Sara Busquets (Investing.com España)

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Inditex sí defiende su primavera pese al coronavirus

Este año, la primavera me ha cogido en chándal. Pero que no se malinterprete esta información: llevo la higiene muy a raya y no he descuidado mi alimentación, con la nevera llena todas las semanas. El tema de la moda, sin embargo, es otro cantar. Reconozco que me encanta, pero no saber cuándo podré volver a salir y sociabilizar como es debido ha dado al traste con mis planes de adquirir el modelito de rigor de la nueva temporada. 

Lejos quedan ya los dos primeros meses del año, cuando antes de que empezara esta pesadilla, el sector textil español cosechaba, con un crecimiento del 5,9%, su mejor resultado de los últimos cuatro años, según datos del estudio Barómetro 2020 de Kantar. Pero llegó el estado de alarma, y la COVID-19 se llevó por delante las ganas y la facilidad de comprar como lo hemos hecho toda la vida (aunque siempre nos quedará el online, que conste). Un duro golpe que reducirá este año un 20% las ventas en todo el mundo, según Brand Finance, o, lo que es lo mismo, que se traducirá en unas pérdidas para las marcas de en torno al billón de euros. 

Aquí en España merece la pena estudiar el caso de Inditex, el buque insignia de nuestra moda, con 1.580 establecimientos en nuestro país y otros miles repartidos por el mundo, con 633, en particular, en China, el origen de la epidemia (y que representan el 8% de sus ventas globales). El grupo tuvo que cerrar 3.758 tiendas en 39 mercados distintos siguiendo las recomendaciones de las autoridades sanitarias, con el consiguiente impacto en ventas. Estas se redujeron un 5% entre el 1 de febrero y el 16 de marzo, tanto físicas como online, y un 24,1% en la primera mitad de marzo. Una situación que llevó a provisionar 287 millones, y a retrasar el reparto de sus dividendos. No en vano, celebraba con alegría las reaperturas económicas y la posibilidad de recuperar el negocio perdido, siguiendo siempre con los protocolos de rigor. Llegó el mayo de la desescalada y, con él, un balón de oxígeno para la compañía de Amancio Ortega que, pese a la tormenta, capea bien el temporal y se mantiene confiada en su modelo de negocio y en su ventaja competitiva a largo plazo. 

La diversificación geográfica de Inditex, sus sólidos flujos de caja, su bajo endeudamiento, el control de costes y las ventas online validarían las esperanzas que el grupo manifestó en su última presentación de resultados

Los analistas, desde luego, ven con buenos ojos el negocio. Su diversificación geográfica, sus sólidos flujos de caja, su bajo endeudamiento, el control de costes y las ventas online, que el pasado año fueron casi el 20% de su total, a lo que ha sumado ya rebajas importantes, validarían las esperanzas que el grupo manifestó en su última presentación de resultados. De hecho, ya lo ha empezado a demostrar, con una salida diaria media de 50.000 paquetes online, el mismo nivel que la compañía suele tener en una temporada de rebajas habitual, según prensa. 

Por el camino, además, siempre un ejemplo a seguir: decidió mantener todos los puestos de trabajo pese a las estrecheces económicas, anunció que habría complementos de retribución en caso necesario, y puso a disposición del Gobierno toda su capacidad logística, de aprovisionamiento y de gestión comercial para colaborar en la crisis sanitaria. No soy accionista de Inditex, pero creo que siempre han dado muestra de saber hacer. Ahí radica, al fin y al cabo, parte de su fama y de la de Amancio. 

Y aunque es importante no perder la perspectiva sobre el sector de la moda en nuestro país, que, según Rosa Pilar López, experta en consumo textil de Kantar, “aumentaba un 3,8% en 2019 tras varios años de caídas” -lo que exculpa, en buena medida, el impacto de este virus-, yo sí creo que Inditex, con permiso de El Corte Inglés, otro de los grandes del comercio, sí defiende su primavera.

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