Diferencias y semejanzas de esta crisis con la financiera del 2008

Ya es inevitable: los datos muestran que nos adentramos en una crisis económica de una gran magnitud al haberse paralizado la actividad económica de todo el planeta. En la memoria tenemos el recuerdo de la recesión de hace más de una década

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Imagen de archivo. // Pixabay

Económicos

DEBACLE ECONÓMICA POR EL CORONAVIRUS

Héctor Chamizo

Héctor Chamizo

El origen de la crisis ya no se produce en las bolsas, como sucedió durante el siglo pasado. Más bien los índices bursátiles funcionan como factores esenciales para las caídas de los mercados. Esto quiere decir que estos cataclismos no vienen precedidos de burbujas a pesar de que en los dos últimos desplomes –el actual y el de 2008– así lo demostrasen.

Es difícil no acordarse, viendo el panorama actual, de lo que ocurrió a raíz de la quiebra de Lehman Brothers en 2007. ¿Se parece algo a lo que vislumbramos con la pandemia del coronavirus? Rafael Ojeda, analista macro de Fortage Funds, cree que la principal diferencia es que aquella crisis que originaron los bancos “fue de liquidez”. Comenzó a gestarse por el colapso de las hipotecas subprime (créditos de alto riesgo concedidos a ciudadanos con riesgo de impago) y generó “un shock tremendo de efectivo, mientras en el mercado no había dinero para poder salir del atolladero”, describe.

La actual crisis, en contraposición, ha sido provocada por la aparición de un virus a nivel global que está colapsando los servicios sanitarios, por lo que es diferente. Según señala Joaquín Robles, analista de XTB, los gobiernos, con el objetivo de contener la propagación, “han adoptado medidas extraordinarias que han llevado a una paralización económica sin precedentes”. Algo que no ocurrió en la anterior recesión.

Los inversores hasta ahora han descontado los efectos de estas medidas, tal y como destacan estos analistas, que se traducirán tanto en fuertes descensos tanto en el PIB de los países como en los resultados empresariales. El mayor foco de incertidumbre, en estos momentos, es no saber “hasta cuando el mercado convivirá con esta paralización de la actividad económica, y en qué lugar dejará a la economía”, dice Robles.

La liquidez no supone ahora un problema

Al contrario que en 2008 tenemos “toda la liquidez inimaginable”, analiza Ojeda, por lo que el esquema es el opuesto al de aquellos años. A consecuencia de ese lamentable evento se ha extraído un aprendizaje y se ha dado cuenta de que si los gobiernos hubieran inyectado todo el efectivo que el mercado necesitaba, “probablemente los efectos de aquella crisis no habrían sido tan profundos como fueron”. 

En este caso, los bancos centrales están insuflando todo el dinero que hace falta para mantener, no solamente la economía en orden, sino incluso que el ciclo bursátil sea más largo de lo que debería ser gracias a estas herramientas.

El gran miedo que existe en estos momentos es que el deterioro económico sea tan profundo, que arrastre a numerosas empresas a impagar parte de su deuda, según afirma Robles. Durante los últimos años, “muchas compañías han aprovechado los bajos tipos de interés para emitir una deuda”, y en el caso de que empeoren notablemente sus resultados “podrían sufrir rebajas en sus calificaciones crediticias”, avisa.

En el caso de que esto suceda, gran parte de los inversores podría decidir vender la misma deuda, al mismo tiempo sin encontrar contrapartida. De suceder eso “nos volveríamos a enfrentar a un riesgo de liquidez, que podría trasladarse al resto de activos”, expone. Además, los bancos centrales y los gobiernos han inyectado tantos estímulos, que podrían “quedarse sin maniobras adicionales en el futuro”, anticipa.

Lo que nos encontramos ahora es un shock de oferta y demanda. ¿Por qué? Porque al estar todo el mundo encerrados en casa y no poder ir ni siquiera a trabajar no tenemos la “posibilidad de demandar productos”, señala Ojeda. Además, hay que sumarle que tampoco se pueden “producir esos productos que los demás demandamos”. Así, la crisis en este sentido es radicalmente diferente.

En la dimensión está la semejanza

Los expertos creen que la principal similitud que existe entre sendas crisis es la magnitud y dimensión de las dos. En el año 2008 el PIB cayó en torno a un 5% en Estados Unidos y, en este caso, “nos podemos encontrar con una caída superior a ese porcentaje. Se llega a hablar de un 10% del PIB”, pronostica Ojeda. Por tanto, hay semejanzas con las tremendas repercusiones que pueden tener. 

Para Robles las consecuencias son muy difíciles de cuantificar por ahora, pero ya se estima que el PIB de Alemania podría caer un 5%, el de España un 10% y el de Estados Unidos un 25%. Será determinante “conocer los datos del primer trimestre durante este mes de abril, para establecer un punto de partida”. 

Las medidas de estímulo anunciadas por los bancos centrales y los gobiernos han detenido las caídas, pero difícilmente podrán restablecer “la actividad al mismo ritmo que se venía desarrollando”, agrega Robles.

Además, del mismo modo que el mundo no ha sido igual desde la crisis del 2008, puesto que hemos aprendido a que necesitemos mercados muy líquidos e inyecciones de capital si son necesarias, probablemente a la vuelta de esta recesión aprenderemos que "el teletrabajo es fundamental para evitar problemas tanto de oferta como de demanda, se generará mucha más tecnología con la compraventa de productos online y el mundo será radicalmente diferente”, prevé Ojeda. 

En este articulo: Macroeconomía

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