Coronabonos: un debate que resucita el discurso euroescéptico en plena crisis

Los países más afectados por la crisis sanitaria del coronavirus reclaman medidas conjuntas en el seno de la Unión Europea, como los coronabonos, para hacer frente a las duras repercusiones económicas. Pero los países más robustos no están por la labor

Imagen de archivo de la entrada a la sede de la Comisión Europea, en Bruselas.

Imagen de archivo de la entrada a la sede de la Comisión Europea, en Bruselas. // Michael Kappeler (Europa Press)

Macro

EL FUTURO DE LA UE

Fran Leal

Fran Leal

La crisis del coronavirus, y las consecuencias que ya se están haciendo notar en las economías nacionales, ha puesto una vez más a prueba la solidaridad de la Unión Europea (UE). Y es que, los gobernantes de países profundamente afectados por esta crisis, entre los cuales figura Pedro Sánchez, han reclamado ir todos a una en esta batalla que se presenta dura. En este contexto, una de las medidas propuestas ha sido la emisión de los bautizados como coronabonos.

Y esta petición no solo se está realizando desde el ámbito gubernamental, sino que otros organismos como Euroconsumers, y sus organizaciones nacionales como OCU en España, han solicitado la adopción de esta medida a los líderes de las instituciones de la UE, a través de una carta, ya que consideran que puede ayudar a recaudar los fondos necesarios para garantizar la estabilidad a largo plazo del mercado único, proteger a las empresas, al sistema sanitario y al poder adquisitivo de los hogares, que ya se está viendo mermado por la caída de los ingresos.

Sin embargo, en el seno de la UE hay grandes discrepancias sobre la manera de gestionar esta nueva crisis, abriéndose viejas heridas. Así, la diferenciación entre países del norte y del sur, entre los más robustos financieramente y los más endeudados, vuelve a alentar los discursos más escépticos sobre el futuro de la Unión.

El debate de los coronabonos

Las reticencias de Alemania o Países Bajos respecto a la propuesta de los coronabonos efectuada por países como España o Italia no se aleja mucho de la posición adoptada por las economías más robustas en la crisis de 2008.

Joaquín Danvila, profesor del MBA con especialización en Finanzas del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB), explica que la propuesta, al fin y al cabo, consiste en “la emisión de bonos o deuda pública, pero con garantía común de los Estados miembro, es decir, con la garantía y el soporte de todos los Estados de la UE”.

Hasta aquí, nos podría parecer que no hay motivos para el encontronazo, pero el problema, “como siempre, radica en las situaciones tan diferentes en las que se encuentran los diferentes países, teniendo en cuenta que algunos de los ya tremendamente endeudados, como Italia y España, son además de los más afectados por el coronavirus”, afirma Danvila. Además, el profesor de IEB destaca que, en el caso de España, “si la crisis económica tuviera calado y el Gobierno emitiera deuda exclusivamente española, la deuda se vería en el mercado como un producto de mayor riesgo”. Esta afirmación se apoya en el hecho de que la posición de nuestro país pasaría a ser más débil debido al endeudamiento, además de “su posible empeoramiento económico para pagar los intereses que se seguirían generando con la emisión”. Como resultado, veríamos un aumento de la prima de riesgo debido a la desconfianza de los mercados y, derivado de ello, “el precio financiero a pagar por el Estado sería mayor”.

Un arma de doble filo

Pero, ¿qué ocurriría si se adoptaran los coronabonos? Según Danvila, “el efecto de crisis económica se atenuaría; Europa unida es menos vulnerable, sobre todo gracias a países con elevada estabilidad económica y menos afectados por la crisis sanitaria”. En definitiva, los intereses para financiarse, para España, serían menores gracias a la ayuda de aquellos países que, precisamente, hasta el momento se niegan a adoptar la medida. “Habrá que llegar a un consenso abordando las necesidades de cada país, porque nunca llueve a gusto de todos y, como en cualquier negociación multilateral, lo ideal sería que todas las partes salieran con la sensación de que la solución podría haber sido un poco mejor”, subraya el experto, como signo claro de haber cedido todas las partes en beneficio del resto.

Sin embargo, a pesar de las ventajas que tendría para la financiación de ciertos países, no hay que perder de vista que “aumentaría su deuda, camino peligroso en países ya fuertemente endeudados”, advierte Danvila. Por ello, apunta que antes que nada “habría que cuantificar el verdadero efecto de esta crisis y el origen del problema, que quizá debiera centrarse en medidas más dirigidas a los más afectados, los más vulnerables, los autónomos y los pequeños negocios, que están teniendo serios problemas para realizar su actividad y facturar”.

El futuro preocupa, pero el presente aún más

Ante este panorama, en búsqueda de otras soluciones a la actual situación, Danvila señala que la clave radica en analizar bien la situación, con esfuerzo y renunciando a la demagogia matemática. “Que se ralentice la economía temporalmente por una pandemia no necesariamente obliga a una crisis económica posterior. Si la salida del estado de alarma actual no fuera excesivamente tarde, es posible que la economía se reactive, la bolsa se recupere e incluso una parte del consumo crezca”, afirma. Por ello, considera que hay que poner el foco en medidas de mínimos y que tengan un destino claro, “más que en soluciones tan macro y conceptuales como de dudosa puesta en práctica”.

Y pone un ejemplo muy ilustrativo a colación de los posibles focos de debilidad económica: “Vemos que las teóricas inyecciones de capital a través de financiación dejan los criterios de acceso al crédito a la banca, convirtiéndose así en una medida conceptual, donde los más afectados tendrán dificultades de acceso”. En definitiva, y partiendo de la base de que será una situación temporal (o eso esperamos), “lo problemático no será el futuro, sino quienes tengan dificultades para llegar a él, porque no van a solucionar sus problemas con una vía de financiación con criterios estándar de concesión, sino que tendrán que recibir ayudas directas para poder asumir sus costes en una situación de disminución considerable de ingresos”. Y estas dificultades afectan tanto a las familias, como a los autónomos, pequeños negocios o empresas de mayores dimensiones, en definitiva, a todo el que no cuente con “suficiente pulmón financiero”.

Lo cierto es que el futuro se presenta incierto, pero el presente vuelve a brindarnos una nueva oportunidad para no caer en los errores del pasado. Y lo resume a la perfección Danvila en su conclusión: “Las ayudas deberían ser más directas y de acción social si pretendemos que los autónomos continúen liderando el consumo y si nuestro objetivo es que las familias españolas no se enfrenten a una crisis de economía real, porque los mercados, seamos realistas, se recuperarán”.

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