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Jueves, 12 de diciembre del 2019

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Emprendedores en serie: por qué fundar startups es como una droga

¿Qué hace que algunos emprendedores se caigan y se levanten una y otra vez? ¿Qué les lleva a montar dos, tres, cuatro o cinco startups pese a los obstáculos y sinsabores?

Emprendedores en serie: por qué fundar startups es como una droga

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Alberto Payo

Alberto Payo

El 46% de los emprendedores que funda una startup en España repite. Lo dice Spain Startup en su Mapa del Emprendimiento 2018. Los innovadores españoles, de hecho, son algo más ‘masoquistas’ que sus congéneres europeos y latinoamericanos. Solo un 35% de los emprendedores del Viejo Continente vuelve a las andadas y un 45% de los de Latam hace lo propio.

A estos fundadores recurrentes se los conoce popularmente como ‘emprendedores en serie’. Una vez se han lanzado a la piscina ya no saben estar fuera de ella y se mueven en el mundo del trabajo por cuenta propia como peces en el agua. 

Según el Mapa del Emprendimiento, existe una tendencia que relaciona el número de startups fundadas con un porcentaje menor de fracaso. La probabilidad de fracasar al montar una sola startup es del 50%, pero esta cifra desciende al 26% en el caso de dos empresas, al 15% en el caso de tres, al 8% en el caso de cuatro y a un ínfimo 2% al haber montado cinco o más startups. Pero, ¿es esta la única razón para que los emprendedores en serie reinciden? ¿Cuáles son las motivaciones para lanzar una, otra y otra startup”

“Podríamos definirlo como adrenalina pura”, asegura Christian Rodríguez Fornos, fundador de la app de reserva de hoteles por horas ByHours y anteriormente de la empresa de eventos secretos Urban Secrets. Este emprendedor explica que el riesgo, la proyección de hipótesis que hay que validar y toda la carga emocional que supone gestionar las mismas son las responsables de “dicha sensación que te crea adicción o en muchos casos también rechazo absoluto”.  Rodríguez opina que “tu voluntad por seguir evolucionando como emprendedor y por aplicar los nuevos conocimientos adquiridos hace necesario y constante seguir con esa actividad emprendedora”.

Diego Ballesteros es una cara muy conocida en el ecosistema emprendedor español. En su día fundó Ocioteca y la web para pedir comida a domicilio SinDelantal. Sus últimos proyectos, ligados al mundo de la belleza, son Miora y Bewe. Para BYZNess confiesa que le sería “imposible” trabajar por cuenta ajena y que para él emprender “es como una droga”. ”La adrenalina de poner un nuevo proyecto en marcha, la ilusión de esos primeros detalles, convencer a tu entorno de la viabilidad de esa nueva idea, la satisfacción de conseguir los primeros clientes, darle la vuelta a situaciones críticas... todo es adictivo, tanto lo bueno como lo malo”, explica. 

Para Michael Doyle, cofundador de proyectos como la startup de legado digital Tellmebye, la empresa de pagos Bitsa o el club de eSports KPI Gaming, hay dos motivos fundamentales por los que emprender es tan adictivo. El primero de ellos es “la necesidad o naturalidad innata que tenemos los seres humanos de crear algo”. Además, asegura que “es una especie de competición contra el mundo y ti mismo, de demostrar ese ingenio para optimizar o crear nuevos procesos, servicios o lo que sea”. 

Doyle cree que cuando los proyectos salen bien el resultante sería “como un chute de dopamina que dura demasiado, incitando siempre a volver a hacer otra cosa. Tarde o temprano, el tilín de querer repetir regresa”. No obstante, advierte de que “también puede arruinar como la droga”. 

El punto en el que no hay retorno

Hay un momento crítico en la vida de un emprendedor en serie en el que se da cuenta de que ya no puede volver atrás, de que está ‘enganchado’ a ese nuevo estilo de vida. El fundador de SinDelantal asegura que eso sucede “cuando no puedes evitar transformar una idea en algo real. Mucha gente vive con esas ideas años o toda su vida y ahí se quedan. Para un emprendedor en serie eso es imposible, necesitas crearlo”, aclara. 

El impulsor de BYHours apunta a que esa sensación se suele producir en un momento de “parada técnica y reflexión” en el que los emprendedores se percatan de que han arrastrado a otros y tienen cierta responsabilidad para con ellos. Ocurre cuando ves que “tu proyecto, tu idea, tu ímpetu, tu capacidad de convencimiento, tus promesas y/o cualquiera de las estrategias o recursos utilizados para llegar donde estás, han implicado a terceros, generándoles ciertas expectativas que ya no te permiten dar un paso atrás”. 

Doyle destaca que una vez que tú decides y eres dueño de tu vida resulta, “muy difícil cambiar a la vida tradicional de trabajar para otro y depender de él. Más aún si sabes que el resultante de tu trabajo está siendo compensado muy por debajo de lo que aportas”.

Los tres emprendedores en serie que hemos consultado para este artículo coinciden en que, la diferencia de un emprendedor en serie y otro que lo intenta una vez y regresa a trabajar por cuenta ajena, en que quieren solucionar problemas, pelean sin descanso y están más cómodos con el riesgo. “El emprendedor en serie se va a levantar una y otra vez para seguir intentándolo, aunque esté exhausto”, resume Ballesteros.

La metamorfosis del emprendedor en serie

Un emprendedor en serie puede serlo toda la vida, aunque no es algo común. Llega un momento en el que estas figuras abandonan su crisálida y se transforman en algo diferente, como mentores o inversores. La motivación puede ser el hastío, la necesidad de evolucionar o el querer enseñar a otros. A veces el cambio no es definitivo y se pueden compatibilizar varias facetas, pero más tarde o más temprano, en la mayoría de los casos los emprendedores acabarán ‘colgando las botas’. 

“Es natural que, tras el éxito, uno decida dedicarse a ayudar a otros a crear, porque se empieza siendo un emprendedor maniático, pero se termina aprendiendo a delegar, confiar, y motivar a las personas para que consigan lo que quieren”, subraya Doyle. Para el cofundador de Tellmebye y Bitsa no es posible hablar de una edad o momento concreto. “Sale de forma natural, no está escrito el tiempo exacto”, aclara.

En el caso de Ballesteros, que también ejerce como inversor, reconoce que tras más de 22 años emprendiendo y de haber lanzado cinco proyectos y cerrado tres exits ya, llega un momento en el que es lógico que se plantee desarrollar otras actividades. “Me encanta ayudar a otros emprendedores y aportarles mi experiencia para evitar errores y acelerar los proyectos, es donde me veo dentro de no muchos años”, confiesa. Para Diego esta sería, de alguna forma “como la metadona del emprendimiento para evitar el mono de lanzar otra startup”. 

No obstante, algunos opinan que si se ha sido emprendedor en serie esa esencia seguirá viva siempre de alguna manera aunque se haya mutado a otra figura. “Creo sinceramente que el emprendedor en serie nunca deja de serlo”, asevera Rodríguez. “Puede darse el caso que a nivel práctico y ejecutivo baje la intensidad y asuma un papel mucho menos intrusivo y/o de lideraje. Pero su manera de pensar, de proyectar, de ejecutar tendrá la esencia del propio emprendedor en serie”, concluye.

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