elPeriódico economía

Jueves, 12 de diciembre del 2019

Economyz

Diferencias entre ahorro e inversión: ¿qué me conviene más?

Aunque puedan parecer lo mismo el ahorro y la inversión son conceptos diferentes. Están relacionados y hay algunos aspectos que los acercan, mientras que otros son muy opuestos

Diferencias entre ahorro e inversión: ¿qué me conviene más?

Pixabay

Inversores

FINANZAS PERSONALES

Héctor Chamizo

Héctor Chamizo

A menudo escuchamos cuánto se debe invertir o ahorrar de nuestro propio dinero. Muchas personas piensan, cuando lo oyen, que hablamos de lo mismo, pero hay bastantes puntos que evidencian la distancia entre sendos términos. Una de las principales diferencias, explica Victoria Torre, responsable de desarrollo de producto en Self Bank, está en el objetivo “del ahorro y en el de la inversión”.

En el caso del ahorro, lo que buscamos es reunir una cantidad de dinero que en un momento posterior en el tiempo podemos necesitar “para algún fin”. Torre añade que este fin puede ser muy variado; en algunos casos será “a corto plazo (afrontar la cuesta de enero, pagar el seguro del coche, darnos un capricho…)” y en otros casos más a “largo plazo (universidad de los hijos, jubilación…)”.

En ocasiones el objetivo está definido, pero no siempre tiene que ser así. Por ejemplo, es importante guardar una parte de nuestro sueldo para imprevistos, que no sabemos si se presentarán ni cuándo lo harán.

Paula Satrústegui, socia y directora de planificación financiera de Abante Asesores, analiza que el ahorro es la simple acumulación de dinero, “el esfuerzo de ir reservando parte del dinero que tenemos hoy para gastarlo en el futuro (diferir el consumo)”.

De este modo, cuando ahorramos estamos constituyendo un colchón para un fin, por lo que en general nuestra prioridad será la preservación del capital, la seguridad. Por ello, el ahorro se materializa en productos sin riesgo, normalmente. Torre expone que no tendría sentido ahorrar “para la entrada de una casa que necesitaremos en 6 meses y poner el dinero en productos de riesgo”, con el peligro de no poder recuperar ese dinero y quedarnos sin la casa.

Así, la rentabilidad que el ahorro te puede proporcionar será limitada, e irá muy unida a la evolución de los tipos de interés. Tal y como afirma José Antonio González, analista de Estrategias de Inversión, todos deberíamos ser ahorradores, pero “no todos están preparados para ser inversores”.

El riesgo es un concepto que presenta un alto componente subjetivo, lo que para una persona puede tener un riesgo elevado, para otro es perfectamente asumible en su día a día, por tanto, a diferentes niveles de riesgo, “no podemos considerar que todo ahorrador se convierta en inversor”.

El concepto de inversión

Por otro lado, la inversión consiste en poner nuestro dinero a “trabajar” para conseguir una rentabilidad por él, con el objetivo de que en el futuro tengamos el dinero que “necesitamos para nuestras metas (vitales, profesionales…)”, dice Satrústegui. Invertir nuestro dinero nos ayuda a evitar que pierda poder de compra en el largo plazo por el efecto de la inflación, algo fundamental que todos los ahorradores e inversores deberían tener en mente.

En el caso de la inversión, el abanico de opciones es más amplio. A la hora de invertir, lo que buscamos es maximizar la relación rentabilidad/riesgo, y este binomio será distinto para cada cliente. Cada inversor tiene un perfil de riesgo y, por tanto, los productos a incluir también lo serán. 

Por ejemplo, afirma Torre, en el caso de inversores conservadores, se buscarán “productos de bajo riesgo” y la inversión se parecerá en cierto modo al ahorro, ya que “prima también la preservación de capital”. Los inversores arriesgados, en cambio, “incluirán otro tipo de activos en su cartera, que será mucho más volátil, pudiendo obtenerse mayores rentabilidades, pero también pérdidas significativas”.

¿Cuánto se debe destinar a ahorro o inversión? 

Antes de nada, cabe decir que los expertos creen que es importante decir que la parte de dinero destinada a inversión debería ser la que nos sobra después de haber cubierto gastos y destinado una cantidad al ahorro periódico.

Para Torre, hay muchas reglas para tomar esta decisión y no tiene por qué ser mejor “una que otra”.  Cada ahorrador tiene que adoptar la que mejor se adapte a sus circunstancias y, eso sí, sea cual sea el método, “lo importante es la constancia y respetarlo”. Como siempre se dice, no debemos arriesgar aquello que podríamos necesitar a corto plazo, por lo que esto ya nos da una pauta.

Antes de decidir cuánto destinar a la inversión, deberíamos coger lápiz y papel y hacer números.  De nuestros ingresos debemos descontar los gastos fijos y prorratear los extraordinarios; a esto le añadiríamos una cantidad para ahorrar y el exceso es lo que podríamos invertir.

En principio, añade Satrústegui, podríamos invertir “una parte importante de nuestro patrimonio financiero”, aunque es una cuestión que depende de las circunstancias de cada persona. Para determinar cuánto invertir y cómo invertirlo, lo primero que tenemos que hacer es un ejercicio de “planificación financiera” con el que determinemos cuáles son nuestras necesidades -de ahorro, de liquidez, etc.- y qué rentabilidad deberíamos “exigirle a nuestro dinero”.

Dejar dinero en una cuenta corriente o debajo del colchón, salvo que sea una cantidad que vayamos a necesitar, previsiblemente, en el corto plazo, conllevará que ese dinero vaya perdiendo valor por el efecto de la inflación. Pero no se puede dar una cifra exacta de forma general.

González concluye que cuanto mayor sea nuestra capacidad de ahorro, mayor será “nuestra capacidad de inversión”. Cada caso es un mundo, pero lo que debe ser considerado como un axioma es que “nunca debemos invertir aquel capital del que no disponemos o vamos a necesitar en un corto y medio plazo”.

En este articulo: Educación financiera Ahorro

Iniciar sesión 0 Comentarios
cargando