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Miércoles, 22 de mayo del 2019

Economyz

"Con las máquinas, vamos a recuperar nuestro recurso más preciado: el tiempo"

El mundo ha cambiado, y las empresas tienen que tomar conciencia sobre el nuevo contexto en el que desarrollan su actividad. La época en que se taladraba a la gente con eslóganes se ha acabado

Sergio Roitberg expone su teoría del mundo orbital en Expuestos

Sergio Roitberg expone su teoría del mundo orbital en Expuestos // Foto cedida

Empresarios

SERGIO ROITBERG, FUNDADOR Y CEO DE NEWLINK

Fran Leal

Fran Leal

Como ciudadanos, vemos cómo las reglas del juego se han visto modificadas. Pero también como empleados, como empresarios, como gobernantes… Los cambios alcanzan a todas las esferas. Para hablar de ello, hemos charlado con Sergio Roitberg, fundador y CEO de Newlink, una consultora de comunicación con sede en Miami. Roitberg, que además ha trabajado en medios como CNN o CBS, acaba de publicar Expuestos, un libro en el que desgrana su particular manera de entender la realidad, sobre lo que también hemos podido conversar.

El mundo hiperconectado de hoy, caracterizado por cambios profundos y constantes, ¿conlleva un riesgo real de que alcancemos la obsolescencia del ser humano en el mundo laboral?

Te presento otra perspectiva. ¿Sabías que fue apenas después de la revolución industrial que la palabra trabajo pasó a significar un lugar, un espacio? Antes de que existieran las fábricas, la mayoría de la gente trabajaba el campo o tenía un oficio en su casa, y a eso le llamaba trabajo. Era una actividad. Esa gente no iba a ningún trabajo, ni buscaba un trabajo. Hoy concebimos el trabajo de forma muy diferente a como lo entendíamos hace apenas un par de siglos. ¿Por qué pensamos entonces que esta es la única forma de ver el trabajo? Quizás las máquinas sean el futuro del mercado laboral, pero si aprendemos a ver la oportunidad en vez de la amenaza, vamos a darnos cuenta de que los seres humanos seguiremos haciendo cosas. Trabajábamos antes de que existiera el trabajo… y seguiremos trabajando después de que las máquinas hagan los trabajos que nosotros hacemos hoy. Pero se nos abrirá un enorme espacio para hacer otras cosas para las que antes no teníamos tiempo. Recuperaremos nuestro recurso más preciado, y el único realmente no renovable: el tiempo. Habrá que aprovecharlo bien.

Y en este escenario, ¿qué papel pueden jugar las empresas para que el ser humano siga teniendo su hueco?

Las empresas tienen que dejar de ser miopes. Por eso el liderazgo es importante, y también lo es la mirada con un pie en el presente. Es importante que el liderazgo entienda el cambio y sienta la necesidad del cambio, porque tiene que liderar al mismo tiempo un cambio interno, para poner a punto a su organización, y un cambio externo, porque la relación de la marca con el cliente hoy es distinta. Se pasó de la persuasión al engagement; en el mundo colaborativo y de alta exposición de hoy, la forma de relacionarnos es a través del engagement, porque sólo eso nos va a permitir tener vinculación constante 24-7 con nuestros clientes a la altura y con la velocidad que se necesita.

¿Y si hablamos del sector público?

El ser humano siempre ha tenido y tendrá un papel relevante. Hay hoy una readecuación en el trabajo, una reevaluación de la importancia del ser humano en algunas actividades, pero no en otras. Esto ya ha pasado antes. Cada vez que se produce una revolución, el ser humano tiene una adecuación. Si miras una postal de Nueva York antes de 1900, era una ciudad diseñada para gente que caminaba. Después, apareció el coche y la ciudad se adecuó para los coches, con construcción de infraestructura, reglas de tránsito, etc.

Hoy, uno de los cambios es que uno compra las cosas por Amazon. Entonces, el gobierno está legislando para darle un marco a esas transacciones. Ese es el rol del sector público. Tiene que ayudar a que los cambios se den. Tiene que estar en el lugar en el que siempre tiene que estar, al servicio de la gente.

En lo que respecta a la comunicación, como cuentas en ‘Expuestos’, hemos pasado de la pasividad a empoderarnos como actores activos. ¿Cómo pueden las compañías lidiar con este nuevo esquema, donde quedan completamente expuestas ante el consumidor y la sociedad?

Las empresas tienen que entender que se acabó la época del maquillaje y del taladro en el cerebro. Antes, hacíamos llegar nuestro mensaje por repetición para que quedaran en el inconsciente de la gente. Hoy en día la gente es un actor empoderado, ya no se le puede taladrar el cerebro, porque tiene el poder de bloquearte, apagarte, no escucharte.

Hoy las empresas tienen que conectar desde la autenticidad y desde un propósito compartido. Es como un matrimonio, el otro te conoce hasta en tus peores momentos. Ante ese otro, eres vulnerable. Entonces, si quieres que el matrimonio funcione, te abres, te muestras y buscas puntos en común, espacios en los que ambos puedan sentirse satisfechos. Eso es conectar desde un propósito compartido, que es la intersección entre tus intereses genuinos y los del otro.

En tu teoría del mundo orbital, hay cuatro fuerzas que lo rigen: velocidad, colaboración, transparencia y conciencia social. ¿En cuál de estos aspectos consideras que están las empresas más en sintonía y en cuál queda más camino por recorrer?

Todas las empresas tienen hoy conciencia del cambio, porque este les mueve la alfombra. Lo que pasa es que no muchos saben qué hacer. En los mejores casos hay un proceso de transformación, que a veces es cosmético y gradual, y a veces es más profundo. Al final, las cuatro fuerzas impactan en el mundo de hoy, pero depende de cada empresa la velocidad a la que pueden cambiar sin perder el equilibrio. Hoy, en términos de empresa, vivir el presente provoca que te quedes relegado 10 años.

Comentas también el hecho de que la colaboración ya no es una opción, sino cuestión de supervivencia. ¿Qué prima en el mundo actual: el pragmatismo o los valores? ¿Nos encaminamos realmente a una sociedad mejor o simplemente el cambio de paradigma nos está obligando a ello?

Este planteamiento me lleva a un lugar muy interesante, que es que vivimos en un mundo en el que tenemos que colaborar. Venimos de un mundo de diferenciación y vamos a un mundo colaborativo, en el que colaborar es rentable. Y bueno, como en cualquier grupo, están los que se portan bien por motivación interna y los que lo hacen por motivación externa (es decir, porque, si no, los demás los castigan, los marginan o los miran mal). Lo que ha pasado en el mundo es que las condiciones ahora están dadas para que los que colaboran sean recompensados. No es una elección entre pragmatismo o valores. Para algunos colaborar será cuestión de valores y para otros será pragmatismo, pero lo importante (y lo bueno) es que todos los incentivos están orientados a la colaboración.

Para concluir, ¿cuáles crees que son los mayores riesgos a los que nos enfrentamos, ya sea como sociedad o a nivel empresarial?

Perdernos una oportunidad que no se ha dado en muchísimas generaciones. Hoy tenemos acceso a herramientas tecnológicas sencillas e intuitivas que nos pueden permitir dar un salto cuántico como seres humanos. No sólo en los negocios, sino también en nuestras vidas. ¿Podremos vencer a la muerte? ¿Solucionar el hambre en el mundo? ¿Salvar el planeta? Hoy tenemos la tecnología para intentar todo esto. ¿Nos vamos a quedar agarrados al pasado por miedo a cambiar o vamos a pegar el salto?

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