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Sábado, 21 de septiembre del 2019

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Nomofobia: 4 de cada 5 españoles tienen miedo a estar desconectados

La presión que ejercen el trabajo y las redes sociales nos obliga a estar permanentemente conectados a nuestro móvil. Esto, con el tiempo, genera una adicción que conlleva otras consecuencias más severas a nivel social y de nuestra propia salud

Un uso abusivo del móvil puede repercutir en nuestra salud

Un uso abusivo del móvil puede repercutir en nuestra salud // FERRAN NADEU

Innovadores

SALUD Y NUEVAS TECNOLOGÍAS

Fran Leal

Fran Leal

El miedo irracional a estar desconectado del teléfono o nomofobia, en principio, puede parecer una exageración. Pero se ha convertido en un serio problema de nuestro siglo. Según el Instituto Psicológico Desconect@, el 77 por ciento de los españoles lo sufre. Y las consecuencias no son para tomárselas a broma.

Todos estamos expuestos

En un principio, puede parecer que son los jóvenes los más vulnerables, pero no es así. Mariano Urraco, sociólogo y profesor de esta disciplina en Udima, cree que “el móvil ha convertido (o está convirtiendo) a las nuevas generaciones en cyborgs. Su socialización ya incorpora el móvil y desplaza otros elementos. Seguramente, el choque es mayor para quienes se socializaron en otro contexto en el que la tecnología y esa necesidad de conectividad permanente era menos exigente”.

La directora corporativa de IMF Business School, Francisca Morán, comparte esta opinión: “Los jóvenes han convivido más con estas tecnologías y lo viven de una forma más natural”, mientras que personas de edades más avanzadas “han tenido que sufrir un proceso de adaptación”. En cualquier caso, Morán destaca la singularidad de cada situación y cada contexto, por lo que no cabe generalizar.

Desde Desconect@, su director Marc Masip afirma que se ven afectados por igual los adultos y los jóvenes, porque no deja de ser adictivo para todos. Además, resalta que, en su opinión, en lugar de hablar de nativos digitales deberíamos hablar de analfabetos digitales, porque “no han recibido ningún tipo de formación al respecto, sino que se han encontrado con las tecnologías y las utilizan. Es muy parecido a lo que hacen los adultos”, destaca.

En su instituto, que tratan esta y otras adicciones, el 98 por ciento de sus usuarios son adolescentes, frente al 2 por ciento de adultos. Sin embargo, esto no debe confundirnos: “Al adolescente le obligan a venir; los padres detectan la problemática y él se ve obligado. No obstante, cuando llegan, entienden el problema, saben que tienen que cambiar y el tratamiento funciona muy bien”. En cambio, y aquí radica esa proporción 98 a 2, “el adulto cuando viene es aún más sencillo, porque ya tiene la predisposición a cambiar. Ahora bien, viene muy poco, porque es necesario que uno mismo detecte el problema antes y asumir esa adicción”, explica Masip.

Redes sociales, un foco del problema

Cuando miramos qué está contribuyendo a esta dependencia del teléfono móvil, nos encontramos con dos enemigos recurrentes si son mal gestionados: las redes sociales y el trabajo. “El ser humano se ha convertido, como dicen algunos sociólogos, en un animal de confesión, un sujeto obligado a estar continuamente mostrando parte de su vida, que es, al final, lo que son las redes sociales”, afirma Urraco.

Añade el sociólogo que “parece que se ha generado una necesidad de medir la felicidad (o el valor de las personas) a partir del número de experiencias que viven”, y que comparten por las redes, podríamos puntualizar.

Masip apunta también en esta dirección. A su parecer, “hay un reconocimiento social en las publicaciones y comentarios, pero la versión que vendemos de nosotros mismos no siempre cuadra con la realidad”. Y en este punto empiezan a aparecer los problemas. “Entre lo que eres y lo que vendes ser hay un nivel alto de frustración que lleva a la adicción, la depresión o sentirse mal con uno mismo”, explica el director de Desconect@.

Imposible desconectar del trabajo

Otro de los factores que más influyen en el desarrollo de este trastorno es “la necesidad de que los trabajadores están permanentemente disponibles y accesibles para todo el mundo, que para la empresa es ventajoso pero acaba generando disfunciones”, sostiene Urraco.

El trabajo “ocupa buena parte de nuestro tiempo vital”, opina Morán, que señala que, más allá de la flexibilidad que aporta ,“corremos el riesgo de estar hiperconectados. Hay que buscar el término medio para hacer un uso responsable”.

Por otra parte, la adicción al móvil también afecta negativamente a nuestro desempeño. Como afirma Masip, “si en el trabajo un adulto está todo el rato pendiente del dispositivo, no rinde igual. Incluso, el hecho de irse a dormir y utilizarlo más tiempo del debido conlleva un peor descanso, que también se nota en el rendimiento”.

Consecuencias importantes

Tener esta dependencia de nuestro teléfono móvil conlleva una serie de perjuicios a tener en cuenta:

  • Relaciones personales. Estar pendiente del teléfono mientras hablamos con alguien puede hacer que no estemos centrados ni en una cosa ni en la otra. De hecho, según apuntan desde IMF Business School, en referencia al estudio Three’s Company: Lovers, Friends and Devices (McAfee), uno de cada tres usuarios cree que su pareja dedica más tiempo a su móvil que a la relación. A nivel de amigos y familia, la invasión del móvil también puede traernos conflictos de manera frecuente.
  • Salud. Según el Centro de Estudios Especializados en Trastornos de la Ansiedad (CEETA), el 53 por ciento de los usuarios sufre ansiedad al quedarse sin batería o perder su teléfono. Como vemos, la cosa se pone más seria aún. Además, se pueden sufrir otras dolencias en cabeza o estómago, la aparición de pensamientos obsesivos, o taquicardias y ataques de pánico, como advierte Sanitas.

¿Cómo evitar el trastorno?

La información y una autoevaluación, “racionalizando y evitando los automatismos”, como señala Morán, son una buena manera de protegernos. En el mundo en que vivimos, las redes sociales o el móvil forman parte de nuestra vida, y tenemos que asumirlo, como apunta Masip. No obstante, un uso comedido y analizarnos a nosotros mismos nos puede permitir atajar los posibles abusos que estemos cometiendo, evitando así los riegos y perjuicios que conllevan.

Desconect@ muestra cuáles son las señales de riesgo, las consecuencias y el tratamiento ante este problema en relación con los más jóvenes.

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