Catálogos digitales: quiero mi música en Spotify, ¿qué tengo que hacer?

El proceso que implica subir una canción a las plataformas digitales siempre se realiza a través de un intermediario.

“Las plataformas digitales no son redes sociales: la realidad es que todo se termina complicando muchísimo.

“Las plataformas digitales no son redes sociales: la realidad es que todo se termina complicando muchísimo. // Verybunny (Unsplash)

Gestión Empresarial

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María Refojos

María Refojos

Al igual que no podemos llegar con nuestros CD recién fabricados al Corte Inglés más cercano y pedirles que los añadan a la estantería para venderlos, tampoco podemos subir de forma directa nuestro disco a las estanterías virtuales de plataformas como Spotify, Amazon Music, YouTube Music o Deezer. 

Para poder obtener ingresos del streaming necesitamos que nuestra música forme parte de los catálogos digitales de estas compañías. Sin embargo, no vamos a poder lograrlo por nuestros propios medios. El proceso que implica subir una canción a las plataformas digitales siempre se realiza a través de un intermediario, que se encarga de gestionar la documentación y registros necesarios y, en algunos casos, también tramitará los pagos del dinero que genere tu música. 

Spotify es precisa a la hora de especificarlo: solamente se permite la publicación de música a través de una distribuidora. Es una decisión que la compañía sueca reforzó en julio de este año, cuando canceló el proyecto en fase beta que permitía a los artistas gestionar de forma independiente la publicación de su música. Notificó el cierre de esta herramienta, que estaba probando en Estados Unidos, con un comunicado en el que puso en valor el “gran trabajo” de sus partners de distribución y en el que reconocía que invertiría sus esfuerzos en áreas donde pudiera marcar una verdadera diferencia para sus usuarios.

Las plataformas digitales no son redes sociales: la realidad es que todo se termina complicando muchísimo por no decir que, sencillamente, no es viable”, explica Rubén G. Herrera, coordinador del servicio de distribución digital independiente, RockCD/Nooize Digital Distribution.

Lo corrobora Miguel Martorell, director de Altafonte España: “Imagina si es especializado el trabajo que realiza un distribuidor que hasta una plataforma tan grande como Spotify, después de anunciar que permitiría la subida de contenidos directamente a los artistas, valoró el trabajo que eso conllevaría y dio un paso atrás”.

Streaming, sí o sí 

La primera duda a despejar es si queremos subir nuestras canciones a las plataformas digitales para comercializarlas. Aunque el streaming es hoy por hoy el principal formato de consumo de música a nivel global, especialmente para los más jóvenes, hay artistas que han renegado y a los que les ha costado ceder ante estos nuevos canales de escucha. 

Fueron sonados los encontronazos de artistas como Adele, Taylor Swift o Thom Yorke con Spotify, que en momentos concretos de sus carreras rechazaron exponer sus canciones en este escaparate digital. Aunque también es cierto que poco a poco todos se han ido rindiendo a la evidencia: el streaming, tanto en su versión gratuita como de pago, ya supone el 46,8% de los ingresos globales de toda la industria. ¿Moraleja? Su música también se puede escuchar, como no, en Spotify.

Así pues, el siguiente paso es buscar a ese intermediario sobre el que recaerá la responsabilidad. Si tenemos un contrato discográfico, será el sello el que asumirá absolutamente todo el proceso y el que tendrá el control sobre los royalties. 

Si no tenemos discográfica, podemos decidir entre una agregadora o una empresa distribuidora. Las principales diferencias entre estas dos opciones serán la tarifa y el tipo de servicio. Y antes de ponernos manos a la obra, ¿qué necesitaremos tener a mano? El master de la canción o del disco en formato .WAV y una portada cuadrada con un mínimo de calidad.

Agregadora o distribuidora

  • Agregadoras: 

Son empresas como CD Baby, Distrokid, Tunecore o La Cúpula Music que suben la música a las plataformas digitales a cambio de un precio único o de una tarifa periódica. El usuario debe registrarse, completar su cuenta e ir cumplimentando toda la información solicitada, así como proporcionar tanto los audios como los metadatos (la información almacenada en el archivo de música que incluye nombre de artista, álbum, año de grabación, etc) y las imágenes requeridas para acompañar a los lanzamientos.

Es posible configurar una fecha de lanzamiento, aunque como el proceso de publicación lleva varios días, es aconsejable comenzar los trámites siempre con antelación si se pretende lanzar un single o álbum en una fecha determinada para llegar a tiempo. 

También permiten seleccionar los sitios de streaming o tiendas digitales en los estar presente, aunque suele ser más sencillo ampliar el tiro a los más de 150 disponibles y así no dejar escapar ninguna potencial reproducción.

En cuanto a los precios, en el caso de CD Baby aplica un cobro único de 9,95 dólares por una canción o de 29 dólares por un álbum en su paquete estándar, a cambio de la distribución digital en todo el mundo o de licencias de sincronización para televisión, cine y videojuegos. 

Por su parte, Distrokid tiene un coste único de 19,99 dólares por el que se pueden lanzar canciones o álbumes ilimitados y proporciona la opción de asignar un reparto de ganancias, estableciendo porcentajes para todos los que tengan derechos sobre la música. Tunecore cobra por disco 29,9 dólares el primer año y 49,99 dólares los años siguientes, mientras que por canción la tarifa anual es de 9,99 dólares. Y la española La Cúpula Music tiene un precio de 2,99 euros por pista. 

  • Compañías de distribución: 

Ofrecen servicios más completos que las agregadoras y acompañan al músico en el proceso. Por ejemplo, verificarán que los archivos tienen la calidad requerida y que los metadatos son correctos o directamente crearán los metadatos para que se adecúen a las normativas o gestionarán las reclamaciones cuando haya algún error en el lanzamiento tanto por parte de las plataformas comercializadoras, como por ejemplo las coincidencias homónimas a nivel mundial. También administrarán los pagos de royalties o los derechos editoriales. 

“Son los responsables de realizar las conexiones necesarias con las plataformas, garantizar unos mínimos de calidad, adaptar los metadatos del álbum o canción al lenguaje de programación necesario, asegurarse de la publicación… Y otro medio de centenar de procesos que ocurren antes de que el público pueda pinchar play en su plataforma favorita”, indica Miguel Martorell.

Según explica Rubén G. Herrera, “los intermediarios son un valor añadido para las plataformas digitales, que desconocen el contenido que les llega, no tienen suficiente o nulo capital humano y no saben cómo evaluarlo: si es un artista de fama mundial o un pequeño independiente que está empezando. O si el contenido tiene potencial para promocionarlo editorialmente”. 

Spotify, la que más rinde

Altafonte y RockCD/Nooize Digital Distribution son dos de las compañías que más experiencia acumulan en el sector de la distribución de la música en España.

Ambas llevan años trabajando para proporcionar a los músicos un servicio de calidad con el que facilitarles el tránsito al mundo digital manteniendo la “independencia de grandes aparatos (privados o del Estado), para que puedan tener un servicio a medida y también por un coste económico justo”, puntualiza Herrera, incluso a pesar de la “desconfianza” que asegura que existe hacia la figura del intermediario. 

Son miles los discos que ambas compañías han gestionado y cientos de miles de euros los que han abonado a sus clientes en concepto de ganancias por streaming y venta digitales. Ante la pregunta de cuáles son las plataformas digitales más rentables en España, la respuesta por ahora es Spotify

“Actualmente nuestro departamento digital gestiona un catálogo de en torno a 10.000 artistas en España, y la dinámica general en todo ese catálogo es que Spotify está duplicando y a veces hasta triplicando los streams, y por tanto los ingresos, frente a YouTube”, indica el coordinador de RockCD/Nooize Digital Distribution.

YouTube, la plataforma con el mayor número de usuarios del mundo, está planteando batalla con su servicio YouTube Music, y están creciendo también otras plataformas de más reciente creación como Tidal o Amazon Music. En este sentido, el director de Altafonte España considera que “en pocos años tendremos un mercado muy diverso, con opciones para todos los gustos y el público repartido en distintas plataformas, lo cual es siempre una buena noticia”.

Un reparto más justo

Con respecto a los ingresos procedentes de las comercializadoras digitales, a debate por ser todavía más bajos que los resultantes de las ventas físicas, Rubén G. Herrera expone la necesidad de “un reparto más justo de los beneficios”. “Pienso que todas estas herramientas del nuevo mercado se estabilizarán en algún momento, pero seguramente sin permitir que los artistas vivan del contenido generado”, reflexiona.

Por su parte, Miguel Martorell apela a la parte de culpa que comparten músicos, profesionales de la industria y público. “Descargamos mucho la responsabilidad en las plataformas digitales y hablamos poco del uso que hace el público de la música. ¿Cuántos de los millones de usuarios que tiene Spotify en España están pagando por la suscripción? ¿Cuántos optan por plataformas de sonido en alta calidad como Apple o Tidal?”, se pregunta. 

La música es cultura y como tal tiene un coste de creación que debemos tener siempre en mente: entre todos debemos sacar a España de los últimos puestos de las listas de suscripciones de pago de plataformas digitales y entonces exigir que las plataformas paguen mayores ingresos”, concluye el responsable de Altafonte España.

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