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Sábado, 21 de septiembre del 2019

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¿A qué nos referimos cuando hablamos de pobreza energética?

La crisis golpeó con fuerza a la población y la pobreza energética, que se ha visto acrecentada en últimos años, se ha convertido en una de sus caras más amargas. La pobreza energética en España es un problema de carácter estructural

Hay personas que tienen que elegir entre comer adecuadamente o calentar su casa en invierno.

Hay personas que tienen que elegir entre comer adecuadamente o calentar su casa en invierno. // Pixabay

Sostenibles

RECURSOS ENERGÉTICOS

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Nora Benito

Pasar frío en invierno o comer adecuadamente, pagar las facturas de la luz o destinar el dinero a la cuota de alquiler. La pobreza energética tiene muchas definiciones, pero siempre hay un común denominador: la falta de acceso a recursos tan básicos como los energéticos. Su máximo exponente en nuestro país es la imposibilidad de mantener la vivienda en los meses de invierno a una temperatura adecuada, que según la Organización Mundial de la Salud debe oscilar entre los 18º y los 22º.

En palabras del responsable técnico del programa “Ni Un Hogar Sin Energía” de ECODES (Fundación Ecología y Desarrollo), Carlos Pesqué, la pobreza energética se podría definir “como la situación que sufren los hogares que son incapaces de pagar los servicios mínimos de energía que satisfagan sus necesidades domésticas básicas o que se ven obligados a destinar una parte excesiva de sus ingresos a pagar las facturas energéticas de sus viviendas”.

Según el estudio “La pobreza energética en España 2018” de la Asociación de Ciencias Ambientales (ACA), un total de 4,6 millones de personas no podían calentar de forma adecuada su vivienda en 2016. Tal y como desprenden sus datos, las Comunidades Autónomas que más sufren la pobreza energética son, contrariamente a lo que se podría pensar por factores climáticos, Castilla-La Mancha, Andalucía, Murcia y Comunidad Valenciana.

En palabras de José Luis López, director de la Asociación de Ciencias Ambientales, "la pobreza energética tiene muchas consecuencias, entre ellas, una de las más destacadas es el impacto en la salud: ingresos hospitalarios, bajas médicas e incluso fallecimientos prematuros, aunque no existen protocolos claros que nos permitan saber si alguien ha enfermado por las malas condiciones en el interior de su vivienda". Según arrojan los datos del informe anterior de ACA (2016), cada año se producen alrededor de 7100 muertes prematuras por esta causa, más que por accidentes de tráfico.

El impacto de la crisis

El número de personas en situación de pobreza energética ha aumentado en los últimos años. "Hay un indicador que nos permite observar que antes del inicio de la crisis, en 2018, había un 4 por ciento de hogares con retrasos en el pago de los recibos. En el último año que lo medimos, 2016, se situaba en torno al 8 por ciento. El máximo se llegó a alcanzar en 2014 con un 9 por ciento. También es verdad que los precios se han elevado de forma notable en los últimos años", apunta José Luis López. 

Daniel Rodríguez, del Equipo de Estudios de Cáritas Española y FOESSA, también lo confirma: "En el momento álgido de la crisis eran más de 7000 familias las que no pudiendo asumir ese gasto se acercaron a Cáritas solicitando ayuda para hacer frente al pago de las facturas energéticas. En ese sentido, las ayudas que dedicamos a cubrir este tipo de circunstancia durante la crisis se multiplicó por 3 con respecto al periodo previo a la crisis". Rodríguez afirma que del total de las ayudas que Cáritas dedica a este asunto, "el 70% obedecen a pagos de la factura eléctrica".

Tal y como apunta Pesqué, hay varias causas que han provocado el aumento del número de personas que sufren pobreza energética en nuestro país, como son “el incremento del precio de la energía, la falta de concienciación y desconocimiento del uso eficiente de ella, un parque residencial que fue construido sin seguir ningún tipo de criterio de eficiencia energética o la disminución de los recursos económicos de gran porcentaje de la población”.

Este último factor hace que los recursos con lo que cuentan estas personas en situación vulnerable los destinen a “otras necesidades prioritarias como son el pago de la vivienda o los alimentos, por delante de la calefacción, el agua caliente o la iluminación”, indica Pesqué.

El programa de ECODES "Ni un Hogar Sin Energía" se inició en 2013, y bajo él realizan proyectos con hogares vulnerables, ofreciendo información para que reduzcan sus facturas energéticas y aprendan hábitos de consumo responsable. Con esta iniciativa, esta fundación ha logrado que las familias con las que trabaja consigan un ahorro medio en sus facturas del 30 por ciento.

BONO SOCIAL ELÉCTRICO Y BONO SOCIAL TÉRMICO

El bono social eléctrico es un reglamento que se aprobó en octubre de 2017 en el Congreso de los Diputados y sustituía al de 2009. En concreto, supone un descuento -del 25 por ciento para hogares vulnerables y 40 por ciento en hogares en situación vulnerable severa- en la factura eléctrica para algunas viviendas que cumplan una serie de requisitos específicos.

Asimismo, el Consejo de Ministros aprobó el pasado mes de octubre un decreto ley que introduce cambios en dicho bono: se creará un nuevo bono social térmico que se sumará al anterior -cuyo importe será costeado por los Presupuestos Generales del Estado-, por lo que quienes podían disponer del bono social tendrán derecho a este nuevo. Entre sus funciones, prohíbe cortar la electricidad en hogares con una persona con una discapacidad del 33 por ciento o en los que habite un menor de 16 años.  

EL ACCESO A LA ENERGÍA COMO DERECHO

"Combatir la pobreza de forma generalizada es necesario desde una doble perspectiva. En primer lugar porque es una evidente vulneración de derechos y no podemos ser ajenos al sufrimiento de cada uno de los hogares que la sufren  y en segundo lugar porque una sociedad sin cohesión y con grandes diferencias entre sus integrantes es una sociedad frágil y en riesgo", afirma Daniel Rodríguez. 

De hecho, así lo establecen los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) marcados por la ONU. El ODS 7 tiene por objetivo “garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todos”. A pesar de esto, el 13 por ciento de la población mundial sigue sin tener servicios de electricidad. No poder contar con suministro eléctrico constituye una arista más de la pobreza; el acceso a la energía se alza como un derecho más: es fundamental y necesaria para llevar una vida digna.

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