Ni se forman ni son nativos digitales: los jóvenes aprenden a usar la tecnología por su cuenta

Si has nacido a partir de 1990 o perteneces a la generación Z y posteriores, se te presupone un súper poder tecnológico que te hace dominar cualquier aparato y cualquier concepto digital.

Ni se forman ni son nativos digitales: los jóvenes aprenden a usar la tecnología por su cuenta

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Innovadores

digitalización y brechas

María Refojos

María Refojos

El término nativo digital suele emplearse como epíteto de los jóvenes. Si has nacido a partir de 1990 o perteneces a la generación Z y posteriores, se te presupone un súper poder tecnológico, que te hace dominar cualquier aparato y cualquier concepto digital, del mismo modo que el haber nacido con branquias te permitiría surcar el fondo del océano sin una bombona de oxígeno. 

Sin embargo, lo cierto es que esta asociación de ideas responde más a las grandes esperanzas de los espectadores externos que a la realidad. Esta es una de las principales conclusiones que se extrae del último barómetro ‘Jóvenes y Expectativa Tecnológica 2020’ elaborado por Google, Fad y BBVA. 

Y es un argumento que defienden desde Fad con convencimiento. “Nosotros abogamos por poner siempre entre interrogaciones lo de nativo digital”, afirma Anna Sanmartín, subdirectora del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de Fad y doctora en Sociología. “Es un concepto que se usa mucho pero lo combatimos por todo lo que lleva asociado o implícito, que creemos que no refleja la complejidad de la realidad”, explica. 

Tiempo, esfuerzo y atención

Porque una cosa es cómo estos chicos y chicas evalúan sus propias competencias, es decir, cómo se ven ante la digitalización, y otra es lo que realmente saben hacer. Y esta distancia es la base para rebatir la habilidad tecnológica per se. En palabras de Sanmartín: "El concepto de nativo digital, más que algo que se atribuyan ellos es una etiqueta que les hemos puesto los analistas".

No solo no es algo innato, sino que según ellos mismos plantean, requiere de tiempo, esfuerzo y atención. “Vemos que hay muchas diferencias en cómo la gente joven utiliza las nuevas tecnologías y creemos que es un poco peligroso dar por sentado ciertas cosas, cuando la verdad es que necesitan todo un aprendizaje en el uso tecnológico”, señala.

En concreto, dos de cada tres jóvenes de entre 15 y 29 años consideran que sus competencias digitales son elevadas (nivel ‘alto o muy alto’). Y la percepción de un nivel ‘muy alto’ es más común entre los hombres, en un 22,1%, que entre las mujeres, con un 18,5%. Del otro lado, solo el 4,9% de los encuestados describe sus competencias digitales como ‘bajas o muy bajas’.

Y al ser preguntados por las cualidades más necesarias para desenvolverse con la tecnología tienen que ver en primer lugar con la motivación personal -curiosidad (39,8%) y paciencia (36,9%)-, la capacidad resolutiva (23,3%), la inteligencia (23,3%) y la creatividad (22,8%).

Prueba y error

¿A qué es debido? A que su principal fuente de alfabetización digital es la autocapacitación, es decir, aprenden por su cuenta. La mitad de jóvenes adquiere destrezas tecnológicas a partir de la consulta en navegadores, tutoriales, etc, mientras que el 43,6% las obtiene por ensayo y error. Uno de cada cuatro jóvenes acude también a sus amigos y conocidos a la hora de recabar información y conocimientos, mientras que solo una décima parte menciona la educación reglada.

Lo que ponen de manifiesto estas estadísticas es que son los propios entrevistados los que cuestionan el mito del nativo digital, ya que no relacionan sus habilidades tecnológicas con características inherentes a ser joven, sino que las consideran producto de “la utilización práctica de las tecnologías” y de “la experimentación con los dispositivos, tanto a nivel individual como dentro del grupo de pares”, concluyen los autores del barómetro. 

“Hay otros porcentajes muy significativos como que más de un 36% de jóvenes nos dice que no sabe qué destrezas tendría que mejorar. Aquí empezamos a ver estas brechas de las que hablamos: se consideran competentes, manejan muchos dispositivos y pasan muchas horas delante de las pantallas, pero ya hay un 36% que no sabe qué deberían mejorar, no tiene ni idea”, destaca la subdirectora del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de Fad.

Escuela no, gracias

Además, también perciben la necesidad de actualizar constantemente y reciclar sus competencias para no quedarse atrás, de acuerdo con los autores del estudio. Y al tener que suplir esta necesidad de capacitación por sus propios medios, la falta de tiempo despunta como barrera tecnológica junto con el citado desconocimiento de las destrezas a mejorar.

Por eso llama la atención que la realización de cursos específicos o el aprendizaje vinculado con el entorno educativo sea mucho más minoritaria, frente al modo autodidacta de ensayo y error y el contacto con su grupo más cercano. ¿La razón? Que los jóvenes no creen que el sistema reglado les prepare adecuadamente.

“El 34% nos dice que tiene falta de oportunidades formativas y nos preocupa mucho que la escuela, la educación formal, no sea el principal foco al que acuden para formarse”, reflexiona Anna Sanmartín. En concreto, el barómetro indica que en opinión del 43,8% de los encuestados, la educación formal no proporciona las competencias tecnológicas que requieren, “sobre todo porque no creen que sus mayores sean el interlocutor adecuado”. 

“Cuando hablamos de sus docentes o de sus padres y madres, se ven más competentes que sus mayores. Y se ensanchan las brechas: entre la que la educación digital no está en el programa educativo y que tienen esa percepción de sus figuras docentes…”, añade. 

De hecho, otro estudio previo de Fad, publicado en 2019, recogía que cuando se trata de compararse con sus profesores, el 38% de los jóvenes piensa que ellos son muy superiores (‘mucho o bastante’) en habilidad y el 21,8% que ‘algo más’. Solamente el 12,6% piensa que son ‘iguales’ en manejo de las tecnologías que los responsables de formarles.

Otras brechas

Además de la brecha de género relacionada con las competencias digitales, el informe expone otras brechas relacionadas con la clase social y la educación, que también inciden en cómo de capacitados se ven los jóvenes. 

“La clase social marca mucho la percepción que tienen de cómo de diestros y competentes son. Porque no es solo si tienen más o menos dispositivos a su alcance, sino también si tienen mejor o peor conectividad, y si son capaces de hacer más o menos usos. Todos usan redes sociales, pero no todos generan contenido propio o son capaces de usar la tecnología a un nivel de 'especialista' no solo en el plano de ocio, sino también en el laboral o educativo”, comenta Sanmartín.

Así, se consideran mejores tecnológicamente hablando aquellos que tienen estudios superiores, que son de clase alta o media alta, que trabajan y que viven en una gran ciudad. En este sentido, el estudio hace hincapié en que se hace patente la existencia de población más vulnerable frente a las tecnologías y remarca la necesidad de seguir trabajando en visibilizar y reducir las citadas brechas.

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