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Viernes, 13 de diciembre del 2019

Economyz

Sebastián Molinero (Andimac)

Sebastian Molinero

Los jóvenes no quieren ser albañiles, pero ¿y asesores técnicos en reformas?

*Sebastián Molinero es secretario general de Andimac

Subirse a un andamio para enfoscar ladrillos, a priori, no es un trabajo de ensueño. Sobre todo para los jóvenes, tan tecnológicos y digitalizados. Sin embargo, la construcción, años atrás endiablada, vuelve a registrar ritmos de creación de empleo próximos a los del año 2000, siendo el sector que más puestos de trabajo generó durante 2018. Y aunque la tasa de paro juvenil aún supera el 30%, muchas vacantes continúan sin cubrir, porque la actividad constructora no les resulta atractiva, como demuestra el hecho de que sólo un 16% de sus trabajadores tenga menos de 35 años. 

También lo demuestra que la hostelería lo haya reemplazado como el gran empleador de adolescentes sin estudios, después de que se haya sabido que el número de jóvenes que deja las aulas para trabajar se ha duplicado.

Pues bien, cuando en una sociedad la edad media de la población supera los 43 años, los sectores económicos necesariamente van a envejecer y a verse obligados a implementar modelos de incorporación laboral capaces de responder a un nuevo perfil profesional que no sólo busca trabajo, sino realización, un factor intangible asociado a un mayor nivel formativo que, fundamentalmente, genera unas expectativas vitales, y por supuesto laborales, diferentes.

Y en este escenario se han puesto manos a la obra los asesores técnicos en reforma, es decir, nuevos profesionales llamados a mejorar la cualificación del sector y a abrir puertas al mercado laboral tanto a muchos jóvenes que no encuentran empleo como a un buen número de personas que perdieron su puesto de trabajo tras el estallido de la burbuja inmobiliaria.

Estas personas, además de prestigiar un sector sobre el que pesa un descrédito que aún perdura, coordinarán las obras desde la imparcialidad y auditarán a posteriori que estén bien realizadas. Serán, casi con total seguridad, quienes protagonizarán el futuro de la construcción, siempre y cuando el sector quiera evitar los errores del pasado. Y servirán para crear más, y mejor, empleo; ahora que algunos de los vientos de cola que propiciaron el despegue podrían volverse en contra.

Tanto la profesionalización como el rejuvenecimiento de la mano de obra constituyen los grandes retos del sector, según el informe del Observatorio Industrial-. Y la figura del asesor técnico contribuirá a lograrlos. En este sentido, ya se han formado los primeros 300 profesionales para evitar las chapuzas y malas praxis que tanto daño han hecho y tanta credibilidad han restado a las empresas de reformas.

Los asesores técnicos estarán capacitados para realizar chequeos sobre el estado de una vivienda y ofrecer al cliente incluso en el punto de venta, de manera desinteresada, recomendaciones para ejecutar reformas orientadas a incrementar el rendimiento del inmueble en términos de valor patrimonial y calidad de vida. 

Al mismo tiempo, coincidiendo con el cada vez mayor interés de tantos jóvenes en vivir experiencias fuera de España, el hecho de que estos profesionales estén respaldados y avalados por un sello como el de TÜV-Rheinland -bajo la ISO 17024 con reconocimiento internacional- abrirá las puertas a los asesores técnicos para trabajar en aquellos países donde haya una intensa actividad constructora y de reforma, ya que los alumnos de este programa formativo aprenden unas competencias que actualmente se encuentran sin regular.

En definitiva, los jóvenes no quieren ser albañiles, pero quizás les interese dedicarse a la asesoría técnica en reformas. ¿Oportunidades? Haberlas, haylas.






 

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