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Viernes, 13 de diciembre del 2019

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Ventajas e inconvenientes del voto electrónico en las elecciones generales

Los ciudadanos y los gobiernos podrían beneficiarse de los efectos que tendría la implantación de este método de votación. Ahora bien, para ello es imprescindible un acuerdo político para modificar la ley. Dicho esto, hagan sus apuestas

El voto electrónico conlleva ventajas e inconvenientes

El voto electrónico conlleva ventajas e inconvenientes // Arek Socha (Pixabay)

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ELECCIONES

Fran Leal

Fran Leal

El próximo 10 de noviembre estamos invitados, de nuevo, a la fiesta de la democracia. Nuevas elecciones y algunos vuelven a plantearse la misma duda. Si podemos hacer prácticamente todo tipo de gestiones administrativas de manera telemática, ¿por qué no se implanta el voto electrónico en unas elecciones generales?

Algunos países ya tienen experiencia al respecto. Suiza, por ejemplo, ya lo utiliza en algunos cantones desde 2004, y en Estonia se instauró en 2005. De hecho, en este último país, en los comicios de marzo de este año, casi la mitad de los votantes se decantaron por el voto electrónico.

¿Qué ventajas tiene?

Para conocer de primera mano qué podría conllevar la implantación del voto electrónico en las elecciones generales en nuestro país, hemos contactado con Scytl, compañía que ya ha gestionado electrónicamente numerosos eventos electorales, entre los que destacan las elecciones al Parlamento Europeo, las elecciones consulares en Francia o las elecciones legislativas en Emiratos Árabes.

Entre las ventajas, Víctor Hidalgo, pre-sales manager de Scytl, destaca las siguientes:

  • Desde el punto de vista del ciudadano, “el voto por Internet es sinónimo de mayor movilidad y comodidad, ya que permite votar desde cualquier lugar y mediante cualquier dispositivo con conexión”. Además, las personas con discapacidad ganan en integración, al poder ejercer su derecho “de forma totalmente independiente, sin ayuda de terceros”. Y otro elemento a tener en cuenta es que “previene errores involuntarios de voto”, como seleccionar más o menos opciones de las que debe.
  • Para los gobiernos, el voto electrónico conlleva “una mayor participación, una mayor eficiencia del proceso electoral (al facilitar la logística y agilizar la publicación de resultados) y una eficiencia económica importante”, expone Hidalgo. Este último aspecto del ahorro económico vendría motivado por la eliminación de “costes relacionados con el voto en papel y postal”, por no hablar de lo que significa una repetición electoral como la que tendrá lugar el 10 de noviembre, que “supondrá casi 140 millones más al erario público”, afirma.

Dos inconvenientes a tener en cuenta

No obstante, y a pesar de las ventajas que hemos mencionado, Hidalgo también apunta dos inconvenientes que no podemos obviar:

  • Por una parte, “desde el punto de vista legislativo, es necesario cambiar la ley electoral para poder equiparar los votos electrónicos con los votos en papel”, lo que precisa de un consenso político, “que en muchos casos es difícil de encontrar”, añade.
  • El ámbito de la auditoría también puede suponer un reto, porque “los votos electrónicos no se pueden auditar físicamente como los votos en papel”, aunque existen otros métodos “igual de seguros” para hacerlo a través de la tecnología, “que permiten verificar el comportamiento del sistema y de los votos emitidos”, asegura Hidalgo.

¿Cuánto tendremos que esperar?

Además del consenso político, que hoy por hoy parece más lejos que nunca (sea cual sea el tema), existen otros motivos que están retrasando la implementación del voto electrónico. “Se tendría que reformar la LOREG, que es la ley orgánica que regula cómo se gestiona el sistema electoral”, apunta Hidalgo.

“En política es muy difícil hacer previsiones”, asevera, pero del mismo modo que ocurre en todas las esferas, quizás lo más sensato sea ir poco a poco. “Consideramos que en España se introducirá primero el voto electrónico para los residentes en el extranjero, que se suelen quejar de las dificultades del proceso”, comenta.

No obstante, las modificaciones en los sistemas de votos suelen ir acompañados de la máxima prudencia por parte de los gobiernos, dado que “se trata de un proceso delicado en el que no se pueden asumir riesgos”, concluye Hidalgo.

Hay que recordar que, además, los propios electores aprecian las votaciones presenciales como si de un rito se tratase. Por ello, los cambios en los procesos electorales deben ir de la mano de la pedagogía, para mitigar la desconfianza que puedan mostrar los ciudadanos ante la intervención de la tecnología en las votaciones.

En definitiva, las ventajas del voto electrónico son más que atractivas, pero siguen existiendo algunas zonas por esclarecer.

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