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Viernes, 13 de diciembre del 2019

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¿Cómo debe ser mi tarjeta de visita si soy emprendedor o tengo un negocio?

Pese a que hoy en día se usan los perfiles de redes sociales como formas de presentación, tener tarjetas de visita propias aún puede ser una muestra de estatus y una convención en el mundo de los negocios

¿Cómo debe ser mi tarjeta de visita si soy emprendedor o tengo un negocio?

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Emprendedores

TARJETA DE EMPRESA

Alberto Payo

Alberto Payo

Corre la leyenda de que al poco de fundar Facebook, allá por 2004, Mark Zuckerberg se hizo unas tarjetas de visita en las que en lugar de su cargo se podía leer la frase 'I'm CEO, Bitch'. Fueron tiempos en los que la red social ni siquiera era eso todavía y parece que el emprendedor lo hizo como una especie de broma para entregárselas a amigos y familiares. Entonces hasta al propio Mark le resultaba difícil concebir lo importante que sería su plataforma y empresa en el futuro.

Han pasado 15 años desde entonces y hoy en día la carta de presentación de muchos profesionales es su página web personal, su perfil de Linkedin o su cuenta de Instagram. De hecho, hasta existen aplicaciones móviles para intercambiarse los contactos solo con acercar el teléfono. Sin embargo, la historia es una clara muestra de lo que puede representar tener una tarjeta de visita propia. 

La tarjeta de visita es un elemento que aún sigue vigente, es otra forma de comunicarnos y dejar en la mente de nuestro cliente/contacto una impresión.  El tacto, la textura y la forma de una tarjeta son algo que pueden marcar la diferencia a la hora de conectar”, explica Abraham Gómez Toro, UI/UX Designer de formación y co-fundador y CEO de Nutrasign. 

Para Carl Graham, diseñador gráfico y especialista en UX/ UI/ CX, una tarjeta de visita “puede representar un estatus y proporcionar detalles de contacto claves”. Este profesional británico opina que la tarjeta en papel tiene ventajas respecto a otras formas de intercambiar datos con los demás, ya que “contiene mucha información abierta… mientras un móvil es mucho más íntimo y privado para el individuo. Eso es menos invasivo, que pedir el número de teléfono o el WhatsApp de otra persona”. 

¿Apostar por lo clásico o hacer una tarjeta arriesgada?

A la hora de incluir información en una tarjeta de presentación, conviene no ser demasiado barroco. Gómez aboga por añadir solo el nombre, el cargo, el teléfono, el email y la web. Graham incluso es más básico y cree que lo fundamental es incluir la marca, el nombre, el cargo y “los detalles de contacto clave”. 

Una de las grandes dicotomías que pueden surgir a la hora de encargar o componer una tarjeta de visita es si abogar por un diseño más tradicional o algo rompedor que llame la atención y destaque sobre el resto. 

A este respecto el cofundador de Nutrasign apuesta por lo clásico, aunque trata de darle otros toques que la diferencien. “Suelo ser tradicional, ya que pienso en que las medidas y formas de mi tarjeta tienen que poder entrar en la billetera o tarjetero de mi contacto. Si es muy grande o muy pequeña seguramente la perderá fácilmente. Sin embargo, sí que apunto a un buen material, buen gramaje y, a ser posible, un troquelado que haga diferente mi tarjeta a la mayoría”.

Ismael Perona es CEO de la agencia de publicidad madrileña Thankium y en su opinión, todo depende del sector al que se dedique la compañía. “Si tu imagen y tu negocio son tradicionales, a la gente le va a chocar que tu tarjeta tenga colores fluorescentes y brillos. Antes de preguntarnos qué efecto queremos que provoque nuestra tarjeta, tenemos que preguntarnos si de verdad está representando nuestra marca”. Así, cuenta que para una empresa que hacía Smart Mirrors o espejos inteligentes crearon tarjetas impresas en papel espejo.

Es normal y recomendable que los profesionales de ciertos sectores o negocios sean un poco más arriesgados con el diseño de sus tarjetas. “Todos tienen que cuidar cómo quieren ser percibidos por el mundo exterior, pero particularmente los del ámbito de las agencias y el diseño pueden ser más osados”, reflexiona Graham. Gómez coincide plenamente y defiende que “las pymes y profesionales del sector creativo y del mundo de la publicidad, son las que deben apostar por diseños y propuestas más arriesgadas y menos convencionales”.

Para Perona “ninguna tarjeta es arriesgada si de verdad podemos ver en ella el alma de nuestra empresa. Así que ya sabéis, ¡sed valientes!”, sugiere.

El proceso de creación de la tarjeta

A la hora de concebir una tarjeta de presentación es muy importante la idea que tenga la persona que la encarga, pero también cómo la plasmará el diseñador y si éste suele tener un estilo propio. Normalmente hay un proceso en el que el segundo trata de entender qué quiere exactamente el primero. El diseñador gráfico no siempre acierta a la primera y es posible que tenga que hacer varios modelos o realizar múltiples modificaciones de su propuesta.

“Diseñamos jugando a ser Dios hasta que comprendemos que debemos escuchar al cliente y definir cada una de sus necesidades si queremos su aprobación”, resume el especialista en UX británico. 

Otro problema es que muchos profesionales o empresas no saben exactamente lo que quieren, no lo expresan bien o quieren tener demasiado control sobre el proceso creativo. “Depende del cliente. Hay clientes que entienden que un diseñador es un profesional que ha estudiado composición, teoría del color, tipografía, comunicación, etc y se dejan asesorar. Por contraparte, hay clientes que no comprenden estos aspectos y cuestionan el trabajo del diseñador”, sentencia el CEO de Nutrasign.

En este articulo: Emprender Emprendimiento

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