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Sábado, 21 de septiembre del 2019

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Y tú, ¿a qué tipo de familia conectada perteneces?

La relación que los hijos tienen con la tecnología viene marcada en buena parte por la posición que adoptan y defienden los padres. Analizamos los 5 tipos de familia conectada y las principales controversias que suscitan

Existen 5 tipos diferentes de familia conectada

Existen 5 tipos diferentes de familia conectada // Gerd Altmann (Pixabay)

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TECNOLOGÍA Y FAMILIA

Fran Leal

Fran Leal

Las familias están cambiando, y no es para menos. El impacto que la tecnología e Internet tiene en todos los ámbitos también alcanza a los hogares y a la manera de relacionarnos con ella. Pero, ¿cuáles son los tipos de familia que hay en nuestro país en función de su relación con la tecnología?

5 tipologías bien diferenciadas

La plataforma de seguridad y bienestar digital Qustodio, a través de su estudio Menores e Internet: la asignatura pendiente de los padres españoles, arroja luz sobre el asunto. Tras más de 2.000 entrevistas a madres y padres de toda España, y también de EEUU, han identificado 5 clases de familia conectada.

  1. Relajadas: comprenden aquellas con hijos de entre 12 y 17 años, con padres mayoritariamente por encima de los 45 años. Se caracterizan, sobre todo, por la permisividad y por dar a los hijos una mayor cuota de autonomía. Además, su preocupación respecto a los riesgos de Internet no es muy alta.
  2. De la vieja escuela: se parece bastante al tipo anterior, pero son bastante más estrictos y supervisores con los más pequeños. Gracias a esto, y aunque no son expertos en la materia, consiguen conocer mejor el entorno digital.
  3. Familias P: reciben este nombre porque son permisivas, pero preocupadas. Más jóvenes que las familias relajadas, muestran una preocupación mayor por cómo es la relación de sus hijos con las nuevas tecnologías, y confiesan no siempre conocer la manera de tratar el asunto.
  4. Protectoras: son familias más jóvenes, con hijos pequeños, que buscan un equilibrio entre la autonomía y la protección. Ante los riesgos que implica el ámbito digital, toman medidas de supervisión.
  5. Techies: la relación con la tecnología está más normalizada e, incluso, se podría decir que son expertos en este aspecto. Ese conocimiento les hace proteger a los niños, al menos a los más pequeños, ante los peligros que conocen a la perfección.

Las relajadas, las más numerosas

En España, según el citado estudio, la familia más común es la relajada. En Estados Unidos, en cambio, predomina la de la vieja escuela. Y como podemos ver en el gráfico, en nuestro país aún son muy pocas las familias que dominan este ámbito.

Buscando una relación sana

Más allá de los tipos de familia, lo conveniente es alcanzar una relación sana de nuestros hijos con la tecnología. Y, para ello, es vital “el grado de conocimiento y madurez digital de los padres. Hay veces que los padres no saben gestionar esta relación, porque no saben hacerlo ni para ellos mismos”, sostiene Ángel Barbero, profesor de Tecnología de EAE Business School.

Para rebajar una excesiva permisividad (que conlleva riesgos potenciales) y abogar más por la supervisión y el acompañamiento, hay que desterrar las prohibiciones excesivas. “Muchas veces, la prohibición viene del desconocimiento; no te dejo hacer esto porque no sé qué efecto puede tener en ti y prefiero evitarlo y no analizarlo en detalle”, explica Barbero.

Mariano Urraco, sociólogo y profesor de esta materia en Udima, también defiende esta idea: “Es indudable que el control parental no será eficaz si se limita a lo punitivo, al castigo. Se debe ofrecer una alternativa que encauce al niño en pautas de conducta socialmente deseables”. Además, el sociólogo hace hincapié en que en los niños es inevitable una cierta desviación de la norma y “lo que hay que lograr es que esa desviación se ubique dentro de los márgenes que la sociedad puede asumir, y no fuera de los mismos”.

“No se puede poner puertas al campo”

Además de los contenidos e informaciones a los que puedan acceder desde sus dispositivos, otro de los aspectos más controvertidos es el tiempo de exposición a las pantallas. Al respecto, el foco habría que ponerlo más en lo cualitativo que en lo cuantitativo, porque los tiempos y formas de socializar han cambiado de la mano de la tecnología.

“En el imaginario colectivo se asocia con demasiada frecuencia, todavía, la pantalla del ordenador con la pantalla del televisor, cuando en realidad no tienen nada que ver”, asegura Urraco. “La televisión es unidireccional, mientras que las pantallas de los dispositivos son una auténtica ventana al mundo exterior”, sostiene el sociólogo. Barbero, por su parte, cree que “hay que empatizar con la manera que tienen de socializar entre ellos, porque la realidad es que se están relacionando”. Lo cierto es que, como afirma el profesor de Tecnología de EAE, el mundo digital forma parte de nuestro día a día, y negarlo es contraproducente. “No se puede poner puertas al campo; hay que quitar ese tinte negativo, y normalizar y controlar esta relación”, afirma.

En definitiva, el mundo digital y el físico forman parte de un mismo universo, y separarlos como se hacía unos años atrás es un error: “No deja de ser chocante que muchos padres permiten un acceso sin control a situaciones que prohibirían a sus hijos en el mundo físico”, expone el profesor de Udima. “Convendría que los padres no establecieran una separación entre lo que se puede hacer en la vida real y lo que se puede hacer en Internet. Esta separación no existe (ni debe existir) en una sociedad como la nuestra, en la que los individuos son ya ciborgs que se sirven de sus dispositivos electrónicos en la vida cotidiana”, concluye Urraco.

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