Contenedor marrón: por qué es importante que lo uses

Servilletas, restos de comida, infusiones y posos del café... El contenedor marrón llega a las ciudades para depositar estos restos orgánicos, que constituyen la mitad de los residuos que genera un hogar, y con los que se consiguen fertilizantes y biogás

Contenedores marrones en Barcelona.

Contenedores marrones en Barcelona. // Andrea Bosch (archivo)

Entorno

CONTENEDOR MARRÓN

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Nora Benito

Restos de pescado o carne, posos de café o infusiones, papel de cocina sucio… Son muchos los residuos orgánicos que generamos en casa, en concreto, la mitad de todos, y tradicionalmente terminaban en el contenedor de la tapa naranja, sin hacer ningún tipo de distinción. Pero esto ya no es así en muchas comunidades autónomas en España desde que existe el contenedor marrón. 

Esta separación del orgánico se ha puesto en marcha solo en algunas regiones. Navarra, País Vasco, Madrid o Cataluña son algunos de los lugares en los que los vecinos pueden reciclar el orgánico. Algo que poco a poco irá siendo más habitual en todas las ciudades, pues la Directiva Europea de Gestión de Residuos fija diciembre de 2023 como la fecha en la que esta recogida selectiva de orgánica debe estar implantada en toda Europa. 

Y es que el contenedor marrón es el “color de moda”, tal y como lo describe el Ayuntamiento de Madrid en su campaña “Acierta con la orgánica”, puesta en marcha como motor de información y concienciación en el reciclaje de restos orgánicos entre la ciudadanía. 

Pero ¿por qué es importante hacer la separación de estos restos y utilizar el contenedor marrón? Cuatro son los motivos que aduce el Ayuntamiento de Madrid en su web de la campaña: por un lado, porque esta recogida genera nuevos empleos, además de mejorar la recogida selectiva de todos los demás residuos.

Pero también se trata de cuidar el medio ambiente: los biorresiduos se descomponen y pueden contaminar el subsuelo, por lo que reciclando estos restos se puede evitar este problema y obtener energía (biogás). En las plantas de compostaje, se tratan mediante procesos bioquímicos para transformarlos en fertilizantes para el campo.

El último de los motivos es porque llevando a cabo esta selección estamos más cerca del cumplimiento de los objetivos de la Unión Europea de recuperar un 50% de los materiales a través del reciclaje. 

LO QUE VA Y NO VA AL CONTENEDOR MARRÓN 

Siempre cabe la duda a la hora de reciclar. Amarillo, azul, verde… ¿Qué va en cada lado? ¿Cuáles son los residuos que hay que depositar en el contenedor marrón? Restos de fruta, verdura, carne y pescado, cáscaras de huevo, frutos secos y marisco, restos de infusiones y posos del café, papel de cocina usado, servilletas sucias, papel con aceite, cerillas y tapones de corcho y serrín, así como otros restos de comida y de jardinería (plantas, hojarasca, ramos de flores…) son las opciones.

¿Y qué es lo que no tenemos que introducir? Los residuos de barrer, colillas, chicles, aceite de cocina, pañales y productos de higiene personal, arena de mascotas, polvo, pelo, objetos de cerámica, etcétera. 

PLÁSTICOS BIO-BIO, LA SEGUNDA VIDA DE LOS RESIDUOS ORGÁNICOS 

Una de las soluciones para los residuos orgánicos es la propuesta del plástico bio-bio (se llama así porque procede de fuentes vegetales o bio y además es biodegradable), de Ecoembes, que se encuentra en la actualidad en fase de investigación. 

Con este proyecto se pretende obtener bioplásticos a partir de un residuo. “Durante 2018 estuvimos trabajando con residuos vegetales procedentes de mercados municipales, frutas y verduras en estado de descomposición avanzado y que no se iban a destinar a la venta para generar un bioplástico. Es un proyecto que salió muy bien”, explica a BYZness el especialista en innovación de Ecoembes, Jorge García. Pero se encontraron con un problema: el abastecimiento, por lo que decidieron dar un giro y centrarse en el contenedor marrón. 

¿Y cuál es el proceso que llevan a cabo? “De la materia orgánica extraemos la parte aprovechable (azúcares, fibra, etcétera), se lo damos de ‘comer’ a unos microorganismos, que se  alimentan de estos azúcares y generan bioplástico que almacenan en su interior. Ese bioplástico lo extraemos y lo transformamos en granza, que son los trozos de plástico que se pueden utilizar en las máquinas convencionales de transformación”, expone Jorge García. “Podremos fabricar multitud de artículos de plástico, pero estamos centrados en el envase”, añade. 

Una transformación que termina dando a la tierra lo que proviene de ella. “En vez de que el residuo del contenedor marrón vaya directamente a compostar, le damos una segunda vida en forma de envase antes de volver a devolverlo a la tierra en forma de compost”, concluye García.

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