Mascarillas Made in Spain: esta empresa quiere producir un millón al mes en Sevilla

La fuerte demanda de material sanitario por el coronavirus obligó a los distribuidores a buscarlos fuera de España. Pero ante los problemas para encontrarlos e importarlos, algunos se han lanzado a la fabricación: FarmaQuivir nos cuenta su historia

Javier Coterillo es el propietario desde 2017 de FarmaQuivir, empresa sevillana de distribución de medicamentos y material sanitario.

Javier Coterillo es el propietario desde 2017 de FarmaQuivir, empresa sevillana de distribución de medicamentos y material sanitario. // Imagen cedida (FarmaQuivir)

Emprendedores

Entrevista a Javier Coterillo, presidente de FarmaQuivir

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Agustina Barbaresi

En 2017 el empresario Javier Coterillo compró, junto a un socio, FarmaQuivir, una empresa de distribución farmacéutica, especializada en medicamentos tanto genéricos como especialidades, que tiene sede en Lebrija (Sevilla). Tres años después, está a punto de convertirse en la única distribuidora del sector en España con una fábrica propia de mascarillas. ¿Qué les ha llevado a dar este giro al negocio?

La estrecha relación de FarmaQuivir con empresas farmacéuticas y laboratorios los puso en primera línea de fuego con la llegada del coronavirus a España. En la búsqueda frenética de material sanitario que vimos sobre todo en las primeras semanas del estado de alarma, comenzaron trabajando con algunas grandes empresas, ya que  “la experiencia que tenemos con farmacéuticas nos avala para importar productos sanitarios de China”. La empresa tiene un trader en el país, que trabaja directamente con las empresas locales y con el que firmaron un contrato de sinergias para traer a España “no solo mascarillas, sino también EPIs, guantes de nitrilo o los respiradores invasivos que tanta falta hacían”. Pero se encontraban con problemas y “trabas y sustracciones a diario”.

Esos problemas eran de toda índole: de comunicación, de aduana… Pero sobre todo “de opacidad y falta de transparencia a la hora de hacer negocios. Teníamos la sensación de ser prisioneros de lo que ellos dijesen: ahora te subo el precio, ahora no te respeto el contrato, ahora no te cumplo las fechas...”.

Así que Coterillo tomó una decisión: “crear empleo aquí y apostar por la Marca España, que tiene una calidad extrema a la hora de trabajar producto sanitario, ya que las certificaciones de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) son muy estrictas”.

Mascarillas de calidad y homologadas

Coterillo afirma que “lo barato sale caro. En España estamos teniendo muchos problemas con las mascarillas que vienen de China, porque muchas no están bien certificadas, algunas tienen materiales que no están bien testados y la AEMPS se ha visto obligada a retirar muchas incluso de las propias farmacias”. El empresario explica que en el país asiático, con la fuerte demanda provocada por la pandemia, se han subido al carro de la fabricación “algunas S. L. o empresas textiles que no están certificando bien, incluso con sellos de organismos que se ha descubierto que eran falsos”.

Un consumidor que compra una mascarilla “no tiene forma de saber si el producto que compra es de calidad y cumple los estándares. Entiende que si va a la farmacia y compra algo allí es bueno, pero la realidad es que el farmacéutico tampoco tiene por qué saberlo: está en manos del distribuidor”.

Sin embargo, si una mascarilla está fabricada en España, un inspector de Sanidad va in situ a la fábrica y “constata que se cumplen en todo el proceso productivo los estándares de calidad, comenzando por la materia prima, en este caso la tela. El tejido de las mascarillas es especial: está compuesto por dos materiales distintos que, al fusionarse, crean un tejido de 5 capas con mejor filtrado que el de tres capas que tienen las mascarillas quirúrgicas; es el que se utiliza para mascarillas FFP2 (o N95)”. Estas son las mascarillas que reciben las homologaciones y certificaciones que permiten vender en España y Europa. Y son las que quiere fabricar FarmaQuivir en la fábrica que está a punto de poner en marcha en Alcalá de Guadaira (Sevilla).

Un negocio a largo plazo 

En Alcalá de Guadaira ya está la nave lista para comenzar la producción, que esperan que arranque “sobre el 15 de julio, aunque esperamos estar a pleno rendimiento en agosto y hacer una gran inauguración en septiembre. Queremos hacer partícipes a los clientes de todo el proceso”.

Cuando la fábrica esté a pleno rendimiento, empleará a alrededor de 15 personas y espera fabricar “en torno a un millón de unidades al mes, que venderemos a farmacias y distribuidores de toda España, además de grandes empresas. También tenemos proyección internacional: en Latinoamérica ya están esperando nuestro producto”.

También la empresa tiene su propio plan de fases. En este caso, esperan vivir una “fase 2” en el proyecto que les permita ampliar maquinaria. Coterillo está convencido de que este negocio no es algo puntual, sino que tiene recorrido a largo plazo: “Es un producto de parafarmacia que ha venido para quedarse, no una moda. Antes veíamos imágenes de Asia y nos extrañaba ver a gente con mascarilla, pero ahora lo hemos normalizado también en Europa. Pensamos que va a ser un negocio estable con una venta regular, que habrá gente que la siga usando para acudir por ejemplo a un hospital o a lugares de grandes concentraciones, como conciertos o partidos de fútbol”, señala.

¿Regular o no los precios?

Eso sí, el negocio de las mascarillas todavía no está estabilizado y el empresario asegura que el mercado se va a ajustar, “porque ha habido una sobre demanda brutal a nivel internacional que hizo que muchas empresas empezaran a vender sin tener ninguna relación con el sector sanitario. Quedarán las que ofrezcan la mayor calidad”, augura.

En cuanto a la polémica sobre la regulación de precios de las mascarillas y al importante coste que suponen para las familias, Coterillo cree que es algo lógico, que “no se debe permitir esa super inflación que hemos visto” y que hay que partir de “un precio lógico y justo”. Aunque lo cierto es que por ahora solo se ha limitado el precio de las mascarillas quirúrgicas, no de las de cinco capas, que se están “auto regulando” con la estabilización de la demanda.

Eso sí, tampoco vale todo: en su opinión, es fundamental que en el establecimiento de precios intervengan “profesionales de la salud” y no solo sea una cuestión política. En definitiva, que se implique a profesionales que conocen a fabricantes, distribuidores y tienen contacto con los puntos de venta. Solo así se puede compensar la gran inversión que supone la fabricación y comercialización de estos productos con garantías, “tanto en maquinaria como en recursos humanos, proceso productivo, materia prima y distribución”, concluye.

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