Claudina Caramuti (CANVAS)

Claudina Caramuti

¿Qué quedará de todo lo demostrado por las empresas durante la pandemia?

La situación de emergencia que vive la sociedad frente a pandemia requiere, más que nunca, una mirada puesta en la ética y los valores. El contexto actual necesita nuevas respuestas y se espera que las empresas, como actores sociales de impacto, asuman una posición cada vez más activa en la esfera pública.

Si tomamos una foto del comportamiento del sector privado en España desde que se desató la crisis, vemos que la implicación ha sido significativa. Una parte relevante de las empresas han percibido la urgencia de responder a los problemas sociales por encima del impacto inmediato en su cuenta de resultados, generando soluciones solidarias y colaborativas para paliar los efectos negativos del coronavirus. 

Así se refleja en el estudio Ética empresarial y Agenda 2030 en tiempos de COVID-19, elaborado por CANVAS Estrategias Sostenibles en colaboración con la socióloga y politóloga Cristina Monge, en el que se han identificado más de 650 iniciativas de grandes empresas vinculadas a la COVID-19 durante el primer mes del estado de alarma. Un 41% de las iniciativas empresariales se enfocaron en la sociedad, manifestando la capacidad de acción cuando existe la decisión y convencimiento. 

Un 41% de las iniciativas empresariales lanzadas en el primer mes de estado de alarma se enfocaron en la sociedad, manifestando la capacidad de acción cuando existe la decisión y convencimiento

Esta implicación empresarial responde a una tendencia social creciente a conceder mayor importancia al comportamiento ético de las empresas desde diferentes ámbitos, en línea con la corriente de capitalismo inclusivo, de realineamiento de la economía, las empresas y la sociedad en el marco de la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Los analistas consultados en el estudio coinciden en que se ha intensificado en este tiempo la conciencia de la empresa como institución que forma parte de la sociedad, al margen de la cual carece de sentido. Este es uno de los aspectos clave del posicionamiento ético de la empresa. De forma coherente con lo anterior, se intensifica también la interrelación entre la empresa y su entorno. 

Esa capacidad de respuesta empresarial ante la crisis demuestra que han entendido su interdependencia con la sociedad. Pero el gran reto viene después del coronavirus, cuando se pondrá a prueba el compromiso mostrado por el ecosistema empresarial durante la pandemia. Las empresas deberán demostrar que la respuesta ética y solidaria no ha sido puntual, sino que forma parte de un nuevo compromiso con la sociedad. 

Las empresas deberán demostrar que la respuesta ética y solidaria no ha sido puntual, sino que forma parte de un nuevo compromiso con la sociedad

Para ello, las empresas tendrán que desplegar valores, actitudes, acciones y políticas que les permitan volver a conciliar el progreso con la seguridad, es decir, con la sostenibilidad de su actividad. Un todo coherente que demuestre que tienen un propósito de impacto positivo.

Si miramos hacia el futuro, persiste la incertidumbre y la desconfianza en el alcance de estos cambios. Aquellas empresas que sepan responder de forma responsable a las expectativas y necesidades de la sociedad y consolidar los valores emergentes en estos momentos generarán una mayor confianza, tan necesaria en el nuevo escenario post COVID-19.  

Las personas que lideran las organizaciones tienen un rol clave, con la oportunidad de probar que están dispuestas a contribuir con otro modelo empresarial. La ejemplaridad pública que se reclama a los representantes también es exigible, según apuntan distintos expertos, a las organizaciones y grandes corporaciones privadas. Si había líderes que no pensaban sobre estos temas antes, ahora deben hacerlo, y ven quizás por primera vez la relación directa entre estos temas y sus resultados financieros.

La ejemplaridad pública que se reclama a los representantes también es exigible a las organizaciones y grandes corporaciones privadas

Frente a la crisis de la COVID-19 es necesario revisar y recuperar los fundamentos éticos que nos sustentan y nos unen. Actualizar los valores es clave para una regeneración social con propósito, que puede ser impulsada por el movimiento coordinado de una ética empresarial vigorosa y creíble.

Reconstruir económica y socialmente nuestra sociedad va a requerir nuevas fórmulas, teniendo en cuenta las experiencias tanto positivas como negativas ya vividas. Esta nueva etapa necesita de la colaboración y la cooperación de todos. En ese sentido, se espera que se acelere el alineamiento de los actores sociales, fundamentalmente gobiernos y empresas, incentivando comportamientos consistentes vinculados a los ODS. Esto es especialmente relevante en un contexto de recuperación, para poder construir un entorno más inclusivo, más digital, más social y más verde. 

 Esta nueva etapa necesita de la colaboración y la cooperación de todos

De ello se derivarán medidas concretas que impacten de forma positiva en la sostenibilidad, como la aceleración de la digitalización de aquellas actividades más rutinarias –para evitar desplazamientos innecesarios, reducir riesgos e impacto ambiental–, conocer y atender de forma más personalizada al cliente de forma presencial y online o mejorar la transparencia y la seguridad en todos los niveles.

El resultado no solo permitirá contar con empresas más resilientes, mejor preparadas y capaces de reponerse con mayor agilidad ante futuras crisis, sino que también propiciará una sociedad más inclusiva, con el valor puesto en las personas y en la sostenibilidad del planeta.

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