"El cambio climático debe dejar de ser un arma arrojadiza política: en una emergencia todos dan lo mejor de sí"

Hablamos de emergencia climática, empleo y cooperación público-privada con José Luis Muñoz, director en España de la iniciativa europea EIT Climate-KIC

José Luis Muñoz es director en España de Climate-KIC

José Luis Muñoz es director en España de Climate-KIC // Imagen cedida (Climate KIC)

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SERIE '17 CARAS PARA LOS ODS'

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Agustina Barbaresi

Nuestra serie ‘17 caras para los ODS’ nos lleva hoy a detenernos en el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 13: acción por el clima. Según la ONU, “no hay país en el mundo que no haya experimentado los dramáticos efectos del cambio clmático. Las emisiones de gases de efecto invernadero continúan aumentando y hoy son un 50% superior al nivel de 1990. Además, el calentamiento global está provocando cambios permanentes en el sistema climático, cuyas consecuencias pueden ser irreversibles si no se toman medidas urgentes ahora”.

De esto, de la emergencia climática y de cómo crear herramientas para combatirla hablamos con José Luis Muñoz, director en España de EIT Climate-KICC-KIC es una iniciativa de la Comisión Europea para unir a Comunidades de Innovación y Conocimiento de todo el territorio, en busca de talento que aporte soluciones reales a la crisis climática.

¿Cómo y cuándo nació EIT Climate-KIC?

Surgió a iniciativa de la Comisión Europea en 2009. La CE reflexionó sobre el hecho de que en Europa hay mucho talento y se pone mucho dinero en los programas marco de I+D+i (lo que ahora se llama Horizonte Europa), pero no se conseguía que ese talento acabase en la empresa. Incluso había veces que ese talento acababa fuera de Europa y generaba empleo también fuera.

Por eso se comienza a trabajar en lo que se conoce como el triángulo de la innovación (universidades, centros de investigación y empresas), para generar y transformar el talento europeo en productos y servicios para luchar contra el cambio climático. 

EIT Climate-KIC busca transformar el talento europeo en productos y servicios para luchar contra el cambio climático 

Este fue el inicio de EIT Climate-KIC, en el que KIC quiere decir Comunidad de Innovación y Conocimiento (Knowledge and Innovation Community). Pero desde el nacimiento, hemos ido teniendo una evolución diferente. Al principio esto era algo parecido al MIT americano, donde se buscaba la colaboración público privada. La Comisión no buscaba otra institución intermedia europea, con sus órganos burocráticos; era un concepto más dinámico y directo, que pudiese identificar oportunidades y capturar ideas rápidamente.

¿Por qué en España la sede está en Valencia?

Todas las Comunidades de Innovación y Conocimiento (europeas) se construyen alrededor de una estructura compuesta por centros de excelencia. El Instituto Europeo de Innovación y Tecnología (EIT) buscaba 4 o 5 centros de excelencia en Europa, que puedan ser catalizadores de la transformación. Y fueron París, Londres, Zúrich, Berlín y Copenhague. España no pudo estar entre ellos. Sin embargo, surgió la oportunidad de unir otras seis regiones europeas para crear un centro de excelencia conjunto. Y la Comunidad Valenciana fue una de ellas, junto a otras como Emilia-Romaña en Italia. De hecho, la idea salió de aquí y fuimos nosotros también los que propusimos a la Comisión añadir un vértice que pensábamos que faltaba: el de las instituciones públicas (que es el que regula y puede incentivar, como las ciudades y comunidades autónomas en España) y ONG. Esto nos da una fuerza grande para buscar soluciones a estos retos desde múltiples ángulos.

Durante muchos años, España solo pudo ser una región junto a otras. Pero se vio un gran crecimiento, incluso teniendo la sexta parte del presupuesto que tenían otras. Así fue como conseguimos extenderlo en 2016 a nivel nacional (en España): comenzamos a implicar a otras CC.AA. como Galicia o Cantabria, a otras ciudades y otros actores. Y el desarrollo fue extraordinario.

¿Cómo captáis el talento en EIT C-KIC?

Trabajamos en tres áreas principales y tenemos cerca de unos 20 programas de acción distintos: formación, emprendimiento y convocatorias de proyectos de innovación. Tenemos desde un hackaton (Climathon) a escuelas de verano (llamados Journey), orientadas a que cualquier buen estudiante con una buena idea para luchar contra el cambio climático la pueda hacer realidad a lo largo de 4 semanas y en 3 países distintos.

Luego hay otro programa que se llama Pioneers, que es un programa de movilidad profesional, en los que sacamos a profesionales que están trabajando de su zona de confort y meterlos en un entorno diferente. Es decir, si alguien viene de una universidad, intentamos que no vaya a parar a otra. Es un emplazamiento de 4 a 6 semanas, preferiblemente en el extranjero, aunque la formación total del programa es de alrededor de 9 meses entre seminarios, etc. Y también tiene una batería de formación en lo que llamamos transition thinking: aprende cómo ayudar a implementar los cambios. Porque partimos de la base de que tenemos buenos profesionales, pero necesitan conocer herramientas y metodologías para poder hacer frente al cambio climático. Ya llevamos alrededor de 1800 expertos formados en Europa, que después han acabado en puestos de responsabilidad o montado start ups. Cualquiera puede entrar en el programa: hay empresarios, estudiantes de doctorado, funcionarios públicos…

Tenemos buenos profesionales, pero necesitan conocer herramientas y metodologías para poder hacer frente al cambio climático. 

Buscamos incluir lo que llamamos actores inusuales, no solo aquellos en los que pensamos en primera instancia. Es decir, no solo hemos invitado a ingenieros, arquitectos o técnicos, a profesionales que saben de urbanismo. Hemos invitado también a gente del mundo del arte, la cultura… Personas muy diversas que han facilitado un entorno transformador.

Al principio nos dirigíamos solo a masters y doctores, porque buscamos a estudiantes punteros, pero desde hace dos años hemos bajado al nivel de institutos y FP, donde nos dirigimos al grupo de estudiantes excelentes, que pueden tener grandes ideas que transformen la sociedad y que nos pueden acompañar en algunos de nuestros programas.

¿Quién hace más por la lucha contra el cambio climático en España?

Por nuestra parte, hemos generado más de 1000 proyectos de innovación y más de 1600 start ups en Europa. Pero queríamos ir más allá. Los casos que nos encantan son los que se engloban en un concepto que estamos trabajando: las llamadas Deep Demonstrations. Es decir, lugares de transformación donde alguien se marca un objetivo claro para actuar contra el cambio climático. Actualmente estamos trabajando en cuatro sobre todo, de los cuales España lidera dos.

Un ejemplo es el puerto de Valencia se comprometió a alcanzar cero emisiones netas de carbono para 2030. Esto es un gran reto: Es una transformación total de la energía que consumen, la relación puerto-buques… De hecho, es el primero en hacerlo, y eso que los puertos no van a tener ninguna obligación de cumplirlo hasta 2050. Sin embargo, a raíz de este compromiso vimos que otros puertos de Europa estaban dispuestos a trabajar mano a mano en la iniciativa. Así nació Net Zero Emissions Maritim Hub. Cuando nos encontramos un caso así, dirigimos a todos nuestros alumnos y start ups a dar soluciones a este reto concreto. Es como hacer un Investor Day todos los días o crear pequeños Silicon Valleys alrededor de una cuestión. Hemos levantado un espacio de co-creación en el que se trabaja para encontrar la mejor idea.

¿Cómo visteis la Cumbre del Clima de Madrid en 2019? ¿Qué faltó por hacer?

Lo mejor de esa Cumbre fue demostrar que, si trabajamos todos juntos, España es capaz de organizar un evento como este en 2-3 semanas. Al margen de los contenidos o el resultado final, como espacio en el que compartir ideas fue extraordinario. Nosotros hicimos 30 iniciativas desde allí, movilizamos a todo nuestro ecosistema y colaboramos con el Ministerio para la Transición Ecológica. Yo creo que es algo de lo que nos podemos sentir orgullosos: estudiantes, emprendedores, políticos, profesionales… Todos arrimaron el hombro. En cuanto a los resultados, creo que no desvelo nada: hubo una cierta decepción. Creo que se podrían haber conseguido cosas más importantes. Pero tenemos que entender que (la lucha contra) el cambio climático debe ir ligada a una transformación económica y social, si queremos que sea algo sostenible. En esto es donde hay que profundizar.

Hay que transformar el reto del cambio climático en una oportunidad de generación de nuevos empleos, antes de que desaparezcan los puestos de trabajo que van a desaparecer

Hay que trasladar a la sociedad que el cambio es real y nos afecta a todos. Pero esto se puede hacer de una manera óptima, de una forma adecuada y sostenible que nos puede llevar a un mejor futuro social y económico, no solo climático. Porque esto se puede sentir como una amenaza para algunos sectores y para muchos si ven peligrar su puesto de trabajo. Hay que hacer ambas cosas compatibles: transformar el reto del cambio climático en una oportunidad de generación de nuevos empleos, antes de que desaparezcan los puestos de trabajo que deben desaparecer.

Hay algunos países que tienen difícil su transición. Pero no podemos entender el cambio climático como algo local: no vale con que una parte del mundo sea limpia. Y esto requiere también negociar, compartir y necesita de la solidaridad. Del que más tiene al que menos tiene.

Es muy importante sacar el debate climático de la agenda política.

¿Sacarlo? Hay quien considera que habría que meterlo…

Hay que sacarlo en el sentido de que, por supuesto que debe estar en la agenda política, pero no debe ser un debate. Es decir, el cambio climático no puede ser un arma arrojadiza de unos sectores de la política hacia otros. En una emergencia climática, como la que tenemos y yo lo creo, actúan todos. No se le pregunta a nadie de qué color es. Todos van juntos y dan lo mejor de sí.

El cambio climático no puede ser un arma arrojadiza de unos sectores de la política hacia otros: en una emergencia como la que tenemos, actúan todos y cada uno da lo mejor de sí

Si de verdad queremos resolver esto, cada uno es valioso. Y con cada uno me refiero también al sector público-privado, a las empresas. Seguramente tenemos que acudir en algunos casos a mecanismos voluntarios. No necesariamente todo pasa por añadir nueva legislación o por endurecerla. Es necesario hablar con transparencia sobre los mejores mecanismos socio-económico-ambientales. Hablar de las dificultades que el cambio climático va a traer en términos de destrucción de empleo y ver cómo lo vamos a solucionar sin crear enemistades.

También es muy importante pensar en el largo plazo: no se puede hacer acciones para luchar contra el cambio climático en una sola legislatura. Tiene que haber un acuerdo de todos los partidos políticos. 

¿Sería necesario entonces un gran Pacto de Estado por el clima?

Yo así lo creo y lo veo en otros colegas europeos. De los 33 países en los que estamos trabajando, hay muchos ejemplos en los que se han puesto de acuerdo y se trabaja en el largo plazo. Esos serán los países que avancen. Creo que España tiene una oportunidad tremenda y sería una pena perderla.

No se puede hacer acciones para luchar contra el cambio climático en una sola legislatura. Tiene que haber un acuerdo de todos los partidos políticos. 

¿Qué quieren las empresas para invertir? Quieren marcos estables de desarrollo. No podemos aprobar medidas que luego vamos a cancelar. Esto genera problemas para la economía y da desconfianza a los inversores. Sin embargo, un marco legal sensato y sostenible, con una dirección clara, puede suponer una transformación real. Yo de momento soy optimista: tenemos contacto con todos los partidos. A veces hemos comenzado con un partido y, ante un cambio de gobierno, hemos continuado con otro. Pero es necesario un esfuerzo de todos. Ojalá el piloto fuese un gran pacto por el cambio climático que después derivase a la sanidad, a la educación y a tantas otras cosas.

¿Y qué pasa con los escépticos?

Antes sí que te encontrabas gente claramente negacionista, pero ahora cada vez menos. Cierto es que hay gente que no quiere venir en este barco, pero ya llegará. 

Una de las cosas de la que más orgullosos nos sentimos es que hemos puesto a trabajar juntos departamentos diferentes de universidades y universidades que no se hablaban entre sí. O gobiernos regionales de distintos colores.O grupos de distintos colores dentro de un mismo ayuntamiento. Y es complicado, pero te puedo asegurar que si trabajamos juntos, con el talento extraordinario que hay aquí, tenemos la oportunidad de generar nuevos nichos de empleo de alto valor añadido.

¿Y con la gente de a pie? Se oyen muchas quejas sobre lo caro que es ser sostenible, o sobre la carga que soporta el ciudadano frente a las empresas...

Hoy en día hay mucha información accesible por la gente, pero a la vez hay mucha desinformación. Esto lleva a que, aquel al que le cuesta hacer las cosas un poco, se pueda justificar. Pero yo creo que cada vez más, y sobre todo los jóvenes, son muy proactivos. Hay gente que puede creerse o no el cambio climático. Pero en el fondo, ¿cuáles son en sí las acciones para combatir el cambio climático? Ahorrar energía. Parece sensato. Reciclar y eliminar las cosas de usar y tirar. Eso también parece sensato. Cuidar la naturaleza, transformar las ciudades en un entorno más saludable… Eso parece positivo.

El cambio climático no es una religión, es simplemente ser consciente de en qué áreas se puede trabajar y explicar el impacto de las acciones

Lo que sucede es que se ha pervertido el concepto del cambio climático porque a veces se ha utilizado políticamente. Pero el cambio climático no es una religión, es simplemente ser consciente de en qué áreas se puede trabajar y explicar el impacto de las acciones. Cuando la gente empieza a verlo en esa medida, empieza el apoyo.

También es verdad que los poderes públicos deben ser sensatos, sobre todo en las tasas que aplican y en el control del gasto. Entiendo a los ciudadanos que se quejan porque pagan tres tasas de reciclado. Y en parte tienen razón: en algunos casos no se ha explicado bien y, en otros, la Administración tiene que hacer sus deberes para ser eficiente.

Dar soluciones alternativas también es importante. Por ejemplo, hemos hecho proyectos de separación de residuos sólidos automatizados. O en otros que te dan puntos canjeables por premios por usar la bicicleta.

¿Cómo ves el ‘efecto Greta’ y la repercusión mediática que tiene? En las redes sociales oscila entre la inspiración y el odio…

Yo creo que es bueno que haya aparecido Greta Thunberg. Yo lo valoro como la respuesta de los jóvenes: la voz de los jóvenes es importante.Ellos tienen un comportamiento altruista y solidario y tienen muchas ganas de hacer algo por la naturaleza. O al menos es así como los vemos.

Cada joven debería ser una 'pequeña Greta Thunberg' sensata, proactiva y conciliadora

Creo que el efecto, al margen de lo que luego pueda haber por detrás, es positivo. Ha despertado un sentimiento en los jóvenes que estaba latente y les ha hecho reflexionar. Se les ha dicho que no tenían que quedarse en casa sentados, que ellos también tienen mucho que decir y pueden construir su propio futuro. Se les ha hecho pensar sobre qué están dispuestos ellos a hacer en este entorno. Porque no consiste solo en protestar, sino también en predicar con el ejemplo, en la medida en que se pueda.

Lo que no me gustaría es que se desvirtuara. Me gustaría seguir viéndolo como un efecto un poco inocente, como la voz de la sensatez de alguien joven. No creo que tenga que haber una sola Greta: creo que cada uno de los jóvenes debería ser una ‘pequeña Greta’ sensata, no solo reivindicativa, sino proactiva y conciliadora.

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