Alberto Díez de Celis (RibéSalat)

RibéSalat

Retribución flexible: un elemento clave para el empleo del futuro

La crisis económica derivada por el brote de COVID-19 ha impactado gravemente en nuestro tejido empresarial y, en consecuencia, el mercado laboral lleva meses reflejando unos efectos devastadores. Según los últimos datos del Ministerio de Trabajo y Economía Social, la Seguridad Social ha perdido 760.082 afiliados desde mediados de marzo hasta finales de mayo. Esto se debe, básicamente, a que muchas empresas, en especial las pymes, han tenido que paralizar su actividad por la declaración del estado de alarma.

Tras más tres meses en estado de alarma, la actual etapa de nueva normalidad parece mostrar luz al final del túnel. En este nuevo escenario, las empresas deberán reinventarse y ofrecer al empleado nuevas opciones que complementen su salario, además de impulsar diferentes medidas para atraer y retener talento. Entre este tipo de medidas que las empresas podrían incorporar, destaca el papel clave que van a jugar los programas de retribución flexible, unas iniciativas que, si bien hasta el momento han ido ganando peso en las compañías, en los momentos actuales se configuran como un aspecto relevante a poner sobre la mesa en una negociación laboral.

La principal ventaja de este tipo de retribución en especie es que cuenta con un tratamiento fiscal favorable, gracias al cual el trabajador puede incluir en su nómina los servicios que necesita con la finalidad de disminuir el coste final. Su flexibilidad permite que el empleado pueda destinar una parte de su salario bruto a la compra de productos exentos de impuestos, como son la guardería, vales restaurante, seguro médico o ticket de transporte, formación entre otros.

La principal ventaja de este tipo de retribución en especie es que cuenta con un tratamiento fiscal favorable, gracias al cual el trabajador puede incluir en su nómina los servicios que necesita con la finalidad de disminuir el coste final

Esto se traduce en que la empresa, una vez instaurados en la llamada “nueva normalidad”, podrá ofrecer la posibilidad de incrementar el salario neto de la plantilla sin aumentar sus costes, lo que se convierte en un valioso activo a la hora de negociar, sobre todo para aquellas organizaciones que, en una situación tan difícil como la actual, no disponen de la capacidad suficiente para mejorar la retribución de sus empleados.

La imagen externa y la reputación de la compañía también se ven beneficiados con la aplicación de un programa de retribución flexible porque consolida a la marca como referente en el ámbito, no solo frente a las compañías de la competencia, sino hacia sus propios empleados. En este sentido, la motivación de los trabajadores puede aumentar al percibir que la compañía atiende a sus demandas, hecho que repercute directamente en su productividad y compromiso con la organización.  

Para el empleado la retribución en especie puede significar un aumento de su capacidad de decisión sobre la composición de su salario, ya que se adecua a sus necesidades, consiguiendo incentivos fiscales asociados

Desde el punto de vista del empleado, que también está sufriendo las consecuencias de esta crisis sanitaria, la retribución en especie puede significar un aumento de su capacidad de decisión sobre la composición de su salario, ya que se adecua a sus necesidades, consiguiendo incentivos fiscales asociados que hacen aumentar el poder adquisitivo. Una medida que, además, se traduce en mayor flexibilidad y comodidad para el trabajador, puesto que la retribución en especie puede adaptarse a las circunstancias personales de cada momento.

Sin duda, es de vital importancia estar satisfecho con las condiciones económicas pero la mejora de la calidad de vida aportada por elementos como el programa de retribución flexible, constituye la mejor manera de equilibrar la balanza y adaptar el empleo a las necesidades de la sociedad actual.  

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