¿Es la economía feminista la 'receta' para la recuperación?

La crisis sanitaria del coronavirus ha puesto de manifiesto la necesidad de un cambio de modelo productivo

Imagen de archivo de la marcha feminista de 2019 en Madrid

Imagen de archivo de la marcha feminista de 2019 en Madrid // EFE

Económicos

NUEVAS REALIDADES

Marta Gracia

Marta Gracia

El coronavirus ha puesto todo del revés. La crisis económica que ha provocado la COVID-19 supone un cambio profundo en el modelo económico que hasta ahora conocíamos. De hecho, se ha puesto de manifiesto la importancia del cuidado de las personas, del bien común y del apoyo mutuo. Unos valores que defiende la economía feminista. Pero para que se haga realidad hace falta un empujón más. Muchos expertos coinciden en que los países liderados por mujeres han capeado mejor la crisis del coronavirus. Por lo que hay que plantearse si se necesitan mujeres políticas en el poder o políticas feministas. 

“Actualmente estamos ante un verdadero cambio de época”, explica Mayo Fuster, investigadora principal del grupo Dimmons. Según Fuster, en momentos como el actual en el que se evidencia la vulnerabilidad compartida global, se está reivindicando “la vida por delante de la economía y se acentúan la importancia del sector público y el bien común”, así como de algunos valores como el de la solidaridad.

Lola Sanjuán, directora de CKL Comunicaciones Coop, señala que si de verdad se quiere fortalecer la economía, reconstruir empleo y redistribuir riqueza que eviten bolsas de pobreza, “la respuesta es que la economia feminista es un modelo economico diferente al clásico que intenta poner el foco en los indicadores necesarios para la vida y que más allá del PIB son los que mueven la economía real y productiva de un país”. 

Fuster destaca que el trabajo de cuidado es también economía.. “Con el coronavirus se está visibilizando y llevando al extremo la crisis del cuidado que existe desde hace muchos años”, afirma la investigadora del grupo Dimmons. El confinamiento obligó a muchos trabajadores a conciliar más que nunca su actividad laboral con las tareas domésticas y de cuidado de la familia, ya sea de los hijos o de cualquier persona con dependencias especiales. 

Sanjuán considera que esta crisis está impactando de forma más incisiva en las mujeres y ha acentuado la desigualdades entre mujeres y hombres, fundamentalmente por la crisis de cuidados que ha provocado la COVID y a la que se hace frente fundamentalmente con trabajo de mujer no pagado o mal pagado. “La ecomomia feminista es mas necesaria que nunca”, destaca.

La ecomomia feminista es mas necesaria que nunca

Por ello, considera que en este nuevo modelo productivo y económico el modelo de gestión de cuidados tiene que ser más igualitario y “un objetivo estratégico tiene que ser elevar el salario de las personas que trabajan en los cuidados, que mayoritariamente son mujeres”. 

Elena Pérez, investigadora predoctoral de la Universidad Complutense de Madrid, explica que históricamente, la forma que ha adoptado el Estado del Bienestar se ha basado en el hombre proveedor-trabajador y la mujer cuidadora. “Aunque las mujeres han conseguido salir de la esfera del hogar y entrar en el mercado de trabajo, los hombres no se han hecho cargo de los cuidados en la misma medida”, apunta.

Las crisis, contra el eslabón más débil

Las crisis afectan más a los eslabones más débiles, con menos recursos o, dicho de otra forma, a las personas con más carga de trabajo y menos capacidad de elección respecto al hogar o al cuidado de dependientes. Por ello, en esta crisis del coronavirus, las mujeres vuelven a ser uno de los colectivos que peor lo están pasando. 

Elena Pérez señala que para salir de esta crisis “ecosocial y de cuidados permanente en que habitamos sería necesaria una transformación del modelo de organización social de la producción, y en esa reorganización es fundamental la economía feminista”. Para la investigadora se necesitan corregir las distorsiones sistémicas que reducen el valor económico a lo exclusivamente monetario y “poner de manifiesto, al mismo tiempo, los costes biofísicos de la producción y los trabajos que, fuera del circuito de la producción, sostienen la vida humana”.

Las mujeres han conseguido entrar en el mercado de trabajo, pero los hombres no se han hecho cargo del hogar en la misma medida

Elena Pérez asegura que la herramienta de política económica contracíclica más importante con la que cuenta el Estado es el trabajo de cuidados. “Durante las crisis económicas su presencia se incrementa, evidenciando su carácter esencial para la continuidad del sistema, aunque paradójicamente muchos de ellos son trabajos menospreciados e invisibilizados”, denuncia. 

Políticas feministas para salir de la crisis

“Suena fácil decir que las mujeres son la solución para salir de la crisis, pero no es cierto del todo”, matiza Lola Sanjuán. Según la directora de comunicación, es necesario que esas mujeres sean feministas “porque si no, no habrá cambio”. Por ello, insiste en que un hombre también puede adaptar medidas feministas, “se requiere perspectiva de género para cambiar la forma de gestionar”. 

Sanjuán lo tiene claro: es necesario el análisis y la aplicación de la economia feminista desde el punto de vista de la empresa, ya que cuando se pone en marcha otro enfoque el resultado empresarial es sorprendente, “el equilibrio casi perfecto entre productividad y felicidades de las personas que trabajan en la empresa”.

Elena Pérez explica que “lo propio” sería legislar en base a políticas feministas que tuviesen por objeto eliminar las dinámicas estructurales que perpetúan la precariedad, las desigualdades y la exclusión de amplios colectivos sociales. Así pone de ejemplo políticas como el análisis de impacto diferenciado de las partidas presupuestarias o como la reducción de la jornada laboral máxima, “en términos de menos horas al día y no de menos días a la semana para revertir la centralidad que el trabajo asalariado tiene en las vidas y con el fin de conseguir una organización más equitativa de los tiempos”.

Pérez recuerda una reflexión de Bibiana Medialbea y tal y como explica cuando se pone el foco en lo laboral sin tener en cuenta la desigualdad estructural entre hombres y mujeres, se aplican medidas que son “neutras” en apariencia, pero que consolidan la división sexual del trabajo. 

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