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Lunes, 23 de septiembre del 2019

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Huertos urbanos: ¿nueva fuente de suministro para las ciudades?

En los últimos años el fenómeno de los huertos urbanos se ha multiplicado, pero este tipo de agricultura cuenta con sus adeptos y sus detractores

Ahorrar es uno de los atractivos que ofrecen los huertos urbanos.

Ahorrar es uno de los atractivos que ofrecen los huertos urbanos. // Ricard Fadrique

Sostenibles

NUEVAS FORMAS DE CONSUMO

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Nora Benito

Reutilización de materiales, espacios verdes, creación de grupos de consumo afines, educación ambiental, formación de redes vecinales, más arraigo local… Los huertos urbanos han aparecido en las ciudades y los terrenos destinados a este fin se han multiplicado, pero también hay voces contrarias a ellos… ¿Han llegado para quedarse?

La horticultura urbana se está convirtiendo poco a poco en una herramienta básica en la planificación urbana de muchas ciudades en el mundo. Además, suponen “una valiosa herramienta de formación y sensibilización. Con una adecuada planificación y gestión también pueden llegar a ser una fuente nada desdeñable de suministro de alimentos para las ciudades”, recalca la coordinadora de Amigos de la Tierra, Blanca Ruibal.

No en vano, su foco va más allá. “Dada la situación actual de la producción y distribución de alimentos son necesarios cambios muy profundos en el sistema alimentario; los huertos urbanos son tan solo una pequeña parte de la gran transformación necesaria. En un contexto de crisis ambiental y climática son imprescindibles medidas más ambiciosas en el sentido de relocalizar la producción, reducir el comercio internacional de alimentos y potenciar de forma clara modelos más locales de producción agroecológica que no dependan de los combustibles fósiles y sean capaces de generar empleo cuidando los recursos naturales”, apunta Ruibal.

Así lo realiza la iniciativa de la Red de huertos urbanos de Madrid, que nació en 2010 cuando decidieron trabajar en red los primeros ocho huertos que hasta ese momento funcionaban de forma aislada. En la actualidad agrupa a las entidades que promueven la horticultura urbana comunitaria y se basan en “la agroecología, la autogestión y lo comunitario”, tal y como indica Pablo Llobera, uno de los portavoces de la ReHd Mad! y miembro fundador de la Red de huertos urbanos de Madrid.

AHORRAR A TRAVÉS DE LOS HUERTOS URBANOS

Ahorrar es uno de los atractivos que ofrecen los huertos urbanos, pero no el único. “Tener acceso a un huerto para cultivar nuestros propios alimentos sin duda puede hacernos ahorrar dinero, ya que una dieta basada en los vegetales, con un menor consumo de carne, y prescindir de los productos procesados y alimentos precocinados puede abaratar nuestro ticket de la compra”, afirma la coordinadora de Amigos de la Tierra.

“Si obtenemos parte de los vegetales de nuestro propio huerto tanto mejor; con un manejo adecuado el consumo de agua es mínimo y si cultivamos bajo principios agroecológicos, es decir, minimizando el aporte de insumos externos, cultivar un huerto presenta muchas ventajas para los habitantes de las ciudades”, recalca Ruibal.

Por su parte, Pablo Llobera opina que se trata de lograr algo más ambicioso que un rendimiento económico como “practicar el consumo consciente y responsable y participar en un grupo de consumo agroecológico”.

LUCES Y SOMBRAS DE LOS HUERTOS URBANOS

A pesar de las muchas ventajas que los huertos urbanos aportan tanto a las personas como a las ciudades -bien sea beneficios sociales o bien sea económicos-, cada vez más están saltando voces que proclaman que consumir los productos extraídos de ellos puede llegar a ser perjudicial para la salud, alegando que muchos de los terrenos de cultivo no son seguros.

Los huertos urbanos son multifuncionales: mejoran la biodiversidad, al mismo tiempo que promueven la reutilización de los desechos urbanos e, incluso, conllevan múltiples implicaciones sociales. Aunque cuentan con numerosos beneficios, la controversia está servida. El informe Heavy metal accumulation in vegetables grown in urban gardens, publicado en 2015, realiza una comparación de la concentración de metales pesados ​​entre cultivos rurales y urbanos y hace hincapié en la proximidad a diferentes fuentes de contaminación en estos últimos, como carreteras y ferrocarriles.

El citado informe reconoce que hay cierto riesgo en que se acumulen contaminantes en el aire, suelo y agua e indica que el principal riesgo asociado a los suelos urbanos es la posible presencia de metales pesados derivados de la acción humana (como, por ejemplo, el tráfico).

En referencia a esto, el estudio distingue las diferencias que puede haber entre distintas áreas de una misma ciudad (por ejemplo, un huerto urbano situado cerca de una carretera en contraposición a uno emplazado en un patio o una azotea). Por todo ello, la Unión Europea ha fijado unos niveles máximos de plomo y cadmio permitidos en las verduras.

Ante esta circunstancia, Blanca Ruibal apela a la relación existente y estudiada entre alimentación, agricultura y salud. “Cada año mueren en España 90.000 personas por enfermedades relacionadas con la alimentación insana; el excesivo consumo de azúcar y grasas y, en consecuencia, la proliferación de la obesidad, diabetes, dolencias coronarias y otras enfermedades directamente relacionadas con la alimentación son un grave problema que se debe abordar de manera urgente. Asimismo, el uso de plaguicidas tiene impactos negativos en la salud y en la biodiversidad”, afirma.

En este contexto, “la ciudadanía ya está exigiendo medidas para que esté al alcance de todas las personas una dieta que no sea perjudicial para la salud en un sentido más amplio”, indica Ruibal, al tiempo que añade: “En general, la situación de los suelos en España en cuanto a cantidad de materia orgánica o contaminación por metales pesados no es la óptima para la producción de alimentos”.

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