¿Debe temer Cambridge a Oxford? El reinado en la certificación de inglés, en juego

Existen pruebas bien distintas en relación con nuestro nivel de inglés. Y no todas otorgan un certificado, por lo que deberemos saber, en primer lugar, qué es lo que necesitamos y buscamos, para decantarnos por la opción correcta.

¿Debe temer Cambridge a Oxford? El reinado en la certificación de inglés, en juego

Foto de archivo (Pixabay)

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Fran Leal

Fran Leal

El nivel de inglés en nuestro país no está pasando por su mejor momento. Según refleja el informe EF EPI 2019, de EF Education First, España obtiene un resultado de 55,46 puntos, lo que significa un nuevo descenso en este índice de 0,39 puntos respecto al año anterior, y nos sitúa en el puesto 35 a nivel mundial.

En esto influyen múltiples factores, entre los que habría que destacar el bajo nivel de formación del profesorado o la necesaria implicación no sólo de los individuos, sino también de las empresas, ciudades, regiones y naciones para promover la enseñanza del inglés y mejorar las calificaciones. De hecho, los resultados difieren entre los distintos territorios del país. A nivel regional, País Vasco (58,06), Madrid (57,35) y Navarra (57,09) lideran la clasificación, que cierran por su parte Murcia (53,61), Islas Baleares (52,90) y Extremadura (52,29).

Cómo enfocar la acreditación de nuestro nivel

Dicho esto, si nos decidimos a estudiar lengua inglesa, tendremos que acreditar posteriormente nuestro nivel. Y existen una gran cantidad de pruebas distintas en el denominado mercado ELT (English Language Teaching), por lo que será comprensible que tengamos dudas respecto a cuál realizar, según si lo queremos para un ámbito académico, laboral...

Para aclarar un poco este panorama, hemos charlado con Oxford University Press, quienes resaltan la existencia de 3 grandes grupos de pruebas, dependiendo de lo que estemos buscando:

  • Low-stakes. Sería la prueba de menor nivel y se caracteriza por ser rudimentaria y rápida. Además, el objetivo es colocar al alumno en el curso o nivel correcto, sin llegar a veces a cubrir las cuatro destrezas (reading, speaking, writing y listening). El precio suele ser muy bajo o incluso gratis, pero la validez es prácticamente nula, pues desaparece cuando el alumno se matricula en el nivel que le corresponde.
  • Mid-stakes. Este nivel intermedio es más completo y los resultados no se limitan al alumno, sino que pueden ir dirigidos a un ‘segundo’ (empresa o universidad). En cambio, aún no se dirigen a ‘terceros’, por lo que no produce certificación. En cuanto a la validez, se limita a unos meses, ya que se suceden las evaluaciones.
  • High-stakes. Esta prueba es la que más trabajo, dinero, esfuerzo y voluntad requiere, pero la recompensa es también inmensa. Consiste en un examen completo que certifica el nivel de competencia del alumno para terceros y los resultados perduran en el tiempo. De hecho, pueden conservar la validez toda la vida, como en el caso del Oxford Test of English (OTE), que no caduca (aunque se pueda exigir una actualización).

¿Por cuál me debo decantar?

El propósito que tengamos es el que va a marcar hacia qué tipo de pruebas nos tenemos que enfocar. Simon Ferdinand, responsable de Desarrollo de Evaluación en English Language Teaching (ELT) de Oxford University Press, lo explica así para BYZness: “El alumno que quiere acceder a un puesto de trabajo o la universidad, en general, debe hacer un examen high-stakes, que le otorgará un certificado de competencia que será aceptado por aquel tercero”.

Sin duda, el más conocido de estos exámenes de certificación es el de Cambridge, pero no es el único. Desde la Universidad de Oxford, y en concreto desde su departamento editorial Oxford University Press (responsable del examen), lanzaron en 2017 su prueba OTE, con España como primer país del mundo en el que se puso en marcha, y “ya se han examinado más de 20.000 personas”, declara Ferdinand, que destaca el hecho de que unos 4.000 alumnos han repetido la experiencia “para ir mejorando sus resultados”. En otras palabras, “en lugar de representar una especie de ‘sentencia’ que el alumno recibe de forma pasiva, en muchos casos el alumno toma posesión del certificado y convierte el OTE en su propia narrativa”.

El éxito de su implantación ha hecho que rebase nuestras fronteras y ya lo han lanzado en otros países, no solo del Viejo Continente, sino también en América Latina. “Estamos muy ilusionados al ver la aceptación que está teniendo en mercados tan diversos”, afirma el portavoz, que añade que han abierto centros examinadores en Arabia Saudí, Asia Central y Tailandia.

La tecnología ha cambiado las reglas del juego

Esta prueba de acreditación, que comprende las 4 destrezas antes descritas, “está adaptada a las nuevas capacidades tecnológicas, es totalmente online y se realiza en centros acreditados de toda España, para garantizar tanto la calidad como la seguridad del examen”, defiende Ferdinand. A su vez, podremos elegir fecha y hora, “sin tener que esperar una convocatoria cada x meses, y los resultados se obtienen en 14 días”, puntualiza.

El OTE, además, gracias a la versatilidad que favorecen las nuevas tecnologías, “no se suspende o aprueba”, sino que nos va a acreditar en el nivel concreto que tengamos. “Va adaptando las preguntas que formula conforme se realiza, con el fin de adecuarse al nivel que tiene quien lo realiza”, apuntilla Ferdinand. Así, podremos alcanzar los niveles A2, B1 o B2, según marca el MCER (Marco Común Europeo de Referencia para las lenguas), que desde 2001 rige en el continente para unificar estándares tanto en enseñanza como en evaluación, y que el pasado año fue adaptado a la nueva realidad digital.

Como decíamos, las opciones con las que contamos son muchas, pero Oxford parece decidido a plantar cara a Cambridge, hasta ahora líder incuestionable en este ámbito de las certificaciones.

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