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Jueves, 18 de abril del 2019

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El 'bestiario' de las startups: animales fantásticos del emprendimiento y dónde encontrarlos

Si sueles leer sobre startups, quizás estés familiarizado con el término unicornio. Pero ¿sabes lo que es un dragón, un centauro o una cebra? Analizamos la terminología mitológica y zoológica del ecosistema emprendedor

El 'bestiario' de las startups: animales fantásticos del emprendimiento y dónde encontrarlos

Inés Pimentel (Unsplash)

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Alberto Payo

Alberto Payo

Un unicornio es una criatura mitológica que se representa como un caballo blanco con un cuerno en la frente. Pero en el mundo de las startups la palabra tiene su significado propio. Se considera como ‘unicornio’ a toda aquella empresa que se financie con capital privado y cuya valoración supere los 1.000 millones de dólares. Este concepto fue inventado por la inversora Aileen Lee, antigua socia de Kleiner Perkins y fundadora de la firma de capital riesgo Cowboy Ventures, en un artículo publicado en TechCrunch en el año 2013. Según los cálculos de Lee, cada año cuatro nuevas empresas pasaban a formar parte de la lista de los unicornios.

“Lo que hizo Lee fue darle un nombre con ‘gancho’ a algo que ya existía: empresas con valoraciones superiores a los 1.000 millones de dólares. El nombre cuajó, pero eso no cambió nada, quizá sólo hizo que mucha más gente se pusiera como objetivo crear un unicornio empresarial”, explica Miguel Ángel Díez Ferreira, director de ISDI Accelerator, para BYZness.

Con solo el criterio económico como condición para formar parte de este selecto club, el listado de unicornios ha acabado siendo una especie de cajón desastre en el que caben todo tipo de compañías. “Generalizando podemos decir que se trata de empresas disruptivas en algún aspecto, y que precisamente por ser tan innovadoras han apostado por un crecimiento en cuota de mercado para evitar ser copiadas, y eso les ha llevado a crecer muy rápido y a tener un mercado enorme. Para conseguirlo, obviamente, necesitan fuertes inversiones, y eso hace que se eleven las valoraciones” subraya Díez Ferreira.

El unicornio tan solo era el principio

El término unicornio fue el primero, pero el ‘bestiario’ de las startups ha ido creciendo. A medida que las empresas emergentes han ido aumentando su valor se ha comenzado a hablar también de ‘decacornios’. Los decacornios son aquellos unicornios que han superado los 10.000 millones de dólares de valoración.

En 2014 también se empezó a hablar de ‘dragones’. Los inversores John Bacus y Hemant Bhardwaj publicaron otro texto en el que explicaban su definición. Aparentemente, un dragón sería cualquier unicornio que ha devuelto íntegramente a los inversores los fondos que en su día pusieron estos, un ‘creador de fondos’. “Si haces los cálculos encontrarás que los dragones son cuatro veces más raros que un unicornio”, señalaba el tándem, quien defendía que este tipo de startups era cada vez más difícil de encontrar a medida que crecía el tamaño de su financiación obtenida del capital riesgo. Bacus y Hemant pensaban que los unicornios suponían más bien postureo para las firmas de capital riesgo, mientras los dragones eran los que realmente hacían ganar dinero.

A mediados de 2015 el ex CEO y polémico cofundador del fondo y aceleradora 500 Startups, Dave McClure, incorporó algunas especies más a esta suerte de zoológico. En un artículo publicado en Medium puso a los unicornios frente a frente con los ‘dinosaurios’. Los dinosaurios, según él, eran las grandes empresas que habían salido a bolsa, que tenían capital público, y que en muchos casos también estaban sobrevaloradas. Sobre todo, las criticó porque los accionistas suelen pensar que estas empresas que han pisado los parquets les van a ofrecer el mismo beneficio para los próximos 15 a 20 años. “Los unicornios van a patear a los dinosaurios en la próxima década”, pronosticó.

El mismo McClure también se sacó otros conceptos de la manga. Según su teoría de la evolución, los ponys crecieron para ser centauros y algunos de estos se estos se han llegado a transformar en unicornios. El ex CEO de 500 Startups señalaba que los centauros eran startups con una valoración superior a los 100 millones de dólares, mientras los ponys serían empresas emergentes que habrían sido ‘calificadas’ con un valor por encima de los 10 millones de dólares.

Otro término que se ha comenzado a usar por parte de algunos players del ecosistema emprendedor ha sido el de ‘minotauros’. La web Axios asegura que los minotauros “las empresas que valdrían más de 1.000 millones de dólares incluso si lo único que hicieron es tomar el dinero que han recaudado y ponerlo en una cuenta corriente”. Axios habría identificado unos 56 minotauros a principios de este 2019 y asegura que el primero de esta especie fue Alibaba en 2005. El primer minotauro americano sería Facebook, seguido de Groupon y Zynga.  

Desde hace un par de años también se ha comenzado a hablar de ‘cebras’, un término que sí ha gozado de más popularidad y penetración que los anteriores, probablemente por la causa justa que hay detrás. Se parte de la base de que Silicon Valley y el mundo de las startups está dominado por hombres blancos de mediana edad que solo buscan el beneficio económico. Las cebras traerían un nuevo modelo, con negocios rentables que solucionan problemas reales y en su camino ayudan a contribuir al cambio social. Se les ha denominado ‘cebras’ porque son animales reales (no imaginarios como los unicornios), son blancas y negras a la vez (son negocios que quieren ganar dinero pero al mismo tiempo contribuyen a la mejorar la sociedad) y son animales sociales que conviven en grupo y se protegen los unos a los otros. Las cebras se rigen por valores como la cooperación, el compartir, la sostenibilidad, etc. El movimiento Zebras Unite ha sido impulsado por las emprendedoras Jennifer Brandel y Mara Zepeda. “Las cebras arreglarían lo que los unicornios han roto”, aseveran.

¿Por qué todo este maremágnum de nombres? El director adjunto de ISDI opina que “la gente necesita nombres sencillos para definir cosas complejas. Es divertido y te ahorra explicaciones. Y a los americanos les encantas las etiquetas”.

Más burros que unicornios

EE.UU y China son los países que más empresas valoradas por encima de los 1.000 millones de dólares tienen. En España en este momento solo contamos con dos unicornios: la empresa de alquiler de coches privados Cabify y el marketplace de compraventa de productos de segunda mano LetsGo. El primer unicornio español habría sido la startup de viajes eDreams e incluso se habla de que el proveedor de WiFi Gowex, que cotizaba en el MAB, también lo fue, aunque queda bastante en duda después de que saliera a la luz la ‘creatividad’ de su ingeniería contable.

En un post reciente el inversor Carlos Blanco, cofundador de Conector y Nuclio, hace sus particulares pronósticos respecto a cuáles serán nuestros próximos representantes en este selecto club. Las empresas que podrían estar en posición de unicornio en los próximos meses serían Glovo, Holaluz, MasMovil, Flywire (Peertransfer), Travelperk, Spotahome y Logitravel.

“Muchos más unicornios españoles están en camino. Si no tenemos más todavía es por un conjunto de razones: retraso en el desarrollo del mercado respecto a EE.UU (que afecta a toda Europa), legislación muy estricta con las startups y falta de seguridad jurídica, y que España es un mercado muy pequeño y Europa está muy atomizada”, afirma Díez Ferreira. “En EE.UU y en China parten con la ventaja de tener mercados gigantescos, con una sola legislación, un solo idioma y una sola cultura, lo que facilita enormemente que sus empresas cojan un gran tamaño y, por tanto, sean capaces de competir globalmente con más recursos”, añade.

En España también hemos hecho nuestra propia aportación a este argot inspirado en el mundo animal. En más de una ocasión en sus conferencias el inversor Luis Martín Cabiedes, de Cabiedes & Partners, ha hablado de ¿buenos burros’ para referirse a startups españolas que no llegaban a ser unicornios pero que tenían un interesante crecimiento. Cabiedes reconoció en algún momento que había ‘cabalgado un unicornio’ (en referencia a que había invertido en Blablacar) pero señaló que dentro de este tipo de compañías había “muchísima mitología y tontería”.

Cuando Lee acuñó el término de unicornio había menos de 40 empresas emergentes que se pudieran considerar como tal. Hoy la cifra supera las 300 (y creciendo). Teniendo en cuenta que ese concepto de compañías difíciles de encontrar está quedando un poco desvirtuado u obsoleto, ¿no sería el momento de inventarse un nuevo término para referirse a las startups que verdaderamente sí son rara avis? Díez cree que la denominación que se les dé en realidad es irrelevante. “Lo que realmente me importa es el valor que aportan a la sociedad”, señala.

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