Antonio Espinosa de los Monteros (AUARA)

Antonio Espinosa de los Monteros

La falta de agua potable es la mayor de las pobrezas

Cuando uno vive en un país desarrollado como el nuestro, nunca piensa que va a padecer la pobreza en sus propias carnes; parece que la pobreza es algo lejano, que afecta a personas que viven a miles de kilómetros de aquí. Sin embargo, con la crisis del COVID-19, familias que jamás lo hubieran imaginado están viviendo situaciones de precariedad, esperando largas colas para recibir comida en comedores y bancos de alimentos, que están sufriendo un brutal incremento de la demanda.

Según la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social, el 20,7% de la población española vivía en riesgo de pobreza severa en 2019. Da miedo pensar en el dato que nos ofrecerán cuando analicen la situación actual. Y a pesar de todo, nunca podremos compararnos con otros países de África, Asia o América del Sur, donde millones de personas viven en situación límite, sin alimentos, agua potable o saneamiento.

Hoy, en el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, queremos recordar que alrededor de 736 millones de personas en todo el mundo, el 10% de la población total, viven con menos de 1,60 euros al día, lo que el Banco Mundial considera como pobreza extrema. Acabar con ella es el primero de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que Naciones Unidas aprobó en 2015, con el compromiso de cumplirlo e impulsar la prosperidad de todos los países antes de 2030. Queda tan solo una década para esa fecha, y mucho por hacer para que se convierta en realidad. 

 La escasez de agua potable y saneamiento es la principal causa de enfermedades en el mundo, que alcanza una mortalidad aún más elevada entre los niños

Mientras, se calcula que unas 24.000 personas mueren cada día por causas relacionadas con el hambre. Por otro lado, la escasez de agua potable y saneamiento es la principal causa de enfermedades en el mundo, que alcanza una mortalidad aún más elevada entre los niños. Según Unicef, diariamente mueren cerca de 1.000 niños debido a enfermedades diarreicas asociadas con agua contaminada, saneamiento deficiente o malas prácticas de higiene.

La falta de agua potable es, en nuestra opinión, la mayor de las pobrezas, pues condiciona enormemente la vida de las comunidades. Y no solo por la mortalidad asociada (se calcula que 842.000 personas mueren al año en el mundo por enfermedades derivadas del consumo de agua contaminada). Sin agua no hay cultivos ni ganadería, y esto provoca hambre. Además, mujeres y niñas dedican varias horas al día a caminar con pesados bidones hasta ríos o charcas para recoger agua de dudosa calidad con la que abastecer a su familia (Unicef calcula que solo en África se dedican unos 40.000 millones de horas cada año a este fin), lo que les impide ir al colegio o dedicarse a otras actividades productivas, creando desigualdades de género endémicas en estas comunidades.

Sin agua no hay cultivos ni ganadería, y esto provoca hambre

Por ello, promover el desarrollo de infraestructuras que proporcionen acceso a agua potable y saneamiento a las poblaciones más vulnerables es una manera de contribuir a erradicar la pobreza en el mundo, y es otro de los 17 ODS de la ONU: concretamente el número 6. Son muchas las organizaciones a nivel internacional que trabajan para tratar de garantizar este derecho universal antes de 2030. 

Una de ellas es Alboan, una ONG española comprometida con la transformación de las estructuras generadoras de pobreza a nivel local y global, que trata de promover un desarrollo económico-productivo sostenible y equitativo en los territorios más desfavorecidos. Uno de los países en los que actúa es la República del Chad, el cuarto país más pobre del mundo según el Índice de Desarrollo Humano (IDH), que elabora Naciones Unidas para medir el progreso de los países. El 80% de su población vive por debajo del umbral de pobreza nacional, y más del 70% habita en zonas rurales, dedicada a la agricultura y la ganadería de subsistencia.

A través de los proyectos en los que participamos conjuntamente, podemos constatar cómo cambia la vida de las comunidades el hecho de disponer de agua potable. Por ejemplo, gracias a la construcción de seis pozos con bombas manuales en dos municipalidades de la provincia de Mayo Kebbi, al suroeste del Chad, se ha garantizado el acceso a este recurso a más de 5.000 personas, tanto para el consumo humano como para higiene y saneamiento. 

Incluso en medio de la dificultad que nos asola, debemos sentirnos afortunados en un mundo en el que la pobreza extrema es una realidad mayoritaria en tantos países

Estos pozos, en cinco años habrán ahorrado más de 1,5 millones de horas empleadas en ir en busca de agua, y el retorno social de la inversión realizada (SROI), es decir, el valor del impacto social obtenido gracias a este proyecto, será superior a los 390.000 euros, que es el beneficio económico que estas comunidades habrán conseguido por el simple y a la vez valioso hecho de tener agua potable y accesible.

Incluso en medio de la dificultad que nos asola, debemos sentirnos afortunados en un mundo en el que la pobreza extrema es una realidad mayoritaria en tantos países y afecta a tantos millones de personas.

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