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Domingo, 17 de noviembre del 2019

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SheLeader: ¿qué necesitan las mujeres para emprender?

Hablamos con Lourdes Muñoz, cofundadora de la plataforma SheLeader, sobre autoempleo y liderazgo. Y sobre cómo se podría potenciar las presencia de mujeres en determinados ámbitos del ecosistema emprendedor en los que aún encuentran dificultades

SheLeader: ¿qué necesitan las mujeres para emprender?

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Emprendedores

Liderazgo y emprendimiento

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Agustina Barbaresi

Lourdes Muñoz se ha movido gran parte de su vida entre dos ámbitos: el político (siempre muy enfocada a las mujeres) y el tecnológico, ya que actualmente es, entre otras cosas, la presidenta de la iniciativa Barcelona Open Data. En 2017 le surgió la oportunidad de presentarse a una convocatoria para lograr una subvención con la que montar un proyecto online relacionado con el emprendimiento. Se puso de acuerdo con otras compañeras de este ámbito y al final acabaron creando, en enero de 2018, algo mucho más grande, que trascendía aquella convocatoria: la plataforma SheLeader.

Se trata de una plataforma online orientada a compartir conocimiento entre mujeres para avanzar profesionalmente, a través de encuentros de networking, formación, conferencias y mentorización. Se considera una “aceleradora de talento femenino”, un caldo de cultivo idóneo “para propiciar el encuentro de las mujeres que pueden organizar, compartir y formar a otras”. Es un espacio para esa palabra tan utilizada últimamente: empoderar. En palabras de Lourdes Muñoz, lo primero que tiene que tener una mujer emprendedora es “la consciencia de querer y poder hacerlo. Aunque no sea fácil. Aunque haya barreras. Es importante tener la convicción de que otras han llegado”.

Pero, ¿cómo son las mujeres que empiezan un negocio propio en España? La casuística es variada, según Muñoz no se puede hablar de un único perfil. Sin embargo “hay algunos casos concretos en que hay mucha representación. Más allá de la emprendedora de vocación, que puede surgir en cualquier momento y suelen ser de edad más jóven, hay un grupo importante de mujeres de 40 años o más que se lanza a emprender u organizarse por su cuenta. Y suelen hacerlo porque han llegado a un tope en su carrera profesional y no están dispuestas a que no se las valore en las empresas”. Para este grupo es especialmente útil el networking, la conexión. Compartir su conocimiento y experiencia. Enriquecerse entre sí.

Apoyo a las emprendedoras

Según el informe de ClosinGap ‘La brecha de género en la conciliación’, presentado recientemente, si las empresas contribuyesen a ayudar a las mujeres a no dejar su empleo por la maternidad u otras cuestiones sociales y/o familiares, se generarían 1.200 millones de euros adicionales para la economía. Lourdes Muñoz explica en este sentido que “las empresas han de ser conscientes de que, igual que un país pierde millones de euros por desaprovechar el talento de las mujeres, cada compañía pierde también objetivamente dinero por no hacerlo: por no ascender a las que tienen que hacerlo cuando toca, por dejar que se marchen, por no dejarles desarrollar proyectos que pueden redundar en beneficio para la propia empresa… El PIB que se deja de generar además también repercute en las corporaciones”.

Muñoz defiende el valor de la diversidad en los equipos, tanto de género como racial, poniendo como ejemplo a compañías en EE. UU, sobre todo en el ámbito tecnológico, en el que se llevan implantando políticas en este sentido en la última década, con muy buenos resultados. Sin embargo, recalca que “esto no es magia, requiere tiempo y tomar medidas de forma sistémica y sostenida. No vale de nada hacer un año un plan y olvidarlo al siguiente”.

¿Cuotas sí o no?

Una de las medidas más controvertidas para fomentar la presencia de mujeres tanto en el ámbito público como en las empresas son las llamadas cuotas. Muñoz se declara defensora de las cuotas en la política “porque han ayudado a que se avance mucho y lleguemos donde estamos actualmente”. Pero matiza su aplicación en las empresas, porque considera que el modelo no es totalmente trasladable.

“Más bien se deberían hacer políticas activas para que las mujeres consigan llegar. Por ejemplo, establecer esas cuotas en los procesos de selección me parece una muy buena práctica. Hacer, por ejemplo, que haya un mínimo de un tercio de candidatas a lo largo de todos los filtros del proceso, para garantizar que a la última fase llegue al menos una terna de ellas. Hay que tener en cuenta las necesidades de cada empresa a la hora de aplicar estas medidas. Y pensar además que no es lo mismo un equipo directivo o técnico que un consejo de administración: en éste último, por ejemplo, sí podría haber un sistema de cuotas, porque al final el consejo es representativo, no es ejecutivo”, propone.

Una de las grandes dificultades que se encuentran las mujeres a la hora de emprender es el acceso a la financiación. Sobre todo, en el entorno de las startups. Lourdes Muñoz afirma que la discriminación es real en este ámbito: “Los inversores deberían querer que su dinero acabe en el mejor proyecto, sin tener en cuenta si al mando está un hombre o una mujer, y esto no está sucediendo hoy por hoy”. De hecho, sólo el 3% del capital semilla se dirige a compañías lideradas por talento femenino.

Las raíces de esta discriminación son en gran medida sociales, ya que “los valores del emprendimiento, como son la seguridad, el liderazgo en la gestión del equipo, el éxito profesional… se suelen asociar, desde pequeños, a lo masculino.  A las mujeres no se nos fomenta desde pequeñas que emprendamos, que seamos líderes o autónomas para ganarnos la vida. En cambio a un niño sí se le transmite la idea de que si no tiene un desarrollo profesional determinado fracasa. Hace falta que cambie el mundo, pero el mundo puede tardar en cambiar 15 años y las emprendedoras que lanzan una startups necesitan el dinero ahora”.

Para ayudar a las mujeres empresarias mientras se trabaja “en la sensibilización y la educación” propone una serie de medidas específicas, además de las cuotas en los procesos de selección. “Por ejemplo, que una parte de la valoración de un proyecto se haga sin saber quién está detrás (no toda, porque nadie explica mejor tu proyecto que tú mismo). O también utilizar herramientas como el llamado CV ciego u oculto para hacer una puntuación previa. Lógicamente, otorgar el dinero a una mujer por el hecho de serlo sería injusto, pero sí se debería trabajar para que, al menos, tengan la oportunidad de optar a él”, concluye.

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