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Sábado, 23 de febrero del 2019

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31 ideas para no desperdiciar comida

En España, el desperdicio anual de alimentos se cuenta por toneladas, lo que tiene un gran impacto ambiental y económico

31 ideas para no desperdiciar comida

Blair Fraser (Unsplash)

Sostenibles

Recomendaciones de Ecodes

Redacción BYZness

Producimos un 60% más de los alimentos que necesitamos, pero cada día 40.000 personas mueren de hambre. Seguimos, por ejemplo, la valorada dieta mediterránea, pero con productos cultivados al otro extremo del planeta. Éstas son algunas de las paradojas que la Fundación Ecología y Desarrollo (Ecodes) destaca en su informe Guía de buenas prácticas frente al desperdicio alimentario.

Según este estudio, más de un tercio de los alimentos producidos en todo el mundo se pierde o se desperdician. Según la FAO el coste total de la pérdida y el desperdicio de comida es de mil millones de dólares, alrededor de 700 mil millones en costes ambientales y unos 900 mil millones en costes sociales.

Conviene tener en cuenta la porción de España en esta tarta: tiramos 7,7 millones de toneladas de alimentos cada año “por las fechas de caducidad demasiado cortas en el tiempo, por envases o packs de comida demasiado grandes, por excedentes en la producción, por comprar más con los ojos que con la cabeza…”. Por eso, desde Ecodes han elaborado 31 propuestas para reducir el desperdicio alimentario. No se trata de volverse loco, sino de hacer lo que cada uno pueda y esté en su mano:

1) Prepara un menú semanal

Teniendo muy presente las cinco tomas diarias lo ideal es preparar un menú semanal que nos ayudará a seguir una dieta variada y que condicionará lo que se vaya a consumir.

2) Revisa los alimentos almacenados en casa

Revisa los alimentos que tienes en la nevera, en el congelador y en la despensa. Observa lo que tienes y comprueba su estado para priorizar su utilización.

3) Clasifica los alimentos en función de dónde los guardes: nevera, congelador o despensa

De esta forma ahorrarás tiempo en el supermercado y no romperás la cadena del frío en los productos refrigerados y congelados.

4) Utiliza la tecnología para planificar menús y compras

Esto permite tener un mayor control sobre los alimentos que almacenamos en el hogar. Puedes crearte tu propia herramienta o utilizar algunas que se nos facilitan en guías, webs, plataformas online y apps.

5) No confundas la fecha de caducidad con la de consumo preferente

La fecha de caducidad marca el momento a partir del cual los alimentos no se deberían de consumir dado que pueden suponer un riesgo para la salud. Se recomienda especialmente respetar estas fechas en productos como carne, pescado y huevos. La fecha de consumo preferente, sin embargo, es una fecha orientativa que indica el momento a partir del cual el fabricante de un determinado alimento deja de garantizar que algunas características como el olor, el sabor o la textura sean las óptimas.

6) Haz la compra sin hambre y vigila las ofertas

Así llegarás a casa sólo con los alimentos que realmente vas a utilizar. En el caso de la fruta y la verdura intenta comprarla por piezas en lugar de embalada.

7) Ajústate al presupuesto de alimentación

Si compras más productos de los necesarios y los acumulas, terminarán deteriorándose. Tirar comida equivale a tirar dinero.

8) Compra productos de temporada y, si puede ser, de proximidad

Su precio es más económico y se garantizan las condiciones óptimas de frescura, calidad y posterior duración o conservación del producto. Además con esta decisión apoyas a la economía local y reduces los costes medioambientales del transporte de los alimentos.

9) Exige información sobre la procedencia y la producción de los alimentos

Conviene fijarse si se trata de un producto local, nacional, si es un producto exportado desde de la Unión Europea o de países de otros continentes. Comprueba también si su producción ha sido sostenible.

10) No compres sólo por el precio

Es importante tener en cuenta, en la medida de lo posible, otros factores como la producción sostenible.

11) Elige productos a granel o con menos embalajes

El reciclaje de los materiales de embalaje de los alimentos es una buena práctica, pero pre-ciclar es mucho más ecológico que reciclar.

12) Programa el termostato de la nevera y el congelador

La temperatura adecuada para el frigorífico es de +5º C y del congelador -18º C. Para mantener esta temperatura estable y no desperdiciar energía, es conveniente no sobrecargar, no abrir en exceso la puerta, ni durante mucho tiempo.

13) Organiza el frigorífico

Coloca los alimentos crudos (carnes, aves o pescados) en los estantes inferiores, que es la zona más fría. En el estante superior, sitúa lácteos (yogures y quesos) y huevos. Reserva la parte central para los alimentos cocinados o listos para el consumo. Abajo, generalmente suelen ser cajones, verduras y hortalizas y en la puerta coloca aquellos productos que no necesitan mucho frío.

14) Haz un buen uso del congelador

Se puede congelar casi todo. Cuanto antes y más fresco esté el alimento, mejor.

15) Descongelar los alimentos correctamente

Elige sólo los alimentos dentro del frigorífico. Ello evitará el crecimiento de microorganismos indeseados que puedan estropearlos

16) Prioriza el consumo de los alimentos con fecha de caducidad más cercana

Esto es válido para los alimentos frescos, los alimentos secos y para los congelados que pierden calidad. Es recomendable rotar los alimentos

17) Tapa correctamente los envases y los ‘tupper’

Si se dispone de un refrigerador con sistema no frost, se evita de este modo que se resequen los alimentos por la acción del aire circulante.

18) Guarda los alimentos no refrigerados en un lugar fresco, seco y oscuro

Usa botes cerrados herméticamente y procura que estén visibles para identificarlos con facilidad.

19) Algunos trucos para mantener en mejores condiciones los alimentos

Guardar las piezas de fruta y verdura que estén a medias en fiambreras cerradas, bolsas o papel film. Separar la fruta que se esté echando a perder o sobre-madurada del resto. Y no lavar las frutas y verduras antes de almacenarlas.

20) Mantener una buena higiene al manipular los alimentos

Lavarse las manos o mantener limpias y desinfectadas las superficies de la cocina puede evitar una posible contaminación del alimento.

21) Preparar las raciones adecuadas

Es una herramienta muy útil para no cocinar más comida de la cuenta y evitar así que acabe echándose a perder.

22) Hacer recetas con alimentos crudos

Suelen ser sencillas de preparar (ensaladas, etc.) y al no precisar cocción, ahorramos energía y es menor su huella de carbono.

23) Aplicar la creatividad para reutilizar alimentos ya cocinados

Existen recetarios específicos que nos pueden ayudar o dar ideas para aprovechar estos restos de alimentos, pero nada como la propia creatividad y la experiencia para hacer un nuevo plato con ingredientes reciclados.

24) Informarse sobre alimentación saludable y aprender a cocinar

La preparación de los alimentos es clave para ofrecer una comida sana y de calidad.

25) Apuesta por elaborar alimentos en casa

Repostería casera, conservas… lo que el tiempo y el presupuesto te permita.

26) Llevarnos a casa la comida que nos sobre en el restaurante

Pedir el ‘tupper’ para llevar se considera una práctica de consumo responsable.

27) Hazte ‘activista gastronómico’

Cualquiera puede convertirse en activista y promover formas de producción y de consumo más justas y responsables desde su papel: el de consumidor, el de cocinero/a, el de ‘gestor’ de cada hogar.

28) Utiliza tu poder como consumidor

Tus decisiones en tu alimentación no solo tienen repercusión a nivel económico o de salud, sino también en el ecosistema.

29) Intenta consumir no menos, sino mejor

Pararse a pensar más en qué comprar, qué comer y por qué. La comida está directamente relacionada con la economía, la salud, el medio ambiente o la cultura.

30) Aliméntate más sano, barato, responsable

Preparar la comida en casa es mucho más económico, y en general más saludable, que tomar cualquier otra cosa muy elaborada.

31) Participa en campañas contra el desperdicio alimentario

Por ejemplo la campaña “No Tires la Comida” de la OCU contra el desperdicio alimentario, donde pide el apoyo de los ciudadanos para reclamar una ley que impida que la comida acabe en la basura. Otras campañas como “Ni un pez por la borda”, o Slow Food Movement, creado en 1989, que incide en la en la importancia de apoyar los productos locales nos ayudarán para ver dónde podemos colaborar.

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