"Debemos revitalizar el sentimiento de comunidad, que es lo que identifica a los pueblos"

Entrevistamos a Teresa López, presidenta de la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales (Fademur), para conocer de primera mano cuál es el papel de las mujeres en el medio rural en la lucha contra la despoblación

Teresa López (centro) es la presidenta de la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales (Fademur)

Teresa López (centro) es la presidenta de la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales (Fademur) // Imagen cedida (Fademur)

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ENTREVISTA A TERESA LÓPEZ, PRESIDENTA DE FADEMUR

Fran Leal

Fran Leal

La situación que vive el mundo rural es más que preocupante, con la progresiva despoblación como uno de los principales problemas que amenazan la supervivencia de numerosos municipios. En este contexto, el papel de la mujer es esencial, algo que defienden con pasión desde Fademur, la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales.

En esta entrevista con su presidenta Teresa López, ahondamos en cómo está la situación en el mundo rural y cuáles son los principales focos de desigualdad que sufren las mujeres allí, con una premisa muy clara: las mujeres son decisivas de cara a luchar contra la despoblación, porque “cuando nosotras nos marchamos, es el principio del fin”.

¿En qué situación nos encontramos en cuanto a la despoblación? ¿Está cerca el punto de no retorno?

Hay que intervenir ya, porque de no actuar vamos a llegar efectivamente a ese punto de no retorno. Nosotras llevamos años denunciando la situación, que responde a la falta de atención a las necesidades de las mujeres que hace que nos marchemos. Y no lo hacemos por voluntad propia, sino porque nos expulsa la realidad, incompatible con una vida en condiciones dignas. Y hay una cosa que está clara: cuando nosotras nos marchamos, los pueblos se masculinizan, envejecen y desaparecen. Por lo tanto, es el principio del fin. Nuestro papel es determinante.

No obstante, estamos esperanzadas, porque después de tantos años de denuncia, por fin está en la agenda. Eso nos ha permitido tener un diagnóstico y tener identificadas las prioridades para actuar. Para ello se necesita el compromiso de todas las Administraciones y apelamos a la necesidad de un pacto de estado, porque es importante la coordinación. Ya no estamos en el momento de hacer programas piloto ni de que cada uno piense cómo hacerlo por su cuenta, sino que estamos en el momento de reforzar la actuación y coordinarla, para dar la respuesta que necesitan los territorios rurales.

Pero en algunos municipios sí que se ha llegado a esa despoblación total...

Sin duda, y ahí habrá que abordarlo de otra manera. Pero lo que resulta prioritario es garantizar que quienes todavía están en el medio rural se puedan quedar. Seguro que hay territorios donde la estrategia tenga que ser distinta. En unos, garantizando que se queda la población y se atrae más. En otros tendrán que ser estrategias de repoblación… Pero como prioridad vamos a actuar facilitando que quienes están se puedan quedar.

Cuando nosotras nos marchamos, los pueblos se masculinizan, envejecen y desaparecen

Hablando de mujeres, lo fundamental es garantizar el empoderamiento económico y social. Cuando trabajamos en los pueblos, vemos que la labor del asociacionismo (crear redes, comunidad, facilitar la participación) supone una revitalización del territorio. Es una fórmula de empoderamiento importantísima. A partir de ahí aparecen colaboraciones, oportunidades, ideas, y comienza a redinamizarse la vida de los pueblos.

Está claro que si queremos abordar la lucha contra la despoblación, vamos a tener que escuchar lo que decimos las mujeres porque, si no, seguiremos incidiendo en el error de legislar para nosotras, pero sin nosotras. Y ya vemos el resultado que da…

En definitiva, aprovechar también las facilidades para estrechar lazos, ¿no?

Efectivamente, porque se demuestra que esas comunidades que muchas veces se crean de manera virtual pueden ser reales. Hay mimbres para revitalizar el sentimiento de comunidad y esta manera de trabajar, que es lo que identifica a los pueblos.

¿Está siendo positiva entonces la respuesta por parte de las Administraciones?

Bueno, lo tienen en la agenda y saben que es un reto que tienen que afrontar. Además, la sociedad está sensibilizada y son conscientes de que no es solo un problema de la gente que habitamos en las zonas rurales, sino que afecta al conjunto de la población. Como siempre, hay gente más implicada que otra, pero el simple hecho de que esté en la agenda y ya se esté trabajando en una estrategia está ‘tirando’ del conjunto de las Administraciones. Lo que esperamos es ver resultados pronto y que ese tirón fructifique en hechos concretos.

¿Cómo se vive la desigualdad de género en el medio rural? ¿Afecta más que en los entornos urbanos?

En el medio rural la situación de desigualdad es doble, porque a la desigualdad de género se suma el vivir en territorios más pequeños y con más dificultades, donde muchas veces los servicios no están ni se les espera. Y eso complica mucho la vida de las mujeres.

Cuando hablamos de desigualdad, hablamos de 3 grandes ámbitos. Por un lado el laboral, donde por supuesto existe. En cuanto a la brecha salarial, pocas veces trabajamos por cuenta ajena pero, cuando se hace, esa brecha sin duda existe. Y en cuanto al trabajo por cuenta propia, existen dificultades para visibilizar y dotar de derechos el trabajo que desempeñan las agricultoras y ganaderas en las explotaciones familiares, por ejemplo. Esa lentitud en la puesta en marcha de la titularidad compartida es un claro ejemplo de cómo la desigualdad sigue afectando a las mujeres. Además, en otros ámbitos, las emprendedoras también lo tienen más difícil en el medio rural, a pesar de que hay más que en las zonas urbanas, ya que si queremos incorporarnos al mercado laboral no nos queda otra. Y ahí existen grandes desigualdades en torno a la financiación, la formación, el acceso a la comercialización…

El segundo foco de desigualdad es el de los servicios, que para nosotras es más complejo. En algunas zonas rurales los servicios han desaparecido. Y cuando no hay servicios públicos de ayuda (de cuidados, de mayores, de menores), al final la tradición hace que seamos las mujeres las que nos sigamos ocupando. A esto hay que darle solución de manera urgente, manteniendo un mundo rural vivo.

Ser mujer rural significa una desigualdad amplificada.

Y por último, el otro foco es el de la violencia de género, que tiene sus singularidades, porque no es lo mismo luchar contra esta lacra en un pueblo que en el mundo urbano y no podemos aplicar los mismos protocolos.

En definitiva, podríamos decir que ser mujer rural significa una desigualdad amplificada.

¿Cuáles son esas diferencias que se aprecian entre el medio rural y el urbano en relación con la violencia de género?

Lo que nos dicen los datos y las encuestas, además de nuestra experiencia, es que no hay más violencia de género en el medio rural que en el urbano, pero sí hay un menor acceso a los recursos y una menor percepción de las mujeres de qué es violencia de género. Y ahí hay que hacer un esfuerzo importante.

Nosotras participamos aportando la opinión de las mujeres rurales cuando se estaba debatiendo lo que después fue el pacto de estado y muchos de nuestros postulados se recogieron. Hay que hacer pedagogía de una manera distinta y sensibilizar a las mujeres de qué es violencia de género, de una manera que ellas puedan verse reflejadas.

Por tanto, no es solo una cuestión de recursos...

Claro, se tiene que trabajar esa pedagogía. Pero sabemos que los recursos son escasos y que, además, da para lo que da. Y desde ahí hay que partir, desde lo que hay, cambiando el chip y que, de una vez por todas, la tendencia de la comunidad sea involucrarse para proteger a las víctimas y aislar al maltratador. Involucrar activamente a todos los actores debe ser una herramienta activa para luchar contra la violencia de género. 

Y, además, debemos aprovechar los recursos que existen. Nosotras damos mucho valor a los servicios sanitarios, que están presentes en todo el territorio. De hecho, las profesionales nos dicen que hay una serie de signos que permiten identificar a mujeres que están sufriendo violencia de género. Ahí es donde hay que tener una actitud proactiva y pasar a la acción.

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