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Viernes, 13 de diciembre del 2019

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El CD lleva años en peligro de extinción: ¿está su final más cerca?

La música digital ya supone el 58,9% de los ingresos globales de toda la industria. Y de este porcentaje, el streaming es el líder indiscutible.

Las ventas de CDs en España registraron un descenso del 17,4% en 2018.

Las ventas de CDs en España registraron un descenso del 17,4% en 2018. // Bruno Glätsch (Pixabay)

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María Refojos

María Refojos

La forma en la que escuchamos música ha evolucionado en los últimos años, de la mano del crecimiento de Internet y de las nuevas tecnologías. El tránsito del walkman y el discman (si no eres millenial estas palabras te sonarán a chino…) a Spotify, iTunes, Deezer, Google Play, YouTube o Amazon Music ha hecho nuestros bolsos y bolsillos más ligeros. También se han descargado nuestras estanterías, que han dejado de estar atestadas de cajas de plástico o cartón. En esta historia de cambios, la víctima que ha salido peor parada es el formato físico y, más especialmente, el CD, que todavía resiste pese a su declive. 

Un cambio de hábitos

A los consumidores, sobre todo a las generaciones más jóvenes, el escenario tecnológico les ha sobrevenido de forma fluida, casi natural. A nivel global, los smartphones son el segundo dispositivo más usado para escuchar música, solo por detrás de la radio. El porcentaje de tiempo de escucha a través del móvil supone el 27% del total, según los datos del ‘Global Music Report 2019’ de IFPI. La cifra aumenta considerablemente entre los más jóvenes: supone el 44% del total en el rango de edad de 16 a 24 años.

¿Y qué formato de música puede ser escuchada en el móvil? La respuesta es clara: música en streaming, ya sea gratuita o de pago. El 89% de los encuestados por IFPI asegura usar algún tipo de servicio de streaming, lo que supone un elevado incremento desde el 57% registrado en 2017. De nuevo, se ve el salto por edades. De los que tienen entre 16 y 24 años, el 83% escuchan música en streaming, y el 75% de los que tienen entre 25 y 34 años escogen este tipo de plataformas.

Cuando surgió Napster a finales de la década de los 90, la plataforma de intercambio y descarga de ficheros entre usuarios, la industria se apresuró a cerrar la web y otras similares y dejó pasar la oportunidad de aprovechar cualquier posible aplicación legal.  

Fue Apple la que recogió el guante con éxito años después y alumbró iTunes, la librería digital de venta de música, y iPod, el dispositivo con el que podíamos tener "mil canciones en nuestro bolsillo", tal y como lo definió Steve Jobs. Ambos supusieron un verdadero revulsivo al aupar la escucha digital y convertir un reproductor MP3 en un producto no solo funcional, sino también atractivo para todo el mundo. 

¿Lentos de reflejos?

La industria de la música se subió al carro, aunque había sentimientos encontrados. Jon Bon Jovi llegó a afirmar en una entrevista para The Sunday Times Magazine que "Steve Jobs era personalmente responsable por matar a la industria de la música".

Pero Jobs lo que estaba haciendo era responder a las demandas de los consumidores de música. Y lo que muestran las cifras es una importante y sostenida recuperación tras el bache de principios de la década del 2010. El informe de IFPI, que recopila datos a nivel mundial, revela que en 2018 el mercado de la música grabada creció un 9,7%, hasta ingresar 19.100 millones de dólares. Es el cuarto año consecutivo al alza y, lo más relevante, supone retornar a ganancias que no se veían desde 2006.

Y esto se debe fundamentalmtente al auge de la música digital, que ya supone el 58,9% de los ingresos globales de toda la industria. Y de este porcentaje, el streaming es el líder indiscutible al generar el 46,8% de los ingresos totales, hasta los 9.000 millones de dólares. Sin embargo, en 2010, cuando Spotify caminaba hacia el estrellato con 10 millones de usuarios registrados en siete países, de los que cerca de medio millón eran de pago, todavía luchaba contra la reticencia de las discográficas de Estados Unidos. La empresa sueca, que funcionaba desde 2006 y se lanzó al mercado europeo en 2008, tuvo que esperar hasta 2011 para vencer la oposición de las multis estadounidenses. 

Aparentemente artistas y discográficas, los principales actores del sector, han estado lentos de reflejos tanto a la hora de prever los cambios como de acoger las oportunidades que estas innovaciones suponían. Y, sobre todo, a la hora de captar las señales que emitían sobre las nuevas preferencias del público. Napster supuso un bocado difícil de tragar, el iPod llevó la transición al punto de ebullición y el streaming fue la guinda del pastel. Un pastel que, por cierto, tiene menos porciones a repartir en lo que a ingresos se refiere. 

Mientras los usuarios han ido cambiando sus formas de consumo, los hitos tecnológicos de los últimos tiempos han procedido de ámbitos fuera del control de artistas y discográficas. Antonio Guisasola, presidente de Promusicae, argumenta esta percepción: “Hay que tener en cuenta que somos una industria que lo que hace es producir música y tratar de venderla. Cuando aparecen los modelos disruptivos, tenemos que adaptar los contratos, el régimen de funcionamiento, etc”.

En este escenario, la visión del máximo responsable de la asociación que representa a la industria discográfica de España es que sí se ha apostado por la digitalización, una vez que el planteamiento era lícito, en referencia al debate suscitado en torno a Napster. “Lo que hacía legalmente no se podía replicar porque no teníamos las licencias de los artistas y autores para vender en estos formatos. Cuando existen plataformas legales de distribución digital, la industria cambia y se adapta a esos mercados digitales”, añade Antonio Guisasola. 

“El CD sigue vivo”...

Y frente al repunte de la música online, los ingresos por venta de música en formato físico cayeron de nuevo en 2018 en todo el mundo, encogiendo el 10% con respecto al año anterior. En este descenso hay que hacer una salvedad con el vinilo, que está viviendo una segunda juventud. Este formato ha encontrado un nuevo público que, aunque muy de nicho, está garantizando su pervivencia, y le ha llevado a registrar un crecimiento del 6% en 2018. 

No ha corrido la misma suerte el CD. Teniendo en cuenta que el vinilo solo representa el 3,6% del mercado global, vemos que el grueso del batacazo en las ventas corresponde al disco compacto. Hace más de una década que se viene anunciando la muerte de este formato. Según los datos de Promusicae, en España fueron 6,54 millones de CDs vendidos en 2018, con unos ingresos de 53,8 millones de euros, frente a los 7,92 millones de unidades vendidas y los 66,9 millones de euros ingresados en 2017. Es decir, un descenso del 17,4% en las ventas y del 19,5% en las ganancias.

Sin embargo, el enfermo no acaba de entrar en fase terminal y lo cierto es que, al menos en España, este año incluso se ha registrado un repunte en las ventas. Durante los seis primeros meses de 2019 las ventas de CDs registraron un rebote, por primera vez desde 2014. Los españoles gastaron 24,1 millones de euros comprando discos compactos, un 9,7% más que un año antes. 

“Hace mucho que se venía anunciando a bombo y platillo la muerte del CD. Parecía que hasta tenían prisa en que así ocurriera. La realidad es que el CD sigue vivo y muy presente para cualquier amante de la música”, afirma Rubén G. Herrera, director de producción de RockCD Ediciones, una de las pocas empresas en España que todavía sigue editando discos físicos. Según explica, la empresa no ha dejado de crecer “en volumen de trabajos editados desde 2011” debido fundamentalmente a los artistas y grupos autoproducidos y a los sellos independientes, para los que “el CD sigue siendo la base de sustento”. 

Miguel Martorell, Director de Altafonte España, coincide en que aunque “se lleva hablando años de la muerte del formato físico”, se siguen vendiendo CDs “más como un objeto de merchandising o de coleccionista, porque cada vez más existen menos lugares donde ponerlos”. Un factor, el de los reproductores, que también señala Rubén G. Herrera: “Al final parece que han sido los fabricantes de coches los que han dado el golpe definitivo al CD, eliminando el clásico reproductor de los nuevos modelos”. Y no solo los coches, también los ordenadores e incluso las minicadenas están abandonando el reproductor de discos compactos. 

… ¿Desaparecerá el CD? 

Así las cosas, la pregunta que hacemos a estos expertos es si asistiremos a la desaparición del CD como soporte para escuchar música. “Las transiciones entre modelos no serán tan fatales ni tampoco tan inmediatas”, apunta el director de producción de Rock CD Ediciones, quien indica el “descomunal” margen de beneficio a corto plazo de la venta de CDs con respecto a una promoción digital como razón de peso para retrasar este final. Coincide Antonio Guisasola, quien incide en que los “ciclos de vida y de generación de ingresos” de ambos formatos son distintos y, por tanto, complementarios.   

Miguel Martorell señala que “en Altafonte somos grandes amantes del formato físico y creemos que siempre se mantendrá, aunque todavía tendremos que ver una transformación de su uso. ¿Quién le iba a decir a nuestros padres que los LP’s acabarían metidos en marcos en las paredes de nuestras casas?”.

Por su parte, Antonio Guisasola reconoce que el CD es cada vez “más minoritario, pero de ahí a augurar la desaparición inmediata, yo creo que no”. Y recuerda que esta ‘crónica de una muerte anunciada’ ya tuvo lugar con el vinilo, cuando nació el CD: “Es una tradición, cuando aparece un formato nuevo parece que el anterior va a desaparecer”. 

Entonces, ¿qué perspectivas puede esperar el CD? El presidente de Promusicae apuesta por una coexistencia de todos los formatos que beneficia al usuario, que “tendrá la opción de acceder a la música como prefiera”. Es decir, los amantes de lo retro podrán adquirir su CD o su vinilo, inspeccionar el libreto y el arte gráfico, mientras que los más jóvenes seguirán decantándose por lo digital.  

“Efectivamente, nosotros vemos esta dinámica en los artistas y bandas más jóvenes y su actitud absolutamente reacia a editar copias físicas. Ese filtro por edad, sin duda es uno de los datos clave para autoconvencernos que las próximas generaciones ya apenas sabrán lo que es un CD”, concluye Rubén G. Herrera.

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