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Martes, 15 de octubre del 2019

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4 focos de innovación que ayudarían al taxi a convivir con los VTC

En plena huelga indefinida del taxi en Madrid y Barcelona, repasamos con el profesor Jordi Damià algunas de las posibles ideas que podrían ayudar a la coexistencia de ambas opciones de transporte

Concentración de taxistas en las inmediaciones del recinto ferial de Ifema, en Madrid, en el segundo día de la huelga indefinida del sector 

Concentración de taxistas en las inmediaciones del recinto ferial de Ifema, en Madrid, en el segundo día de la huelga indefinida del sector  // Chema Moya (EFE)

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Agustina Barbaresi

Esta semana, la huelga indefinida que han convocado los taxistas en las ciudades de Madrid y Barcelona en contra de las empresas de VTC (Vehículo de Transporte con Conductor, tipo Cabify o Uber) es protagonista absoluta de las portadas y ha alterado la vida de ambas ciudades. Tras sólo 48 horas con un seguimiento que los organizadores cifran en el 100%, este paro ha provocado incidentes graves y un trastorno a muchos ciudadanos en sus desplazamientos diarios.

¿Qué está pasando? Los taxistas están en huelga, como ya sucedió en 2018, porque piden coto a los VTC, con medidas como que sólo haya una de estas licencias por cada 30 de taxi, que el Gobierno ceda las competencias de transporte a las comunidades autónomas o que los VTC no puedan hacer trayectos urbanos.

El sector culpa a esta nueva opción de transporte de sus males. Sin embargo, la realidad es que los competidores del taxi están prosperando porque el propio consumidor demanda un servicio más actualizado. En palabras de Jordi Damià, profesor de EAE Business School, “el sector de taxi se encuentra amenazado no por la aparición de competidores con modelos de economía colaborativa, sino por el cambio en la forma en que el cliente consume los servicios de transporte de pasajeros. Este cambio de actuación y necesidades de los usuarios es incontestable y provoca que la irrupción de competidores como Cabify o Uber en el sector del taxi tradicional sea inevitable”.

Cambios necesarios

En opinión de este experto, dado que el problema estratégico al que se enfrentan es inevitable y viene marcado por el entorno y el aumento de una competencia más adaptada a las demandas del consumidor actual, “el planteamiento que deben llevar a cabo debe de ser diferente al de hacer huelgas y movilizaciones, ya que, aunque están en todo su derecho de hacerlas, son acciones poco efectivas y pueden, además, dañar su imagen”.

Es necesario que el sector del taxi introduzca algunos cambios. Aunque es natural que exista una resistencia a hacerlo. Al fin y al cabo “todos los sectores tienen resistencia al cambio y más en un sector que se definía como servicio público y que hasta hace relativamente poco funcionaba como un monopolio. Hay que tener en cuenta que para poder tener licencias, los taxistas han pagado mucho dinero. Además, también han abonado un conjunto de tasas y tienen unas obligaciones que, en principio, los VTC no tienen. Es lógico el malestar y la resistencia. Lo que no es lógico es intentar poner puertas al campo”, explica Damià.

Hace falta que el sector se adapte, aunque también necesita dos cosas para conseguirlo: tiempo y ayudas. “Aunque soy partidario de la autoregulación del mercado, sobre todo en productos de consumo, sí que es verdad que en este caso la inversión de los taxistas se debería proteger. Ya sea dándoles tiempo para modernizarse y adaptarse a las condiciones que ofrecen las VTC, ya sea mediante ayudas, subvenciones… Sería igual que otros sectores regulados que se han reconvertido, como el agrario o los astilleros”, afirma este experto

4 formas de adaptarse al nuevo entorno

La propuesta de Damià es que los taxistas aprovechen sus fortalezas como colectivo para afrontar mejor las amenazas y generar nuevas oportunidades de negocio. Y, para conseguirlo, hay 4 acciones concretas que pueden plantearse.

La primera sería que el sector utilice su poder de compra y negociación para para reducir costes tanto en la adquisición de vehículos, como en los combustibles y el mantenimiento. Una de las sugerencias de Damià es que busquen un acuerdo con un gran fabricante de vehículos eléctricos.

La segunda idea es que amplíen el negocio, aprovechando el potencial y el tamaño de su red, para “ofrecer servicios de tipo logístico para el transporte de última milla”.

El aspecto tecnológico es crucial. Gran parte de la popularidad que han alcanzado compañías como Cabify o Uber se debe al buen funcionamiento de sus apps. Así que la tercera vía de actualización pasa por ofrecer la misma experiencia que las VTC “y hacerlo de manera global para cada ciudad”.

Por último, Damià plantea la posibilidad de crear “un servicio Premium, como mínimo el mismo que ofrecen sus competidores: más información al cliente, agilidad en la reserva y el pago, wifi, información turística, ofrecer servicios como bebidas, etc”.

En suma, lo que propone es que los taxis se conviertan “en el trasporte de proximidad por excelencia, ofreciendo servicios logísticos, de guía turístico e incluso de soporte domiciliario; y todo eso con la agilidad, velocidad y atención que ofrece la tecnología”. Esto sería especialmente importante en grandes ciudades como Madrid o Barcelona.

Si proliferan las VTC es porque hay demanda, porque los ciudadanos necesitan y buscan opciones de transporte con conductor (mención aparte a los servicios de alquiler de coches eléctricos o el carpooling). En palabras de Damià, “el consumo se autorregula y en función del número de pasajeros o picos de trabajo, como ferias o momentos puntuales del año, aparecen jugadores que ayudan a equilibrar el mercado”. Está convencido de que en el mercado hay sitio para todos. Nada como apelar al sentido común y la concordia.

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