El coronavirus evidencia la necesidad de abordar la brecha digital

Los avances tecnológicos, acelerados por la pandemia, contribuyen a afrontar la crisis sanitaria y económica, pero también dejan patente que existe un gap que podría aumentar en lo digital, lo que podría generar grandes desigualdades en diversos sectores.

El coronavirus evidencia la necesidad de abordar la brecha digital

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Innovadores

RETOS QUE DEJA LA PANDEMIA

Fran Leal

Fran Leal

En estos últimos meses, marcados por la crisis sanitaria del coronavirus, la tecnología ha vuelto a dar un paso adelante, mostrando su capacidad para aportar soluciones a problemas complejos.

Así, entre otros documentos que analizan este fenómeno, el informe de The Valley ‘La sociedad postpandemia. La tecnología como vector de cambio’, que fue presentado recientemente, pone de relieve cómo han sido muchas las empresas y proyectos que se han orientado a mitigar los efectos del virus y a conformar espacios seguros, desde el punto de vista sanitario. Además, también hemos podido ver estos meses que la tecnología ha sido determinante en ámbitos como el laboral o el educativo, posibilitando que, a pesar de la incierta situación, siguiéramos funcionando con la mayor normalidad posible.

La brecha digital, un reto para la sociedad

Aunque esta tecnología tan disruptiva “esté ya entre nosotros dando soluciones a diferentes ámbitos de actividad”, como recordó en la presentación del informe Juan Luis Moreno, socio y director de Innovación de The Valley, lo cierto es que la pandemia ha evidenciado que, en torno a la tecnología, aún tenemos retos pendientes como sociedad. Uno de ellos es la brecha digital y, cómo bien apuntan desde The Valley, abarca diferentes esferas como la educativa, la laboral, la sanitaria o la bancaria.

Santiago Hernández, jefe de Estudios de Marketing y Dirección de Empresas del CEF, considera que la brecha digital “es un verdadero problema en algunos sectores en particular”. Y es que, hoy en día “estar en el ámbito digital es obligatorio y estamos viendo cómo países con mucho menor potencial, como Estonia, se han posicionado por encima de España en la digitalización de su sociedad”.

En otras palabras, a lo que se reduce esta situación es que “estamos perdiendo un tren en el que deberíamos estar subidos hace mucho tiempo”, asevera.

El gap en la educación

Efectivamente, el educativo es uno de los ámbitos donde más se ha clamado contra la brecha digital existente. De hecho, Juan Vera, CEO de Edosoft, incide en la idea de que “la brecha digital es una realidad que muchas veces ignoramos, pero que la crisis del coronavirus ha puesto al descubierto”.

En su opinión, en muchas ocasiones esta brecha deriva de un alto coste en cuanto a equipamiento informático, sin olvidar la problemática en cuanto a la conectividad, algo que “se puede combatir y reducir, por ejemplo fijándonos en lo que hacen en otros países, con diferentes iniciativas tanto a nivel privado como público para dotar de conexión a Internet a cada alumno o alumna que lo necesite”.

Hernández, por su parte, hace una diferenciación entre lo que ocurre en los distintos niveles educativos. Así, en el ámbito escolar, recaería en “las instituciones públicas la responsabilidad de conseguir la universalización de la utilización de los equipos con conexión a Internet”.

Sin embargo, en el ámbito universitario, el portavoz del CEF no considera que exista esa brecha a nivel tecnológico, con lo que los esfuerzos deberían centrarse en “conseguir estar al máximo nivel en cuanto a tecnología y adaptar los modos de enseñanza al ámbito de la enseñanza online”. Y aquí sí que percibe verdaderas diferencias en función de las instituciones a las que nos refiramos.

En definitiva, la clave residiría en “pensar primero en qué se quiere enseñar; posteriormente, en cómo se quiere transferir ese conocimiento, y por último, centrarnos en las tecnologías”, afirma.

Consecuencias económicas del teletrabajo

El trabajo es otro de los ámbitos donde podría tener protagonismo la brecha digital. Según apuntan desde The Valley, no todos los trabajos se pueden hacer desde casa, lo que termina por generar disparidad. De hecho, recuerdan que los trabajadores con educación universitaria tiene al menos cinco veces más posibilidades de tener trabajos que les permitan trabajar desde casa, en comparación con las personas que solo cuentan con secundaria.

Sin embargo, para Hernández, el verdadero problema va a venir derivado del descenso en el nivel de consumo provocado por pasar más tiempo en los hogares: “El café que te tomas al ir a la oficina o la comida de mediodía que haces en el restaurante ya no se van a dar con tanta frecuencia, así como ahora necesitamos menos ropa debido a que salimos menos de casa”, ejemplifica. Así, sectores como el hostelero o textil se van a resentir, mientras que otros como los supermercados crecerán.

“Creo que el teletrabajo como tal no va a perjudicar al empleo presencial, sino al propio estilo de vida en cuanto al tiempo libre”, asegura. Esto, lógicamente, llevará a que haya beneficiados y perjudicados, pero quizás lo más importante sea el consumo, pues “si no hay gastos, no hay movimientos de la economía y esta se contrae”, asevera.

Abiertos a los cambios que están por venir

Además de la educación y el trabajo, otros sectores como el sanitario o el bancario están viviendo toda una revolución protagonizada por la tecnología. Y ahí habrá que prestar especial atención para que la brecha no genere desigualdades en el acceso a los servicios de los ciudadanos. Por ejemplo, asegurando el acceso a todos a la telemedicina, reforzando los conocimientos básicos necesarios para hacer un uso correcto de la misma, o prestando atención al hecho de que aún más de 1.700 millones de personas en el mundo no tienen acceso a los pagos digitales.

En definitiva, la crisis del coronavirus lo que ha hecho es resaltar algo que ya venía ocurriendo pero, no obstante, Hernández se muestra “particularmente optimista con los avances de la digitalización en los diferentes sectores”.

Ahora bien, “la brecha podría aumentar si hay resistencia al cambio por parte de algunas personas. La pregunta es si sería justo que el resto de la población se perdieran las indudables ventajas que la tecnología nos puede aportar porque un reducido porcentaje de ciudadanos no quiera evolucionar”, concluye.

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