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Jueves, 14 de noviembre del 2019

Economyz

¿Por qué no termina de triunfar la economía circular?

A pesar de que Europa está en los últimos años dando brazadas hacia la economía circular, la crisis de gobernanza, la falta de tecnología o la financiación son algunas de las amenazas a las que se enfrenta la sociedad para nadar hacia este modelo económico

 Solo el 9% de la economía global es circular.

 Solo el 9% de la economía global es circular. // Pixabay

Entorno

SOSTENIBILIDAD

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Nora Benito

“El mundo será sostenible o no será”. Así rezaba recientemente una charla sobre economía circular y sostenibilidad organizada por The Valley Digital Business School. Santiago Beruete, antropólogo, filósofo y uno de los ponentes, aludía un “colapso medioambiental si seguimos creciendo a este ritmo”. Las circunstancias son desafiantes y los retos enormes. Ante este panorama, la economía circular aparece en el horizonte como un flotador. 

“Es como un árbol”. Así al menos define el filósofo Beruete este modelo económico, pues sus “desechos sirven de cobijo a otras formas de vida. No malgastan. No consumen más de lo que necesitan. Son un buen ejemplo de cómo conseguir más con menos”, esgrime. “Un árbol es un prodigio de ecoeficiencia, la viva imagen de la sostenibilidad y la metáfora visual de la economía circular”, añade. 

“Asumimos que el crecimiento económico no puede ser ilimitado, pero nos resistimos a vivir por debajo de nuestras posibilidades”. Es más, según este antropólogo, “nuestro futuro se halla limitado por la ausencia de límites”. Comprar, usar, tirar y volver a comprar; un modelo de producción y consumo no sostenible, por lo que “no nos queda más remedio que cambiar”, reivindica Beruete.

Por ello, aunque existen amplios márgenes de crecimiento para este modelo económico, a todas luces tendrá que sortear una carrera de obstáculos. En la actualidad, solo el 9% de la economía global es circular, según el informe ‘The Circularity Gap Report 2019’, realizado por Circle Economy, pero incluso la OIT estima que en los próximos 20 años podría generar hasta dos millones de empleo en Europa. Un sinfín de posibilidades.

MÁRGENES DE CRECIMIENTO

Europa vira con cautela hacia la economía circular con avances como la publicación del paquete de 54 medidas en 2015 para el cierre del ciclo de vida de los productos o la firma del Pacto por la Economía Circular en 2017, con 53 entidades adheridas en sus inicios y que ya cuenta con 280. 

Además, la Comisión Europea también quiere luchar contra la obsolescencia programada de los electrodomésticos, pues recientemente ha aprobado una nueva normativa que entrará en vigor en 2021 y que obligará a las empresas a ofrecer piezas de recambio hasta 10 años después. 

Pero, aunque en el Viejo Continente se han dado brazadas en dirección a la economía circular, parece que no se termina de apostar del todo por este modelo. Todo indica que gobiernos o instituciones económicas no acaban de analizarlo y tomárselo en serio, a pesar del empuje de la ciudadanía. 

¿Cuáles son las causas por las que este tipo de economía no está proliferando tanto como debería? Se aducen motivos como la falta de tecnologías, de oportunidades de negocio, de  financiación, barreras culturales o incluso la crisis de gobernanza.  

BARRERAS PARA LA ECONOMÍA CIRCULAR

Para Gonzalo Delacámara, coordinador del Departamento de Economía del Agua de la Fundación IMDEA Agua y consultor para instituciones internacionales como Banco Mundial, Comisión Europea, Naciones Unidas y la OCDE, el quid de la cuestión está en que, como personas, “no hacemos ciertas cosas que sabemos que nos conciernen. Tenemos buenas razones para tomar pésimas decisiones”. 

Según este experto, en general se argumenta que la economía circular falla por dos motivos: la ausencia de financiación y que las nuevas tecnologías no están todavía disponibles para adaptarse. Aunque, según sus palabras, estas dos afirmaciones “son falsas”. “Los organismos saben que no hay un problema de escasez. Lo que hay es una crisis de gobernanza, necesitamos que haya menos malos”, asevera. 

A pesar de que las nuevas tecnologías pueden ayudar mucho a reducir el cambio climático y a apostar por la economía circular, otra de las cuestiones que está sobre la mesa y que puede hacer que falle la popularización de este modelo económico es lo que se conoce como el efecto rebote, o también denominada paradoja de Jevons -introducida por el economista William Stanley Jevons-, que sostiene que según se va ganando en eficiencia y en el perfeccionamiento de las tecnologías se vuelve más atractivo hacer uso de ciertos recursos, lo que podría conllevar un aumento en su consumo global. 

El antropólogo y filósofo Santiago Beruete en la charla organizada por The Valley // Nora Benito 

Por su parte, para la experta en financiación de proyectos relacionados con la distribución de recursos hídricos en el Banco Mundial, Patricia López, hay un “problema financiero muy grande”. Sumado a esto, Delacámara apela a la responsabilidad: “El cambio climático es la consecuencia de miles de millones de decisiones individuales. Estamos al borde del colapso, pero yo tengo hambre”, ejemplifica. Por ello, según este experto, nos encontramos ante una crisis de gobernanza, por lo que hay que gestionar la complejidad, lo que supone todo un desafío generacional. En definitiva, “ser capaces de vivir de nuestros residuos para poder seguir viviendo de nuestros recursos”. 

Pero ¿qué podemos hacer para luchar contra el cambio climático? Ante esta pregunta, Delacámara lo tiene claro: “Votar de forma consciente y premiar a quienes nos lleven a una transición responsable”. El respeto individual por el entorno y la sosteniblidad es clave, pero las voluntades políticas y económicas son la esencia motor del cambio.

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