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Jueves, 14 de noviembre del 2019

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El sereno, el viejo oficio que sigue salvando tus noches de fiesta

Gijón lleva veinte años revitalizando esta noble profesión, que se ocupa de diversas funciones ciudadanas, y ahora otras ciudades quieren importar su modelo

El sereno, el viejo oficio que sigue salvando tus noches de fiesta

Foto cedida (Serenos de Gijón)

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Alberto Payo

Alberto Payo

No son Batman, pero se encargan de que todo funcione como debe en la ciudad y de que ésta sea más segura por las noches. Tampoco son Spiderman, pero tienen bastante de amistosos vecinos. Y aún menos son Superman, pero los reconocerás rápidamente por sus llamativos uniformes. Son los serenos, un oficio que muchos solo hemos conocido por las historias de nuestros padres y abuelos y otros -los habitantes de Gijón- tienen la suerte de disfrutar desde hace dos décadas. 

En 1999 nació el Servicio de Serenos de Gijón, que en un principio surgió para ofrecer trabajo a colectivos desfavorecidos. “Lo ideó el Ayuntamiento de la ciudad junto a otros organismos y comenzó como un plan de empleo que pretendía recuperar un poco la figura del antiguo sereno, pero dotándola de otros contenidos”, explica para BYZness Lorenzo Pañeda, director de Serenos de Gijón. 

Antiguamente los serenos vigilaban las calles, regulaban el alumbrado público y también hacían de guardianes de las llaves de viviendas y comercios. Los de la ciudad asturiana que operan en nuestros días tienen muchas más funciones. 

Se encargan de velar por el buen estado del mobiliario urbano, como los contenedores, mangueras, paradas de autobús o elementos de limpieza. Cuidan los vehículos que están estacionados en la vía pública. También atienden problemáticas puntuales, como personas que están perdidas en la calle, gente que ha bebido y está en mal estado, ancianos desorientados, etc. Y ayudan a salvar las barreras arquitectónicas a personas con discapacidad.

Los serenos miran por los sintecho y se encargan de proporcionarles mantas si lo necesitan, avisando a los servicios de emergencia o al 112 si es necesario. Incluso orientan a los turistas que lo necesitan y les ofrecen información útil de la ciudad, de sitios donde alojarse, visitar, comer y hasta les facilitan mapas y callejeros. También buscan personas desaparecidas y mascotas que se hayan perdido, como perros o gatos.

Uno de los servicios más valiosos que prestan es el acompañamiento de mujeres para que lleguen sanas y salvas a casa después del trabajo o de tiempo de ocio. “A veces nos dicen que están nerviosas y que tienen que pasar por sitios un poco oscuros y que si las podemos acompañar. Siempre que esté en nuestra zona de acción lo hacemos encantados”, subraya. En la memoria 2018 de actividad de la empresa se muestra cómo esta función se ha duplicado en el último año, realizándose 13 acompañamientos de media por jornada. 

Los servicios se han ido aumentando y adaptando a demanda de la ciudad, del ayuntamiento y de los propios ciudadanos. “No todas las cosas que se hacen ahora se empezaron haciendo y hay otras cosas que se hacían que ya se dejaron de hacer”, aclara el responsable. 

De plan municipal a sociedad

En unos años Serenos de Gijón dejó de depender del plan de empleo municipal y redujo su dependencia de la financiación pública. “Con el paso del tiempo se decidió tener un complemento privado, que también pagasen los comercios y los vecinos”, aclara Pañeda. 

Los primeros aportan una cantidad que se ha ido elevando para poder acceder a ciertos servicios, como el cuidado de los establecimientos durante la noche, controlando puertas, luces, ventanas, escaparates, alarmas, avisos de robots, etc. En cuanto a las comunidades éstas pagan para que los serenos revisen los portales y elementos de los edificios y puedan desplazarse a comprar medicamentos a farmacias de guardia para llevárselas a casa si algún vecino lo necesita. 

Tras la fase inicial, el proyecto se reorganizó desde ASATA (Agrupación de Sociedades Asturianas de Trabajo Asociado y Economía Social) y se le dio forma a una empresa de economía social. Así, la iniciativa resurgió como una sociedad laboral en la que parte de los socios son los trabajadores y otra parte del capital la posee la mencionada agrupación. Actualmente, dependen un 40% de la financiación privada y un 60% de la pública. 

Serenos de Gijón no tiene un fijo de empleados, ya que el número depende mucho de la época del año. Algunos contratos tienen una duración de seis meses. En verano, por ejemplo, cuentan con más trabajadores, llegando a las cuarenta personas en plantilla para cubrir la gran afluencia turística. Sus jornadas laborales se extienden de 11 de la noche a 7 de la mañana, organizándose para hacer rondas en unas áreas predefinidas de diferentes barrios. Los turnos son de 4 días de trabajo y 2 de descanso. 

La empresa da servicio prácticamente todos los días del año, incluyendo festividades como Nochebuena o Nochevieja. Excepto en una fecha, el 18 de octubre, Día de los Serenos, en el que todo el equipo se reúne a cenar. 

Quién puede ser sereno

No hay un único perfil de sereno. En estas dos décadas de historia Serenos de Gijón se ha abierto a diversos colectivos. “Cuando estalló la crisis, por ejemplo, nos centramos en la gente que venía de sectores como la construcción o el transporte, que habían sido muy perjudicados”, destaca el director de la compañía. 

En un momento dado, “más boyante” hicieron cursos orientados a ‘ni-nis’, menores de treinta años que no tenían estudios ni trabajo. “Quisimos darles una oportunidad para entrar en el mercado laboral y después desde aquí saltasen a otras iniciativas”. 

La plantilla se ha ido haciendo más diversa con el paso del tiempo. “Al principio las mujeres no se atrevían, se pensaban que esto era solo para hombres. Se nos ocurrió hacer un curso específico para mujeres y en el primero se nos apuntaron 400”, cuenta Pañeda. “En los últimos años nos hemos centrado sobre todo en mayores de 52 o 55 años, que son los que menos oportunidades tienen”.

El responsable afirma que “normalmente contratamos a toda la gente que hace el curso”. Además, dan especial prioridad a personas que llevan mucho tiempo en el paro, gente que ha cotizado treinta años y necesita el último año para cotizar o poder recibir ayudas específicas o perfiles que contaban con certificados de riesgo de exclusión. “Somos una empresa social, así que intentamos solucionar las problemáticas de la gente”, concluye. 

Los serenos, franquicia social

En estos veinte años el proyecto gijonés de los serenos se ha exportado a otras localidades españolas. “En todo este tiempo los hemos puesto en muchos sitios. En unos continúan, en otros no, cada uno por distintos motivos. Nuestro modelo mixto tal como se lo planteamos no lo ha copiado ninguno, pero sí lo han replicado sin cobrar a los comerciantes ni a los vecinos”, matiza Pañeda. 

Ciudades como Baracaldo, Vitoria, Murcia, Vigo o Santa Coloma de Gramanet se han apropiado en algún momento de la idea. En este momento, están trabajando por replicar el proyecto en la capital asturiana, Oviedo. Según cuenta, Lorenzo han impartido cursos de serenos en más localidades porque había ayuntamientos interesados, pero después no se ha implantado. 

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