5 claves para evitar que la tecnología fomente la lacra de la violencia doméstica

La tecnología puede ser un arma con la que ejercer control y coerción sobre las personas. Por ello, desde IBM aconsejan realizar un análisis exhaustivo a los productos que permita detectar previamente los posibles usos maliciosos

La tecnología puede ser un arma con la que ejercer control y coerción sobre las personas

La tecnología puede ser un arma con la que ejercer control y coerción sobre las personas

Innovadores

RIESGOS DE LA TECNOLOGÍA

Fran Leal

Fran Leal

Sin duda, la tecnología está jugando un papel determinante en esta crisis sanitaria y económica que nos ha tocado vivir. Son muchos los proyectos e iniciativas orientadas a mitigar el impacto del propio virus, y también las consecuencias derivadas del frenazo en la actividad económica.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. La tecnología también implica unos riesgos que no podemos obviar, por mucho que sea facilitadora en múltiples ámbitos. Es lo que ocurre, por ejemplo, con la violencia doméstica, que ha aumentado de forma tan preocupante durante el confinamiento que la propia Organización de Naciones Unidas (ONU) ha tenido que dar la voz de alarma. Y aquí la tecnología también tiene su parte de culpa, como han advertido desde IBM Policy Lab

El control a través de la tecnología

Desde la compañía tecnológica, destacan la existencia de una nueva forma de abuso doméstico, que cristaliza en un control coercitivo facilitado por una tecnología que, en principio, no estaba diseñada para hacer el mal. Por ejemplo, como exponen desde IBM, las apps de timbre conectado, que permiten al usuario ver remotamente quién está en la puerta de su casa, pueden ser utilizadas para monitorear y mantener a las víctimas atrapadas, más aún con la función de notificación instantánea. Y otro caso es lo que puede ocurrir con las apps de tarjetas de crédito, que notifican cada compra y pueden otorgar un mayor control sobre las víctimas, dando detalles de gasto que pueden ser constantemente vigilados.

Por ello, IBM ha propuesto una serie de recomendaciones para diseñar herramientas tecnológicas que tengan en cuenta este tipo de situaciones. En concreto, se centran en promocionar la diversidad; garantizar la privacidad y la elección; combatir el gaslighting; reforzar la seguridad y los datos, y por último, promocionar una tecnología más intuitiva.

Para ahondar en la materia, hemos charlado en profundidad con Enric Delgado, director de Tecnología de IBM España. Como decíamos, efectivamente “la tecnología nos ofrece hoy en día posibilidades casi ilimitadas para resolver problemas relevantes para las personas”, pero no por ello debemos perder de vista que “su uso puede pervertirse y todo ese potencial usarse para fines desdeñables”, asevera. De ahí que, junto a las recomendaciones realizadas desde la compañía, haya que reforzar la formación y la concienciación, “que puedan venir de la Administración Pública o las empresas”, de cara a mitigar sustancialmente esta lacra.

La brecha digital, otro factor de riesgo

“Sin duda, la brecha digital constituye un factor determinante en este problema”, afirma Delgado. Y es que, la falta de conocimientos digitales puede motivar que las víctimas de este control tecnológico se muestren “mucho más vulnerables”, ya sea porque no son conscientes de que están siendo controladas a través de los dispositivos y aplicaciones, o porque “si tienen conocimiento de ello, no saben a quién reportarlo o cómo subsanarlo”, aclara. Algo que podría consistir, simplemente, en cambiar una contraseña.

Además, otro factor que juega en contra de todos es el hecho de que “aquellos que utilizan la tecnología para abusar de sus víctimas son, desgraciadamente, creativos y evolucionan constantemente buscando nuevas formas de control”. Por ello, la solución no puede ser coyuntural, sino que debe tomar una forma dinámica que permita avanzar en la protección a medida que las técnicas de control se sofistican.

Un trabajo de todos

Precisamente, hemos preguntado a Delgado por el nivel de concienciación que existe en las compañías, donde hace una distinción meridiana. Las empresas tecnológicas “sí somos conscientes mayoritariamente de la posibilidad de un mal uso de nuestras tecnologías”. De ahí que se lleve un tiempo formando “comités de ética en nuestras organizaciones”, que además aborden los posibles “conflictos morales que pueden ocasionar determinados usos tecnológicos”.

Sin embargo, a nivel más general, en las empresas que utilizan la tecnología para el desarrollo de aplicaciones digitales específicas de cara al cliente, “sí que habría que incidir más en la necesidad de realizar ejercicios de análisis para identificar los posibles malos usos antes de que se produzcan”. Y al respecto, en la etapa de diseño del producto está la clave.

Por último, no hay que olvidar que esta preocupación por prevenir un mal uso de la tecnología puede llegar a impactar positivamente en los negocios. De hecho, como expone Delgado, los productos y servicios éticos se van extendiendo cada vez más entre la población. Por no hablar de la experiencia de cliente, que mejora ostensiblemente “cuando se realizan mejoras sobre la privacidad y seguridad de una aplicación”, concluye.

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