Miércoles, 25 de noviembre del 2020

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"Una sociedad igualitaria no es sólo que más mujeres tomen decisiones, sino redistribuir riqueza y cuidados"

Irene Montero, ministra de Igualdad, asegura que la economía feminista es necesaria y que la pandemia ha puesto de relieve que el feminismo tiene razón: "O hay políticas redistributivas o no se consigue la igualdad"

Irene Montero, ministra de Igualdad

Irene Montero, ministra de Igualdad // David Castro

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ENTREVISTA A IRENE MONTERO, MINISTRA DE IGUALDAD

Marta Gracia

Marta Gracia

Irene Montero es la ministra de Igualdad del primer Gobierno de coalición en España. Un puesto que le pone en el punto de mira en muchas ocasiones. En algunas de ellas por ser mujer joven, en otras por sus declaraciones. Pero ella tiene claro que el Ministerio que lidera es necesario, “solo hace falta ver la realidad, los datos”. La pandemia, asegura, ha puesto de relieve la necesidad de que las políticas públicas deben ocuparse de los cuidados porque si no caen en los hombros de las mujeres. Apuesta por la economía feminista, la que pone la vida en el centro. Defiende la partida destinada para Igualdad en los presupuestos de 2021, aunque es consciente de que puede que no sea suficiente, “pero es una semilla”.

Reconoce que hacen falta más referentes mujeres en profesiones que, tradicionalmente, están ocupadas por hombres, pero matiza que el feminismo no es solo que las mujeres ocupen puestos de decisión, sino también en que se redistribuya la riqueza. La ministra de Igualdad ha hablado con Byzness.

El coronavirus ha puesto de manifiesto la importancia de los cuidados, uno de los puntos que defiende la economía feminista: la vida en el centro ¿Cree que esta economía va a cobrar mayor relevancia?

Sin duda. Los presupuestos generales del Estado por primera vez sitúan la importancia de que hagamos políticas públicas de cuidados. De que el Estado se ocupe de los cuidados y no solo lo hagan las familias y en concreto las mujeres que son las que mayoritariamente se ocupan de ello. Las políticas públicas no pueden ser solo leyes, sino que tiene que haber inversión pública para que podamos hablar de una verdadera política pública robusta que se haga cargo de esto.

En los PGE se destinan 200 millones de euros para el plan corresponsables para facilitar el cuidado de los menores de 14 años, también hay un aumento histórico en la política de dependencia, inversión para trabajar en la educación de 0-3 años, que es fundamental para hablar de políticas de conciliación. Pero no solo están esas medidas más directas sino también la comprensión de que los presupuestos tienen que hacer robusto lo común, los servicios públicos, la sanidad, la educación… Más en un momento de dificultad como este sabiendo que las mujeres son las más vulnerables.

Estos presupuestos son una conquista de las mujeres, de lo que, durante décadas, el movimiento feminista lleva explicando. Parece que hasta ahora solo lo decían las mujeres, pero es que también lo dice el Fondo Monetario Internacional, la Unión Europea… es un consenso mundial. Necesitamos sociedades donde lo común sea grande y sea también un vector de crecimiento económico. Proteger y cuidar es también crecer económicamente algo que el dogma neoliberal y las políticas de austeridad parecían que no querían escuchar.

Otro de los aspectos que ha quedado en relieve es que los cuidados tanto a menores como a dependientes han vuelto a caer en las mujeres. ¿Por qué no existe esa corresponsabilidad?

Porque no ha habido nunca políticas públicas que se hayan ocupado de ello. Esta crisis ha demostrado todos los problemas estructurales que nuestra sociedad tenía, que estaban, en su mayoría, cargados sobre los hombros de las mujeres y por eso, no saltaban al terreno de la política y del debate público, permanecían encerrados en la individualidad. Muchas mujeres no tenían tiempo ni para sí mismas, compatibilizan trabajo con cuidados, corriendo siempre. Pensaban: bueno será mi culpa y por eso es tan agresivo el discurso de la derecha porque parece que las mujeres tienen la culpa de aquello que les pasa. Esta crisis ha demostrado que muchos de los problemas que hasta ahora las mujeres vivían en soledad no son problemas individuales son problemas de los que nos tenemos que hacer cargo desde la política.

Eso no quiere decir que no hayamos llegado tarde. Soy autocrítica porque creo que es verdad que hay una ausencia total de política pública de cuidados y era muy difícil poner una medida en marcha que solucionase todos los problemas. Las mujeres han tenido que hacer malabares y se ha dado una situación de la que estamos viendo ahora las consecuencias, cuando aparecen los datos de desempleo o los de excedencias donde las más perjudicadas son las mujeres. Las mujeres están en aquellos empleos que se han demostrado esenciales, tareas de cuidado, la sanidad, la dependencia, el cuidado de personas mayores, la educación… y han tenido que trabajar a destajo con la dificultad de conciliar y en ausencia de políticas públicas de conciliación, muchas han tenido que asumir excedencias o dejar los empleos para poder, simplemente, sobrevivir.

Por otra parte, las mujeres están en aquellos sectores económicos que más difícil se están recuperando: el sector turismo, el sector servicios. El futuro se les presenta más difícil a las mujeres. Hemos hecho cosas que nunca antes se habían hecho, pero aun así son insuficientes. Creo que estamos en el camino de que haya más medidas públicas para dignificar la vida de las mujeres.

El anteproyecto de los presupuestos destina 300 millones para igualar el permiso de paternidad y maternidad y 200 millones para la contratación de cuidadores. ¿Será suficiente?

Es histórico, pero seguramente nos sirva para darnos cuenta de que es necesario invertir más dinero. Lo que estamos haciendo es plantar una semilla, me gusta pensar que irreversible, aunque en cuestión de derechos no hay nada irreversible. Pero estamos sembrando la semilla robusta para que haya inversión y políticas públicas que se ocupen de esto. Si no nos ocupamos desde la sociedad colectivamente, desde el Estado, con inversión pública, se terminan ocupando las mujeres en soledad, en sus casas.

Son unos presupuestos que atienden a todos aquellos elementos que tienen que ver con el fortalecimiento del proyecto común como sociedad para que no recaiga sobre las mujeres. Muchas mujeres lo que están percibiendo en estos meses es una situación de miedo de incertidumbre, de dificultad y por eso es difícil ver la esperanza que pueden suponer estos presupuestos, pero creo que en el medio plazo se va a demostrar que son una conquista. Estamos poniendo encima de la mesa la idea de fortalecer los servicios públicos, de que las políticas de cuidado se conviertan, primero en política pública, y segundo, en un vector de desarrollo económico. Son unos presupuestos que ayudan a que haya más igualdad, más feminismo y al final más oportunidades.

Sin embargo, no aparece una de las propuestas del Gobierno de coalición y de Unidas Podemos, que es la rebaja del IVA en los productos de higiene femenina…

Es una de las tareas que tenemos pendiente. Las negociaciones de los presupuestos   pueden abordar otras cuestiones que se han quedado en el tintero. El balance que hacemos del resultado de la negociación es positivo, pero efectivamente hay cosas necesarias que abordar. Nos sigue preocupando mucho y serán tareas que abordemos con la mayor urgencia posible.

El 13 de octubre, el Consejo de Ministros aprobó el Real Decreto de Igualdad Retributiva y otro para regular los planes de igualdad. ¿Cómo se va a comprobar que se cumplen?

Dentro de unos cuantos años, si se han aplicado bien estos dos reglamentos, seguramente haya más medidas que poner en marcha porque se hayan quedado desactualizados, pero creo que hemos hecho un trabajo, no solo el Ministerio de Trabajo y el de Igualdad, sino también los agentes sociales, muy preciso de diagnóstico y de propuesta de soluciones para la desigualdad retributiva. Son reglamentos, sobre todo el de igualdad retributiva, que ponen encima de la mesa el concepto de trabajos de igual valor, que no es tan maniqueo como que una mujer y un hombre reciban un salario diferente por hacer el mismo trabajo. Las fuentes de la desigualdad retributiva se encuentran en los complementos salariales y en la desigual valoración de trabajos que aportan parecido, pero que la sociedad ha tenido la tendencia de valorar y pagar más los masculinos que los femeninos. Empleos muy feminizados se suelen remunerar de forma más baja que empleos que aportan igual valor, pero que están masculinizados.

La brecha salarial está en los complementos salariales y en los trabajos feminizados, que no se valoran igual

Otro elemento importante es la transparencia, si no la hay, si no se puede conocer cuáles son las diferencias entre lo que cobran los hombres y las mujeres en una empresa es muy difícil aflorar elementos de discriminación que permanecen ocultos y de los que no son conscientes ni los propios trabajadores ni los empresarios. Esa transparencia va a permitir aflorar todos los mecanismos de discriminación. Habrá que buscar los mecanismos para revertirlos y también hay sanciones por si esos mecanismos de negociación y diálogo no funcionan y hay empresas en las que esa brecha no se corrige.

Aquellas empresas que son más igualitarias y que más promueven la igualdad son también más productivas. Son mejores empresas no solo porque se cumplen los derechos humanos, sino porque son más rentables económicamente. 

Algunos empresarios señalan que la igualdad retributiva ya estaba contemplada en el Estatuto de los Trabajadores ¿por qué hacía falta un reglamento?

En la mesa de diálogo social ha quedado rotundamente claro, no solo por parte de los sindicatos, sino también por parte de la patronal, que era necesario desarrollar esto, a pesar de que la Constitución ya dice que no se puede discriminar por razón de sexo. Somos plenamente conscientes, tanto empresarios como sindicatos como el Gobierno, que no es una cosa, como decía Mariano Rajoy, en la que no hay que meterse. Es una cuestión central para hablar de la independencia económica de las mujeres, de la justicia social y también de la productividad. Los países y las empresas más igualitarias son también más productivas. También hay que ocuparse de problemas estructurales en el mercado de trabajo que hacen que las mujeres paguen siempre el pato de los problemas y más cuando vienen tiempos de crisis. Me refiero al tiempo parcial, a que la mayoría de excedencias por cuidado las siguen cogiendo las mujeres…

Las brechas salariales se pueden producir con el parón por maternidad o incluso por el famoso techo de cristal. ¿Cómo se combate?

El techo de cristal es un problema, pero es más grave el suelo pegajoso. Las mujeres, como tienen más carga de cuidados en el ámbito familiar, tienen mucho más difícil la entrada al mercado laboral. Además, las condiciones de entrada son mucho más precarias, más trabajo a tiempo parcial y la mitad de ellas dicen que lo hacen de forma involuntaria, ellas querrían tener un trabajo a tiempo completo, pero o bien las tareas de cuidados y la sobrecarga de los cuidados o bien la imposibilidad de encontrar un trabajo a tiempo completo hacen que estén en esa situación. Los problemas del mercado de trabajo para las mujeres son múltiples.

La pandemia ha dicho que el feminismo tiene toda la razón: o hay políticas redistributivas o no se consigue la igualdad

Con lo que tiene que ver con la maternidad, el hecho de que los permisos de maternidad y paternidad sean iguales e intransferibles va a favorecer que no suponga un riesgo o un demérito para las mujeres quedarse embarazadas y que lo que hasta ahora lo que se veía como una carga, a distribuirse de forma equitativa entre hombres y mujeres, se verá como una condición más. Decidir ser padres no supondrá una dificultad añadida en el entorno de trabajo.

¿Por qué el término de ‘suelo pegajoso’ se conoce menos?

Es la reflexión de la cuarta ola del movimiento feminista. El movimiento irrumpe en los últimos años con la frase ‘si nosotras paramos para el mundo’, por lo que pretende poner encima de la mesa una reflexión que el movimiento feminista ha hecho siempre, pero que en cómo se ha trasladado al ámbito de la política institucional siempre ha quedado en un segundo plano. El feminismo no tiene que ver solo con el eje de la representación, con que haya más mujeres tomando decisiones, que es fundamental, sino que también tiene que ver con la redistribución. Para que una sociedad pueda garantizar la igualdad entre hombres y mujeres no solo hace falta que estemos más mujeres en puestos de responsabilidad, sino que también hay que repartir la riqueza, el tiempo y los cuidados.

Pero si las mujeres tenemos más difícil el acceso al mercado laboral, nos pagan menos y hacemos más horas en el ámbito doméstico significa que tenemos menos tiempo para buscar un trabajo mejor, para cuidarnos a nosotras mismas, para leer, para estudiar. Esto nos pone en una situación de mucha mayor dificultad y hace imposible que hablemos de una igualdad plena efectiva y real.

La pandemia ha venido a decir que el movimiento feminista tiene toda la razón: o hay políticas redistributivas o no vamos a conseguir la igualdad, pero tampoco vamos a conseguir erradicar las violencias machistas. Una de las bases fundamentales de la violencia machista tiene que ver con la dependencia económica de las mujeres y con la mayor exclusión social.

La ministra de Igualdad asegura que los PGE son una semilla // david castro

Esta frase: “El problema de que no haya igualdad real es que las mujeres han salido del hogar, pero los hombres no han entrado en casa” refleja ese suelo pegajoso. ¿Qué solución tiene algo que está tan arraigado en la sociedad?

Creo que quien tiene que entrar es sobre todo el Estado. La frase es verdad, las mujeres no hemos dejado de asumir mayoritariamente las cuestiones de cuidado y ahora también asumimos las propias del mercado laboral. Por tanto, es necesario hacer políticas públicas que redistribuyan de forma más equitativa entre hombres y mujeres las tareas de cuidados. Los cuidados no pueden seguir viéndose como una tarea natural propia de las mujeres.

Más importante que eso, que es fundamental, es que tomemos conciencia de que los cuidados no son algo que tenga que realizarse de forma solitaria y privada en el ámbito de la familia, sino que son una tarea esencial para el sostenimiento de la sociedad. Esta pandemia lo ha puesto de manifiesto, si no se plancha, si no se cocina, si no se compra, si no se cuida no hay vida posible. Las tareas de cuidado son tareas esenciales para la vida, igual que lo es la sanidad o la agricultura o la industria.

Por lo tanto, las administraciones nos tenemos que ocupar de los cuidados y tiene que haber un sostén común y colectivo de los cuidados. Creo que lo fundamental para que las mujeres no sigamos teniendo una sobrecarga de cuidados y tengamos una inserción en el mercado de trabajo mejor es que haya una fuerte presencia de lo público y del estado y hacia ello avanzamos con estos presupuestos.

Los datos del paro ponen de manifiesto que las mujeres son más golpeadas ¿Por qué? ¿Hacen falta referentes mujeres en carreras mejor remuneradas?

Claro que sí. Uno de los principales retos que tenemos es que haya más mujeres en actividades STEM que se sitúan como eje central en el proyecto de país al que nos dirigimos, la digitalización ocupa un rol central y todas aquellas actividades que tienen un alto valor añadido y todas vinculadas al desarrollo tecnológico y a todas las competencias y disciplinas STEM están masculinizadas.

La ausencia casi total de mujeres referentes en todos los ámbitos en el currículum educativo es uno de los grandes retos que tenemos. No solo que las mujeres tengan referentes mujeres, y que sepan que pueden hacer lo que quieran, sino que las mujeres también hemos tenido una contribución fundamental para nuestra historia y cambiar la perspectiva e incluir nuevas actividades esenciales para saber cómo hemos llegado a ser la sociedad que somos. Son tareas que tenemos pendientes, hay un interés de abordar estas cuestiones a través de las reformas que se plantean y también es un reto como sociedad.

ClosinGap reveló que las empresas generarían 1.200 millones de euros más si contribuyen a que las mujeres no abandonen su empleo por cuidados, pero hay mujeres que deciden hacerlo ¿cómo se equilibra esta balanza?

Para que todas las mujeres puedan elegir tiene que haber políticas de cuidados. Pero tiene que ser una elección en mayúsculas, es decir, que no sea una elección que cuando se escarba se vea muy forzada, como que no tengo otro remedio o es la mejor de mis opciones siendo que todas son malas. No son solo una cuestión de derecho, sino de eficiencia y eficacia económica y son también un posible vector de empleabilidad y crecimiento económico. Por tanto, para que podamos hablar de que esas elecciones son reales y sobre todo que pueden elegir todas las mujeres, sobre todo las más vulnerables, tenemos que hablar de políticas públicas de cuidados: fortalecer la educación infantil, las políticas de dependencia y cuidados más domiciliarios…

¿Qué le parece que la presidenta del Banco Santander, Ana Patricia Botín, se haya declarado feminista? ¿Qué supone esto para el movimiento y para la economía del país?

El feminismo ha conseguido que todas las mujeres y todos los hombres quieran ser feministas, porque los argumentos que las mujeres y el movimiento están poniendo encima de la mesa son cada vez más evidentes y la pandemia ha sido un golpe de realidad para quien todavía tuviese alguna duda.

Todas las mujeres por el hecho de serlo sufrimos las consecuencias del patriarcado, pero no todas las decisiones que se toman contribuyen a la igualdad y por tanto es útil que todas las mujeres tengamos la reflexión sobre el feminismo y la importancia de ser feministas, pero hay que trasladarlo a hechos. La señora Botín y yo pertenecemos a dos formas de entender el mundo muy diferentes, pero en eso se basa el feminismo también en la convicción profunda de que es necesario, porque la sociedad va a ser mejor si hacemos políticas feministas y tomamos decisiones feministas, que no solo tienen que ver con que seamos más mujeres tomando decisiones, que es fundamental, sino también con la redistribución del trabajo, del tiempo y de la riqueza de un país.

La señora Botín y yo pertenecemos a dos formas de entender el mundo muy diferentes, pero en eso se basa el feminismo, en la convicción profunda de que es necesario

Creo que hay muy pocas personas, Cayetana Álvarez de Toledo y VOX, que tengan miedo al avance del feminismo, que es imparable en el mundo, como para plantear una guerra abierta contra él.

Todas las mujeres por el hecho de serlo han sufrido machismo, aunque afecta más a las que pertenecen a clases más desfavorecidas. El patriarcado es una estructura de dominación que en algún momento nos ha golpeado a todas, pero no todas las decisiones políticas y empresariales son feministas. Las políticas de recortes, desahuciar a una familia, no lo son. Cuando lo público se hace pequeño, quien asume lo que antes hacía lo público son las mujeres.

¿Alguna vez se ha sentido discriminada, acosada o injustamente tratada en un empleo por el hecho de ser mujer? ¿Y en el desempeño de su labor política?

Todas las mujeres lo han sufrido, y en un ámbito como la política que es todavía muy estructurado por y para hombres, también. Creo que es evidente y hay ejemplos de sobra. Por el hecho de ser mujer, y más por el hecho de ser mujer joven, se cuestionan tus capacidades, tu legitimidad para estar ahí, el hecho de que puedas tomar decisiones por ti misma y no te lo tenga que decir un compañero de tu partido. Si eres mujer, si eres mujer joven, si eres mujer migrada o mujer pobre, mejor que no te metas en política porque vas a sufrir.

Pero más me preocupa una forma de hacer política de la extrema derecha que es estructuralmente violenta, que elige la violencia, el odio… como una forma de intentar ganar posiciones y de intentar eliminar y destrozar al adversario incluso en términos personales. No combatir sus ideas o combatir sus proyectos de país, sino destrozar al propio adversario en términos personales. El movimiento feminista es el principal vector de avance democrático y de conquista de derechos a nivel mundial. Va ser muy difícil frenar ese movimiento por la extrema derecha.

Irene Montero, durante la entrevista // DAVID CASTRO

Hace poco tuvo el foco mediático encima por las declaraciones que hizo sobre Teresa Rodríguez y se cuestionó su frase “la política no para” ¿entiende las críticas?

Siempre, si no estuviésemos en un momento donde hay tanto ruido, tanta agresividad sería más fácil poder debatir. Cuando ocupas una responsabilidad pública tienes que asumir que puede haber críticas y escucharlas con atención y más cuando se trata en este caso de la defensa de los derechos de las mujeres. Creo que cometí un error al hacer pública una diferencia de criterio con Teresa, no voy a ahondar en ello. Lo que dije fue que ninguna de las dos partes ha dejado de hacer política en este contexto. A partir de ahí entiendo las críticas y hago mía la crítica de exponer en una red social unas diferencias que podríamos haber hablado por otra vía.

El Ministerio de Igualdad, y usted como la cara más visible, es uno de los más criticados ¿Qué les diría a las personas que creen que su ministerio no es necesario?

Que miren la realidad y entiendan porque no solo este gobierno, sino los organismos internacionales recomiendan que haya mecanismos institucionales de alto nivel como puede ser un Ministerio de Igualdad que vele específicamente por los derechos de las mujeres. Por ejemplo, el aumento de las pensiones no contributivas parece una medida neutra, pero la mayor parte de las personas que reciben este tipo de pensiones son mujeres.

Que miren los datos de desempleo, los de brecha retributiva, los de pobreza estructural, de familias monoparentales, el mayor riesgo de pobreza y exclusión social, los datos de ocupación en diferentes sectores económicos y cómo están remunerados, los asesinatos de violencia machista, las violaciones, las agresiones…

Si no hubiera habido un Ministerio de Igualdad seguramente el 016 no hubiese sido declarado un servicio esencial, porque imagínate lo que es estar encerrada con tu maltratador y que tu casa no sea un lugar seguro ni para ti ni para tus hijos.

Que miren el trabajo realizado por primera vez del Ministerio de Igualdad que va a haber 200 millones, que pueden ser insuficientes, pero que es una semilla importantísima. Que miren todo el trabajo que hemos hecho estos meses y verán que es necesario un Ministerio de Igualdad, independientemente del sentido político del Gobierno, aunque creo que un gobierno progresista puede garantizar los derechos de las mujeres mejor que un gobierno de la derecha y si no, ahí está la hemeroteca.

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