Benchmarking: qué es y por qué es un buen momento para implantarlo en tu empresa

La mejora en la generación de valor de las compañías es una máxima innegociable. Y quizás ahora más que nunca en el nuevo escenario derivado de la crisis del coronavirus. Así, puede ser un buen momento para implementar el benchmarking

Benchmarking: qué es y por qué es un buen momento para implantarlo en tu empresa

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Gestión Empresarial

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Fran Leal

Fran Leal

Las organizaciones tienen por delante múltiples retos en el nuevo entorno que se está configurando tras la crisis sanitaria del coronavirus. Y a la hora de generar valor, es más necesario que nunca contar con herramientas que permitan optimizar resultados y adaptarse a los continuos y vertiginosos cambios que surgen cada día.

Conocedores de esta necesidad, desde el Club Excelencia en Gestión elaboraron hace unos meses en colaboración con sus socios la Guía Inicial de Benchmarking, de acceso libre en su web, con la que ponen el foco en esta herramienta que, aunque no es algo realmente nuevo, para muchos puede resultar toda una novedad y en estos momentos suponer un cambio de rumbo muy provechoso para su compañía.

¿Qué es el benchmarking?

Para aquellos que no hayan oído hablar del benchmarking, hace referencia a la comparación ordenada y metódica de resultados y de formas de hacer entre organizaciones para ayudarlas a mejorar. En este sentido, según nos cuentan Denise Sánchez, responsable de Benchmarking del Club Excelencia en Gestión, y Miquel Romero i Grané, director de Vida Asociativa y Conocimiento, “se trata de la acción de compararte con el mejor o los mejores para aprender de una actividad o un proceso”. En definitiva, acercarse a los más exitosos, a aquellos que hacen con los mejores resultados lo que queremos hacer nosotros.

Como decíamos, no es algo nuevo. Por mucho que se diga que las comparaciones son odiosas, lo cierto es que, bien entendido, ya sea como individuos o como organizaciones, siempre nos hemos comparado con otros, para desafiarnos, aprender y mejorar. Y en este sentido, “las técnicas del benchmarking aceleran y optimizan el proceso”, aseguran, algo para lo que se emplean diferentes herramientas:

-En primer lugar, el método. Hay que tener muy claro que el benchmarking no es una actividad puntual y por ello debe estar instituida en la cultura de la organización, es decir; ser uno de los principios básicos de su comportamiento.

-Además, resulta imprescindible el autoconocimiento, donde la capacidad para la evaluación es determinante. Saber qué mejorar, cómo hacerlo y reconocer los factores críticos del éxito. Para ello, “es clave conocer e implementar el Modelo EFQM en la gestión”, afirman.

-Por último, según nos relatan los expertos del Club Excelencia en Gestión, “debemos buscar la mejor organización para compararnos y saber qué es lo que les hace mejores” al resto. Y al respecto, se precisa esfuerzo y tesón a la hora de generar espacios de confianza, donde podamos compartir experiencias, buenas prácticas o resultados.

Múltiples beneficios

Las ventajas de adoptar en la compañía una técnica como la del benchmarking pueden ser muy notorias. En primer lugar, porque encamina a cualquier organización hacia la mejora de resultados. Pero no solo eso, sino que también puede repercutir positivamente tanto en la reputación como en la confianza, ya sea de cara a los clientes como a empleados, proveedores y demás grupos de interés.

Por otra parte, el benchmarking también contribuye a que el aprendizaje sea de forma activa, con la puesta en práctica de las estrategias de los líderes y mayores expertos en cada nicho. Con ello, se aprovecha la ocasión para estar a la última en cuanto a las nuevas tendencias de cada campo concreto, con lo que se potencia la legitimidad, a la vez que se fomenta la creatividad y la innovación dentro de la organización.

Además, no hay que olvidar el papel crucial que juega hoy día la adaptación al cambio. Y al respecto, estas técnicas nos ayudan a vencer la resistencia al cambio, tan contraproducente en las compañías, así como a ganar agilidad en los procesos de adaptación.

Se podría decir que, en ocasiones, la actividad del día a día nos lleva a olvidar que, para aprender y optimizar procesos, es fundamental fijarnos en nuestro entorno. Y si las comparaciones las hacemos con los mejores en nuestro nicho, miel sobre hojuelas. De esta manera, quién sabe si el día de mañana no será nuestra organización aquella en la que todos se fijan para mejorar.

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