Hartazgo, estrés, insomnio, miopía... "Dieta digital" ante los efectos del abuso de pantallas en cuarentena

Aparentemente, estamos pasando la cuarentena enganchados a una pantalla. De media dedicamos la mitad de nuestro día a estar conectados a Internet y esto puede entrañar algunos riesgos.

Pantallas de móviles, tabletas, ordenadores o televisores suponen una ventana al exterior.

Pantallas de móviles, tabletas, ordenadores o televisores suponen una ventana al exterior. // EFE

Innovadores

consecuencias físicas y psicológicas

María Refojos

María Refojos

De media, los españoles dedicamos la mitad de nuestro día a estar conectados a Internet. En concreto, empleamos 79 horas a la semana, lo que supone el 47% de nuestro tiempo confinados, según revela el informe ‘Digital Consumer 24 hours Indoor’ elaborado por Nielsen y Dynata. 

Oscilamos entre el teléfono móvil, el ordenador, la tablet y la televisión el equivalente a más de tres días completos, lo que supone el 7% más de tiempo que antes de que se decretase la imposibilidad de salir de casa. Y repartimos estos momentos entre teletrabajo, redes sociales, plataformas de mensajería instantánea, series y películas en streaming y videollamadas con nuestros seres queridos, con el objetivo de no dejarnos arrastrar por el desánimo y sentirnos lo más cerca posible de las personas con las que el COVID-19 no nos permite estar.

El problema surge cuando lo hacemos en exceso y desarrollamos lo que Manuel Armayones califica de “hipertrofia de lo social”. En opinión de este experto, profesor de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación e Investigador en Behavior Design del eHealth Center de la UOC, la contrapartida a esta necesidad de estar en contacto pese a la distancia es la “infoxicación” o saturación de información a la que estamos expuestos.

“Es lógico que en una situación como esta nos venga bien estar en contacto, pero también hemos de reservar tiempo offline”, señala. 

Ojo a los menores

En el caso de los menores, que han trasladado el aula del colegio a su hogar gracias la tecnología, el enganche es aún mayor. Según muestra un análisis elaborado por Qustodio, plataforma de seguridad y bienestar digital para familias, la actividad online de los niños y niñas españoles ha aumentado el 180% durante la cuarentena.

La Organización Mundial de la Salud insiste en que los menores de 2 años no deberían exponerse a las pantallas. Sin embargo, uno de cada tres niños accede a ellas antes de los 3 años, tal y como revela un estudio realizado por Multiópticas. "Los cierres provocados por el COVID-19 han llevado la actividad en línea a nuevos límites", advierte el CEO y cofundador de Qustodio, Eduardo Cruz, quien afirma en que “con el regreso a la escuela aún incierto y probablemente varios meses de descanso, es importante que los padres creen rutinas para actuar como los nuevos amortiguadores contra la excesiva actividad en línea".

Para el psicólogo Joan Amorós, CEO y cofundador de Desconnexions, "en países como España, donde no se permite a los niños salir de casa y su único contacto con el mundo exterior, incluyendo la escuela, es a través de la tecnología, sabemos que desconectarse durante 24 horas puede ser imposible. Pero pedimos a los padres que al menos reduzcan el tiempo de pantalla y creen tiempos muertos digitales”.

Música, ‘scrolls’ infinitos, reproducción automática, notificaciones o botones de interacción son algunas de las herramientas con las que webs y apps nos retienen al otro lado de la pantalla. Aunque la gratificación que sentimos ante los estímulos digitales es real, porque nuestros cerebros generan dopamina, la hormona asociada al placer, la recompensa y la motivación, la sensación es breve y perecedera. Y nos empuja a buscarla de forma continua. 

Consecuencias psicológicas

Por eso es aconsejable establecer límites de tiempo, tal y como señalan tanto Manuel Armayones como Eduardo Cruz y Joan Amorós, y evitar consecuencias que puedan afectar tanto a nuestra salud mental como física. 

Por ejemplo, de acuerdo con los expertos una exposición excesiva a las pantallas en menores de edad puede generar depresión, falta de autoestima, adicción, nomofobia e incluso comportamientos violentos al intentar retirar los dispositivos. También influye en la capacidad de aprendizaje, según indica un estudio publicado en la revista JAMA Pediatrics, al provocar una menor integridad estructural en la zona del cerebro que apoya el lenguaje y las habilidades de alfabetización emergentes en los niños de preescolar.

 "Aunque es emocionante ver que la tecnología se está utilizando para la educación de los más pequeños y para que no pierdan el contacto con sus amigos, es importante que las familias recuerden que incluso este uso de calidad de la tecnología también debe ser limitado para proteger la salud online de sus hijos", corrobora el CEO de Qustodio.

Encontrar el equilibrio

En los adultos, “hemos de tener en cuenta que al tener en un mismo espacio lo educativo/laboral y el ocio las horas se acumulan. Esto puede estar provocando, y es necesario investigarlo, una sensación mayor de cansancio y hartazgo”, señala el profesor de la UOC, ante el nuevo escenario en el que “todo lo que tuviera planeado hacer en su vida ‘física’ pase a ser virtual”. 

Son varias las reacciones que podemos estar experimentando, como un mayor estrés, sensación de agobio, irritabilidad o sensación de estar infoxicado. “No sabemos lo que va a durar esto, pero si empiezas a sentirte cansado de pantallas es algo que se puede volver contra nosotros”, expresa Manuel Armayones.

La clave está en encontrar el equilibrio y para ello da dos recomendaciones. En primer lugar, aconseja pararse a pensar antes de poner la mano en el dispositivo y preguntarnos si la acción “aporta algún valor adicional”. En segundo lugar, aboga por intentar diversificar: “Está bien, por ejemplo hacer ‘dieta digital’”. 

Por otro lado, recuerda que debemos aprender a gestionar y equilibrar los usos que le damos a la tecnología a lo largo del día para evitar la saturación. De acuerdo con este experto, estos usos se dividen en tres grandes grupos: tareas educativas o laborales, búsqueda de información y ocio. 

“En el trabajo podemos proponer a compañeros sustituir tanta pantalla por voz o por trabajo en documentos colaborativos. En el segundo podemos sustituir pantallas por radio (nuestros ojos lo agradecerán) y en el tercero (ocio) habría que diversificar... y leer, también, en papel”, explica Manuel Armayones. 

Consecuencias físicas

El abanico de posibles efectos físicos que pueda tener un mayor tiempo de conexión online y de uso de dispositivos digitales va desde la obesidad hasta el insomnio que causa el color azul de pantallas de móviles y ordenadores al inhibir la producción de melatonina, la hormona del sueño.

Y por supuesto, se pueden producir secuelas oculares como vista cansada, enrojecimiento de los ojos o miopía. En este sentido, el Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas (CGCOO), especifica que el teletrabajo puede conllevar trastornos derivados de la excesiva actividad que realizamos con nuestros ordenadores, como el Síndrome Visual Informático, que puede provocar molestias relacionadas sobre todo con la visión, los músculos cervicales y las muñecas.

Para aminorar los posibles perjuicios de pasar tantas horas ante una pantalla, los ópticos recomiendan aplicar la regla 20-20-20, que consiste en dejar de mirar a la pantalla del ordenador durante 20 segundos después de cada que cada 20 minutos de uso. En su lugar, debemos enfocar la vista hacia algún punto u objeto lejano - sugieren a unos 6 metros de distancia-.

También aconsejan colocar la pantalla del monitor a una distancia entre 50 y 60 centímetros y a una altura similar a la de los ojos o ligeramente más baja. En cuanto a los colores, deben ser siempre claros y mates, y los textos siempre que sea posible, en negro sobre fondo blanco.

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