¿Por qué las matemáticas dejan de gustar en la ESO?

Los alumnos de Primaria tienen una buena opinión sobre las matemáticas, algo que desaparece en la mayoría al llegar al siguiente ciclo. Esta barrera puede explicar, en parte, el poco interés que suscitan las disciplinas STEM entre los universitarios

¿Por qué las matemáticas dejan de gustar en la ESO?

Imagen de archivo (Pixabay)

Educación

EDUCACIÓN Y STEM

Fran Leal

Fran Leal

Son muchas las voces que advierten del problema que vamos a tener en nuestro país dentro de unos pocos años a la hora de dar respuesta a las demandas del mercado laboral. Y esto se debe a que muchos de los empleos del mañana, los cuales hoy ni tan siquiera conocemos, van a requerir perfiles formados y especializados en el ámbito de las STEM (Ciencia,Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). Y la cuestión es que, en España, cada año se matriculan menos jóvenes en estas carreras. ¿Por qué?

¿Qué ocurre al llegar a Secundaria?

Quizá para encontrar respuesta debamos acudir a la educación secundaria, donde la relación entre las matemáticas y los estudiantes sufre, en muchos casos, una herida de muerte. De hecho, según varios estudios, entre los que se encuentra uno reciente llevado a cabo por la Asociación Española para la Digitalización (DigitalES), mientras en Primaria los alumnos mantienen una buena percepción de esta asignatura, en Secundaria las opiniones cambian drásticamente. Así, según el informe, un 73% de los estudiantes reconoce tener dificultades para entender las matemáticas y solo un 27% se siente confiado para resolver problemas.

Aquí, en este gap que se produce entre un ciclo y el otro, podría radicar buena parte del problema. Obviamente, los motivos por los que cambia la percepción de los alumnos no son nada fáciles de detectar, pero Xavier Núñez, fundador y director de la escuela superior de informática Epitech en España, apunta a una cuestión práctica. En Primaria, la materia “tiene un enfoque altamente práctico”, con lo que los alumnos detectan y entienden “cuál es la aplicación directa de lo que van aprendiendo”, como operaciones básicas o el cálculo de porcentajes. En cambio, en el ciclo de Secundaria esa practicidad no está tan clara “(derivadas, integrales, trigonometría…) y, por lo tanto, decae el interés”, relata Núñez.

Por su parte, Alicia Sánchez, que imparte Matemáticas desde 1º de la ESO hasta 2º de Bachillerato en un instituto público, pone el foco en que “las matemáticas que se estudian en Secundaria pasan a requerir una abstracción que no es tan destacada en Primaria, y ese salto es difícil de superar sin un poco de esfuerzo extra” que quizá no se necesite en otras materias. A esto, habría que añadir que “la sociedad y la idea generalizada de que las matemáticas son difíciles no ayudan al alumno a trabajarla más, sino a tener la excusa para tirar la toalla antes”. De hecho, la influencia de esos prejuicios queda latente cuando “da la sensación de que si no conoces a cierto escritor eres un inculto pero, en cambio, no recordar cómo se suman fracciones es algo gracioso de lo que presumir”, denuncia Sánchez.

Todo ello, lógicamente, influye (y mucho) en la poca vocación que muestran nuestros jóvenes por las disciplinas STEM. Al fin y al cabo, “si a mitad de camino el estudiante tira la toalla y no está mal visto (porque, una vez más, las matemáticas son difíciles), se quedará para siempre con la idea de que el razonamiento científico y, por ende, las disciplinas STEM son algo poco atractivo, al alcance de solo unos pocos que tengan una especie de mente privilegiada”, explica la profesora.

¿Cómo detener la hemorragia?

Llegados a este punto, y localizado parte del problema, llega la hora de actuar. Pero, ¿cómo? Para Sánchez, la clave está en dejar de presentar la materia como algo inalcanzable y apostar por la divulgación entre los jóvenes, a la vez que se aprovecha la conexión entre “las ciencias y las nuevas tecnologías y su funcionamiento”, que sin duda pueden despertar la curiosidad entre el alumnado. En la misma línea apunta Núñez, al abogar por que “estas materias teóricas vengan acompañadas de problemas y proyectos donde se ponga de relieve su aplicación real, ya sea utilizando las tecnologías actuales, así como su incidencia en temas de interés para los jóvenes actuales, como los videojuegos, la exploración espacial, los deportes…”.

Y es que, como en tantos otros ámbitos, la tecnología también puede echarnos una mano en esto. De hecho, ya existen iniciativas que, basadas en la tecnología, apuestan por fomentar en los más pequeños los conocimientos matemáticos. Es el caso de Smartick, una plataforma que ha conseguido que más de 18.000 niños y niñas de nuestro país, de entre 4 y 14 años, practiquen online las matemáticas y, lo que más recalcan desde la firma, de manera totalmente voluntaria, lo que demuestra el interés de los más pequeños en la materia.

Esta práctica, además, refuerza las capacidades de los niños, por lo que también ayuda en esta lucha en favor de las disciplinas STEM, pues cuanto mayor sea el dominio de la materia, menor será el riesgo de darse por vencido. Al respecto, desde la compañía afirman que el 94% de sus alumnos incrementa su capacidad de cálculo y agilidad mental, el 83% sube su calificación en matemáticas y el 50%, incluso, lo hace en el resto de asignaturas.

Igualdad y oportunidades

Daniel González, cofundador de Smartick, señala además que estas prácticas voluntarias demuestran que no existe ningún tipo de diferencia entre niños y niñas en cuanto a los resultados que pueden obtener, pues tras analizar los problemas que resuelven a través de la aplicación, se concluye que “los niños y niñas son igual de buenos en matemáticas y, desde luego, en Smartick conseguimos que no haya ninguna diferencia significativa”. Al buscar el motivo, González apunta a un aspecto relacionado con el ambiente donde se realizan los ejercicios, pues “no es lo mismo trabajar en casa sin la presión de los compañeros, que en una clase donde existe competitividad, y esto con los años crece de manera significativa”. Es más, lejos de lo que apuntan ciertos informes (en referencia al informe PISA), González destaca que las chicas “en nuestro método” no obtienen peores resultados que los chicos; son “más meticulosas e incluso adelantan ligeramente a los chicos en los ejercicios de lógica”, asegura.

González resalta también, en línea con lo que nos comentaba Sánchez, la importancia de lo que proyectamos los adultos sobre las matemáticas a los más pequeños, pues puede hacer un flaco favor a su aprendizaje: “El rol de los padres es fundamental y es clave que hablen de forma positiva sobre las matemáticas”, huyendo de frases célebres como “yo es que soy de letras” En resumidas cuentas, no se trata de que todos los niños y niñas tengan que estudiar matemáticas y se orienten hacia las disciplinas STEM, pero sí que, al llegar el momento, no se encuentren con unas puertas cerradas antes de tiempo, por ejemplo en Secundaria.

En este articulo: Nuevas Profesiones

Iniciar sesión 0 Comentarios
cargando