Jorge Alarcón (Northgate)

Northgate

Esta es la contribución del renting a la movilidad con la COVID

La COVID-19 ha cambiado nuestras vidas personales y profesionales y ha dibujado una nueva realidad en las calles, ahora inundadas de mascarillas, protocolos de desinfección, distanciamiento social, limitaciones de aforos y un predominio del uso del transporte privado frente al transporte público. 

Sin embargo, la movilidad ya estaba viviendo su propia transformación previa al estallido de la crisis sanitaria, basada fundamentalmente en dos aspectos. En primer lugar, nos encontramos ante un cambio generalizado en los hábitos de consumo, con una cada vez mayor apuesta por el arrendamiento de servicios frente a la adquisición de productos. Esta tendencia se ha visto reflejada fielmente en las matriculaciones de renting, que en enero de 2020 crecieron un 4,04% respecto al mismo periodo del año anterior, y en el peso del renting en el total de las ventas de coches en España, que se sitúa en el 20,96%. El segundo aspecto de la transformación de la movilidad es la necesidad de una transición hacia un modelo más verde y respetuoso con el planeta, reduciendo el impacto ambiental de este sector de la automoción.

La nueva normalidad más que frenar ha puesto de relieve la importancia de estos dos aspectos clave. La crisis económica derivada de la hibernación por la emergencia sanitaria ha provocado que muchas empresas y particulares no estén en disposición de adquirir un vehículo con todos los costes fijos asociados que esta compra supone, consolidando la tendencia del arrendamiento y sus ventajas. Además, a este ciclo bajista se suma la época de incertidumbre económica, social y sanitaria que atravesamos, con una alta inseguridad sobre posibles restricciones de circulación y movilidad en caso de rebrotes.

 El aumento del uso del transporte privado, la llegada de un ciclo económico bajista y la incertidumbre hacen que el renting, sobre todo el flexible, sea un buen remedio

Sin embargo, el miedo al contagio va a extender el uso del vehículo privado porque esta alternativa reduce el contacto en concentraciones de personas en lugares como el metro o el autobús. Así, según datos oficiales de Metro de Madrid, el pasado 17 de junio a las 18:00, hora punta por la salida de los trabajos, había un 63% menos de pasajeros respecto al mismo miércoles de 2019 y un 8% más respecto a una semana antes. En el caso del metro de Barcelona, durante la última semana de mayo, sus vagones viajaban al 20% del volumen habitual antes del confinamiento. 

De este modo, estamos ante una combinación de tres realidades, el aumento del uso del transporte privado, la llegada de un ciclo económico bajista y la incertidumbre, que hacen del renting, y en concreto del renting flexible sea un buen remedio en la nueva movilidad especialmente para pymes y autónomos. 

El renting flexible supone menos riesgos y una gran ventaja competitiva sobre la compra, ya que no es necesario realizar una gran inversión inicial y el usuario sabe con certeza la cuota mensual que va a pagar cada mes. Además, al ser un contrato flexible y sin permanencia, permite a empresas y profesionales modificar o cancelar el acuerdo si su situación económica empeora o cambia con el paso del tiempo, configurando así su flota en función únicamente de sus necesidades de negocio y de la demanda que tengan. Además, mediante el sistema de renting flexible los empresarios se pueden seguir beneficiando de las ventajas del renting tradicional, asumiendo menos costes en su transporte (ITV, mantenimiento…) y pudiéndose deducir el IVA hasta el 100% en su declaración de la renta, pero añadiendo un extra en materia de flexibilidad, una cualidad cada vez más demandada en los contratos por las empresas.

Las múltiples posibilidades que contempla el renting flexible eran también, antes de la pandemia, un estímulo para impulsar la renovación de la flota de vehículos en circulación y dotar de mayor tecnología al parque de automóviles de nuestro país, con el consiguiente aumento de la seguridad y del compromiso ecológico.

En definitiva, hemos entrado en la era de la nueva movilidad donde no solo hay una tendencia al ahorro de costes, sino que entran en juego nuevas fórmulas en las que la flexibilidad, la innovación y la tecnología van a formar parte de transporte, ya que nos van a permitir dar respuesta al reclamo social de adaptar el producto a cada tipo de usuario y a sus necesidades concretas.

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