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Viernes, 13 de diciembre del 2019

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Juan Riva: "Tenemos un prisma heredado de que el programador es un friki"

Ante la descorrelación entre demanda y oferta de profesionales STEM, el CEO de Immune Technology Institute plantea la necesidad de modernizar el modelo educativo y evangelizar para que los jóvenes entiendan todo lo que se puede hacer con la programación.

Juan Riva: "Tenemos un prisma heredado de que el programador es un friki"

Immune Technology Institute

Futuro

entrevista al ceo de immune technology institute

María Refojos

María Refojos

Analista de datos, experto en ciberseguridad, especialista en robótica o programador de software son algunos de los perfiles con mayor empleabilidad. Las compañías tecnológicas se expanden, las no tecnológicas abrazan la transformación digital, y la necesidad de trabajadores aumenta. Sin embargo, el sector TIC no logra satisfacer su necesidad de mano de obra cualificada.

La Comisión Europea estima en 500.000 los puestos que se quedarán sin cubrir en Europa en 2020, al tiempo que recuerda el “impacto masivo” de la digitalización en el mercado de trabajo y en las skills que los empleadores solicitan. 

En España, el porcentaje de alumnos matriculados en grados técnicos vinculados a los sectores STEM (ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas) se ha reducido en los últimos años. En concreto, descendió un 28% entre 2010 y 2017, de acuerdo con cifras del Ministerio de educación recogidas en un estudio reciente de DigitalES.               

Juan Riva, CEO y fundador de Immune Technology Institute, se embarcó junto con su equipo hace un par de años en el proceso de entender las causas de esta descorrelación entre la demanda y la oferta de profesionales tecnológicos y proponer una solución. El resultado ha sido la inauguración, el pasado mes de octubre, de un centro en el que aspiran a formar a los “programadores, CTOS y emprendedores digitales del futuro”. Ubicado en Madrid, cuenta con modernas instalaciones y ofrece un programa de 3 años de duración para desarrolladores full stack, así como cursos de entre 3 y 12 semanas enfocados en áreas como Ciberseguridad, Voice Tech o Blockchain. Todos se imparten en inglés y garantizan un 100% de empleabilidad. 

Enhorabuena por la reciente inauguración de Immune Technology Institute. ¿Qué les ha llevado a poner en marcha este centro especializado en formación tecnológica?

El origen es saber que hay una demanda insatisfecha global permanente. Hay perfiles que no se cubren ni se van a cubrir a medio plazo. Y la tendencia es que la demanda de profesionales siga aumentando. Empezamos por ver por qué pasaba, qué fallaba en el modelo y en el sistema. No hemos encontrado una razón cuantitativa, pero sí cualitativa: a la gente le suele parecer muy difícil, que los contenidos no les motivan, que los profesores no son buenos, que a veces incluso les contratan antes de acabar la carrera... Una vez entendido esto, empezamos a analizar qué modelos académicos funcionaban mejor y peor, y qué contenidos tenían. 

Así pues, en cuanto a contenidos y metodología, ¿cuáles considera que son las principales características de su formación?

En cuanto a la metodología, nos dimos cuenta de que las generaciones que se incorporan a los estudios ahora están en general muy enfocadas en el corto plazo, por lo que la gratificación y la motivación son muy importantes. Nuestro modelo propone retos que los alumnos tienen que superar. También vimos modelos en los que no hay profesores y los probamos con focus groups, pero aquí no funcionaba. Entonces creamos un híbrido: la figura del ‘miyagi’, que es más un mentor. Está contigo en clase y te guía, pero no te dice lo que tienes que hacer. Formamos a los alumnos para que sean los que resuelven los problemas.

En cuanto a los contenidos, vimos que ya hay muchas escuelas que se centran o en tecnología o en programar. Y lo que nos transmiten las empresas es que eso es importante, pero que echan en falta los personal skills. Por eso hemos unido a la parte técnica el aprendizaje de cómo hablar en público o trabajar en equipo. Y hemos añadido otra capa de Human Science que incluye filosofía, ética, comunicación, finanzas o derecho.

Nuestra visión es que, a medida que el mundo se robotiza, la necesidad de entender por qué hace una máquina las cosas es muy importante. Queremos que un programador de Data Science entienda porque la ética puede tenerse como premisa a la hora de hacer un algoritmo que va a conceder una hipoteca, por ejemplo.   

Entonces esta capacitación en Human Science y soft skills, que supone un 20% del contenido de vuestros programas, ¿responde a una petición explícita de las empresas? 

Está entre sus prioridades principales. Las compañías recurrentemente nos preguntan “cómo podemos hacer para que el programador, que es estupendo en lo que hace, tenga una visión que vaya más allá, que sea más holística”. 

Y además de esta formación en áreas no técnicas, ¿cuáles son las diferencias con otros centros de formación específica en programación? 

Nuestro modelo es más profundo. Hay bootcamps o cursos que están muy enfocados en el corto plazo: si yo hoy veo que hay 1.000 puestos que piden Python, hago un curso de Python y encuentro trabajo. Perfecto. Pero eso va a caducar antes o después, porque la tecnología caduca. Nuestros contenidos van vinculados a la resolución de problemas o retos. Los alumnos a veces necesitarán Python y a veces Angular.

Y queremos ser atemporales, por eso los retos que tenemos hoy dentro de 3 años no estarán y la tecnología habrá cambiado. Nuestros contenidos están vivos. Esto no tiene nada que ver con el método universitario. 

Se presentan como un centro que quiere “romper con las estructuras tradicionales” del actual modelo educativo español. ¿Cuáles son esas estructuras que ven necesario romper? 

No digo que queramos cambiar el sistema educativo actual, lo que digo es que no funciona. Es un hecho irrefutable. Y engloba diferentes aspectos. Uno es la manera de aprender: ¿debería seguir yendo el alumno a clase y escuchar a un profesor que le cuente teoría y hacer poco de práctica? Yo creo que no.

Después, en un mundo en el que tienes que estar actualizándote constantemente, no puedes estudiar algo que sea estático. Además, el conocimiento no tiene que solo estar en el profesor, tiene cambiar a una comunicación bidireccional y participativa. También creemos que la motivación es fundamental, frente a la escucha pasiva. 

Y una vez adaptado el sistema educativo, ¿cómo despertamos en los más pequeños el interés por la tecnología?

Haciéndoles entender la importancia de lo que pueden hacer. Como tenemos un prisma heredado de que el programador es un friki metido en un sótano, no entendemos que ese friki es capaz de hacer un sistema analítico a tiempo real de la sangre que puede salvar la vida de millones de personas. Transformar ese mensaje es clave. La programación no es solo crear videojuegos. Hay que realizar un trabajo de evangelización para que los jóvenes entiendan que se pueden hacer cosas muy importantes. 

Alumnos de robótica. // Immune Technology Institute

La falta de perfiles especializados tiene un impacto directo en el tejido productivo europeo. ¿Se puede considerar una crisis de talento? 

Es un problema global. Se está produciendo un cambio de ciclo industrial, un cambio de modelo. Desde que surge la necesidad hasta que el mercado se adecúa, pasa tiempo. Yo no lo llamaría crisis, sino cambio de ciclo, y va muy rápido.   

Pues por seguir con el término crisis, ¿podríamos considerar el sector tecnológico como ‘la gran esperanza’ para atajar el paro en España ante la inestable situación económica? 

Sin duda. Las cifras están ahí, esto es sentido común. La pregunta es por qué la gente no se está formando en esto. Mi conclusión es que hay un problema de falta de entendendimiento de lo que hay que hacer y lo que se puede hacer. En España además tenemos otro problema, y es que no tenemos referentes de éxito tecnológico. No se conocen. Hay muchos casos de éxito y la gente no lo sabe. 

Por otra parte, muchas compañías está trayendo sus hubs de conocimiento a España. Amazon, American Express, Oracle, HP… Esto es un punto de partida. ¿Como país, cómo aprovecho esto? ¿Apostando por la inteligencia artificial, fabricando casas...? El problema es que ahora nadie está pensando en esto, pero la oportunidad está ahí. ¿Estamos haciendo algo al respecto? No. 

En este escenario, ¿qué podrían hacer las instituciones para reconducir esta situación?

Escuchar a las empresas para entender los problemas que tienen y también a los jóvenes, tanto sus ideas como qué les interesa. Necesitamos que el sistema se mire por dentro, se compare con otros países y se de cuenta de que está fuera. 

¿Y alguna medida concreta?

Tiene que haber pequeños éxitos. Por ejemplo, que se decida apoyar un campo concreto como la ciberseguridad, data science, robótica… Elige uno, apuesta por ello y los proyectos empezarán a florecer. Hay que empezar poco a poco para que las cosas se dinamicen.

Hasta el momento, respondiendo a las leyes de la oferta y la demanda, la contratación de personal cualificado se ha hecho ‘tirando de chequera’. ¿Son sostenibles los salarios que se están ofreciendo en el sector o podemos considerarlo como una burbuja que, como tal, acabe estallando?  

Mi visión es que se va a mantener por dos razones. La primera, porque es una necesidad real, que existe. Y el perfil que se contrata realiza un labor que renta en la empresa: hacen una mejora significativa en ingresos o en gastos y son rentables. Hay una base numérica que justifica estos sueldos. Además, responde a la demanda: faltan profesionales, por lo que se inflacionan los precios. Empresas y consultoras se ven sin perfiles para ejecutar un proyecto, por lo que tienen que tirar de mejora salarial. Salvo una, todas las empresas con las que hemos hablado tienen problemas de captación. 

Los planes de fidelización de las compañías son importantísimos, pero no son el driver de cambio de vida de los empleados. Cuando ves cómo se roban los equipos o como la gente se mueve de un lado a otro, ahí es mucho más importante el dinero y el proyecto. 

Así las cosas, no será complicado para una escuela ‘conquistar’ a estas empresas para que se impliquen en el proyecto. Trabajáis con IBM, Indra, HP, Oracle o SAP. ¿De qué forma colaboran? 

Tenemos varias posibilidades de trabajar juntos: cruzar ofertas de empleo, hacer prácticas en la empresas, hacer papers conjuntos, otras nos dejan hardware para que lo rompamos... Y lo que más nos gusta es que nos presten sus ‘case to be studied’: la empresa nos da un reto que no ha resuelto para que lo trabajen nuestros alumnos. Así conseguimos que sean reales, concretos y puedan tener un uso. 

Además de para ser programadores, hablan de “preparar a los futuros CTOs y emprendedores TIC”. ¿Se puede aprender a ser emprendedor? 

El hecho de aprender a resolver problemas ya es aprender a ser emprendedor. 

Hablan de prácticas desde el primer año y también de “atraer la inversión empresarial”. Además de la ‘tradicional bolsa de empleo, ¿van a mover el talento al que van a formar con una aceleradora o algún otro tipo de fórmula para impulsar y escalar ideas nacidas en el centro? 

Les abrimos las puertas del mundo corporativo, tenemos un consejo con venture capital, para que los alumnos puedan ser apadrinados por ellos, y en el medio plazo probablemente montemos un fondo para ayudar a emprender. 

Cuando analizas de forma global por qué existen los grandes hubs del mundo de tecnología, siempre el origen es la educación. Si eres capaz de hacer un modelo educativo a través del cual formas y atraes talento de calidad, la inversión llega. Hoy hay mucho más dinero que conocimiento. Está toda la gente que invierte como loca buscando talento e ideas buenas. En el momento que consigues crear un ecosistema de conocimiento bueno y de perfiles buenos, todo lo demás irá llegando. Por eso nosotros decimos que nuestro objetivo es cambiar el entorno europeo de tecnología.

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