación era una pérdida de tiempo. El espacio para vivir nunca existió y ni siquiera estaban en trámites de obra. Al mes incluso llegaron a pedirnos las sillas que nos habían dejado diciendo que eran suyas”, señala esta emprendedora con el sobrenombre de ‘solosequenosenada’, que aún se encuentra en el supuesto proceso de incubación.  

Para Dantart hay un problema muy grande con algunas incubadoras de este tipo, ya que están creadas solo para cumplir con ciertas cuotas de innovación de los ayuntamientos o comunidades autónomas o justificar subvenciones. “Algunas te hacen promesas de que va a haber un demo day con muchos inversores y finalmente no hay ninguno. Están el funcionario 1, el funcionario 2, el director del edificio y el consejero del gobierno para hacerse la foto”, critica. 

Otro de los problemas que se ha puesto sobre la mesa en el caso de las aceleradoras públicas es que la formación o mentorización la impartan funcionarios, con poca o ninguna experiencia en gestión empresarial y menos en un ámbito tan específico como el de las startups. 

Las incubadoras o aceleradoras privadas tampoco se libran

Las promesas incumplidas o problemas en el caso de los vehículos privados suelen ser de otro tipo. Una de las quejas principales es que se intenten aprovechar al principio, tratando de llevarse un porcentaje de equity demasiado alto por no hacer nada o que redacten un pacto de socios con unas cláusulas abusivas. Además de incubadoras y aceleradoras, también ha salido a la palestra lo ocurrido con algunos venture builders. 

 ‘ElQuintoHéroe’, otro emprendedor anónimo ha relatado cómo le ofrecieron formar parte de uno estaba en Sevilla para desarrollar su proyecto y le mandaron un documento de pacto de socios muy “escueto”. “Intenté cambiar algunas cosas del pacto y me dijeron que o cogía lo que había o me quedaba sin nada. Al final acepté porque no tenía recursos para lanzarme en solitario. Durante los 2 primeros meses hubo contacto diario, pero cuando les dije de conocer al equipo que habían buscado me dieron largas. Al final no me contestaban ni a emails ni a llamadas. Desaparecieron. Pensé que podrían ser unos ‘robaproyectos’, pero investigando descubrí que era solo por hacerse un ‘escaparate bonito’”, ha comentado.

Un cofundador autodenominado ‘El luchador rebelde’, CEO de su startup, ha compartido cómo un conocido venture builder despidió a otros de los cofundadores sin consultarle antes ni comunicárselo. “Nos hicieron pasar uno por uno y en reuniones individuales de 45 minutos y vi que mis compañeros salían con caras largas. Luego entré yo y me dijeron que habían despedido a mi CPO y CTO y que lo iba a tener que hacer yo todo sin ningún tipo de ayuda”, se lamenta. “Después de estar dejándose la piel durante 6 meses al menos la gente merecía un poco de consideración”, concluye. 

A ‘Henry’ las cosas tampoco le fueron demasiado bien con una factoría de startups que opera en Madrid. “Allí no nos apoyaba nadie, solo nos sentábamos en nuestro puesto. En los 6 meses que duró el programa no nos presentaron a nadie y hubo un demo day sin valor. Nosotros bromeábamos y lo definíamos como un modelo de ‘WiFi for equity’, porque fue lo poco que obtuvimos de ellos”, sentencia. 

Dantart ha expuesto otras problemáticas que son típicas de estos vehículos, como el que haya mentores que han sido empresarios pero no relacionados con las startups, que pongan una cantidad irrisoria de dinero y marquen a los emprendedores un calendario imposible de cumplir, que obtengas la financiación por tus propios medios y que se lleven ellos la comisión o que te “intenten camelar con muchos recursos que al final nunca llegaste a poder usar”.

Iniciar sesión 0 Comentarios
cargando