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Lunes, 09 de diciembre del 2019

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Economía feminista: qué es y cómo participar en ella

El feminismo ha llegado con fuerza a España desde hace dos años. Las mujeres han salido a la calle y los medios de comunicación lo plantean como temas importantes.

Un aspecto de la manifestación del 8-M en Madrid.

Un aspecto de la manifestación del 8-M en Madrid. // DAVID CASTRO

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FEMINISMO

Marta Gracia

Marta Gracia

La economía feminista busca “poner la vida en el centro”, lo que significa poner el foco en el bienestar, la buena vida y la justicia social y ambiental, y no en los atributos actuales que rigen la economía. Además, reivindica la necesidad  de valorar los trabajos domésticos y de cuidados, que ahora mismo están subestimados en comparación con los trabajos remunerados del mercado laboral: al no generar ingresos, resultan invisibles. Y sin embargo, son imprescindibles para la vida.

La economía feminista reivindica la necesidad de valorar los trabajos domésticos y de cuidados, que ahora mismo están subestimados en comparación con los trabajos remunerados del mercado laboral: al no generar ingresos, resultan invisibles. Y sin embargo, son imprescindibles para la vida: cuidado de hijos, cuidado de ancianos, de enfermos, del hogar... 

Alicia Rius, miembro de la Red de Economía Feminista, señala que esta economía es una crítica a los sistemas económicos actuales y pasados porque “se olvidan que el trabajo reproductivo que hacemos dentro de nuestras casas también es trabajo: genera bienes, servicios y ahorro a los estados”. Por ello, apunta que uno de los objetivos de la economía feminista es “desplazar” el ánimo de lucro y los mercados del “corazón del sistema” y reemplazarlos por la vida. 

Para ello proponen desarrollar iniciativas que se centren en el bienestar integral de las personas, con apoyo económico y social desde las instituciones y proyectos de empoderamiento femenino para un reparto equitativo de estos trabajos que generalmente hacen las mujeres. La economía feminista pretende ampliar el concepto de “economía” a los trabajos domésticos y de cuidados, largo tiempo asumidos por las mujeres, y busca “poner la vida en el centro”, con el foco en el bienestar, la buena vida y la justicia social.

Rius explica que la economía feminista va hacia el bienestar de las personas y de los seres vivos: “Va hacia un cambio de sistema, a un cambio de nivel de conciencia, que en este sentido estaríamos hablando ya de un cambio de paradigma económico”. La miembro de la Red de Economía Feminista asegura que las personas nos tenemos que coincienciar de que hay que cambiar el modo de producción, “porque hay trabajos que no son necesarios para el planeta”. 

Alicia Rius ejemplifica con la producción de armas: “Aunque la economía nos diga que es rentable, crear armas no es necesario”. Y añade que hay otros trabajos que son necesarios que no se pagan ni se reconocen “como es el cuidado de la vida”, que tradicionalmente es un peso que ha caído sobre las mujeres sin remuneración. Por ello, insiste en que hay que cambiar de paradigma económico “que es lo que estamos tratando de hacer desde muchos frentes como la economía feminista”. 

Así está la economía feminista

Según un informe de la Organización de Consumidores y Usuarios y el Foro Nesi, en España el feminismo es un término que es muy conocido por todos, sobre todo desde hace dos años. Sin embargo, solo el 5% se declara muy activo con la economía feminista; el 17% procura participar; el 24% la conoce, pero no participa en ella; el 18%, solo de oídas; y el 35% no conoce nada sobre la economía feminista.

La economía feminista propone un reparto equitativo de estos trabajos que generalmente realizan las mujeres. En la encuesta de OCU, un 68% ha declarado realizar un reparto equitativo de las tareas del hogar entre hombres y mujeres. Y, curiosamente, los hombres tienen la sensación de ser mucho más equitativos que las mujeres, ya que hasta un 77% de hombres ha declarado que realizan este reparto, frente a un 64% de las mujeres.

Alicia Rius asegura que desde hace seis años se ha visto un “despertar de conciencias” de que este sistema económico favorece la vida de las personas y del ecosistema. Reconoce que desde hace dos años se ve más en las calles por las huelgas feministas que se han celebrado y porque se ha hablado más en los medios de comunicación: “Se ha desestigmatizado lo que es ser feminista”. No obstante, destaca que no es algo que se haya gestado en los dos últimos años, “en este tiempo se han visto los resultados de lo que se lleva gestando años en España”.

La miembro de la Red de Economía Feminista se muestra optimista y afirma que se va a llegar a conseguir que sea el sistema económico. Rius celebra que la gente joven está saliendo a la calle para reclamar justicia. “Está habiendo un cambio, pero hace falta llamar a las puertas de las grandes fortunas y grandes empresas”, apunta.

¿Qué se puede hacer?

A pesar del desconocimiento sobre la economía feminista, se puede participar en ella. Como explica Alicia Rius se puede hacer en tres niveles: en el macro, empresarial y micro. En el primer nivel no se puede hacer nada porque son los Estados, con sus políticas, los encargados de hacer algo como destinar recursos para favorecer a la economía social y solidaria. 

En el segundo nivel, el de las empresas, “una de las cosas que podemos hacer como consumidoras es pasar lo mínimo por los mercados, hay que reducir nuestro sistema de consumo lo máximo posible, y ya que  tenemos que consumir hacerlo en empresas solidarias, comercio justo, aquellos comercios que hagan bien la redistribución de los bienes”, explica Alicia Rius.

Por último, en el nivel micro, que es la familia, el hogar y el reparto de las tareas domésticas, “estamos llamados a generar una corresponsabilidad dentro de nuestras familias, a no ser las mujeres las únicas encargadas de la vida, porque esas tareas que son invisibles porque no están retribuídas, pero son las tareas que sostienen la vida”, concluye.

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