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Sábado, 21 de septiembre del 2019

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Esto es lo que ha hecho la Gentrificación con los negocios de los barrios de Madrid

Lavapiés, Chueca y Malasaña son los barrios más gentrificados de la capital. Otros como El Cabanyal, en Valencia, o El Raval, en Barcelona, también han vivido esta corriente.

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COMERCIOS TRADICIONALES QUE AÚN RESISTEN

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Nieves Ruiz

Los barrios del centro de la capital se han transformado en los últimos años hasta quedar prácticamente irreconocibles, en un movimiento que ha afectado al comercio y a la vivienda. Hablamos con los dueños de algunas tiendas de toda la vida y cómo viven esta metamorfosis.

Nueva York lo vivió intensamente en los años 60. La Isla de Manhattan se puso de moda, y pronto distritos como el Lower East Side comenzaron a vivir un proceso de cambio impulsado por la llegada de turistas y nuevos residentes que encarecieron los precios de comercios y alquileres. Las clases menos pudientes se vieron obligadas a trasladarse a la periferia en busca de precios más baratos, mientras que una nueva burguesía copaba la gran manzana.

Hablamos de la gentrificación un fenómeno social, económico y cultural que se está apoderando de los barrios de algunas ciudades. En europa, París y Berlín también lo han experimentado y en España barrios como El Cabanyal en Valencia, El Raval en Barcelona, o los madrileños Chueca, Malasaña y Lavapiés han vivido esta corriente.El proceso casi siempre es el mismo: La mecha la encienden las inversiones públicas. Con ellas comienza el lavado de cara de una zona tradicionalmente humilde y barata. Posteriormente inversores privados y artistas llegan atraídos por los cambios y mejoras y dedican su tiempo a reformar y restaurar los pisos. Las viviendas se transforman en pisos modernos y/o lofts más caros. Los precios de los alquileres suben, y los inquilinos tienen que abandonar su barrio de toda la vida ante la imposibilidad de hacer frente a los costes.

La gentrificación en los comercios

Los comercios también sufren este proceso de cambio. Las tiendas tradicionales ya no resultan tan atractivas para los nuevos turistas y visitantes. Muchos comerciantes de panaderías, bares y ultramarinos se ven obligados a cerrar para dejar su testigo a nuevos emprendedores, más pudientes y vanguardistas. De esta manera la panadería de la esquina, la tienda de ultramarinos y la barbería pasan a quedar pronto olvidadas. Algunas familias se arruinan mientras otras siguen resistiendo.

Este es el caso de Maria Jesús, regente de la tienda de Calzados Vinigon, situada en la calle del Tribulete, en el madrileño barrio de Lavapiés, una de las zonas que más se ha gentrificado en los últimos años. El comercio lleva abierto desde 1940 en plena posguerra española y resiste estoicamente el paso del tiempo y de las modas. “Me mantengo porque yo no tengo familia detrás y soy muy loca. Voy arriesgando el patrimonio a base de préstamos y continúo por romanticismo, no por otra cosa”. Según nos comenta, hace verdaderos equilibrios para llegar a fin de mes y poder pagar el salario a sus dos empleados.

La fuerza de Maria Jesús viene porque lo suyo es de sangre. Su bisabuela era dueña de una tienda en la Calle Embajadores, y su abuela Marcelina continúo el legado familiar abriendo en 1940 la tienda que ahora regenta. Para ella mantener el negocio en pié es el mejor homenaje que puede hacerle.

Para Maria Jesús hay meses especialmente difíciles como cuando compite con el Black Friday de los grandes comercios además, la turistificación que ha experimentado el barrio desde hace unos años tampoco ayuda. “No sabes cómo llegar a este público nuevo, porque como vienen y se van es prácticamente imposible crear con ellos la fidelización que da una población asentada en el barrio, ya sea inmigrante o nacional”.

Su sueño es poder continuar con el negocio familiar: “A veces pienso en cerrar, pero ¿sabes? me resisto porque tengo dos empleados y miro por ellos y por mi familia. Mi máxima prioridad es que continúen y puedan mantener su empleo”.

Malasaña, entre hipsters y modernos

Malasaña es otro de los barrios madrileños que más han vivido la gentrificación en los últimos años. La suya ha sido una transformación más dilatada en el tiempo. En los 80 no tenía demasiado buen nombre. Los vecinos del barrio de toda la vida convivían con estudiantes, roqueros y pintorescos personajes propios de la movida madrileña. Con el tiempo las panaderías, las tiendas de ultramarinos y los bares fueron dejando su paso a comercios de toque más vanguardista, donde hipsters y modernos acuden para degustar una oferta comercial más diurna y culinaria entre cupcakes, meatballs y tiendas de nueva hornada.

Manolo y Marisa son pareja y dueños de la panadería Diadema, situada en la calle Espíritu Santo en pleno distrito de Malasaña. Su tienda ha vivido el arranque de la democracia, la movida madrileña, varios cambios de demografía en el barrio y todavía sigue en pie. En la actualidad lo dirige Marisa después de que en agosto su marido se jubilara. Viendo el movimiento de los comercios de la zona, es casi un milagro que sigan al pie del cañón: “En los últimos tiempos muchos comercios han cerrado y han llegado otros nuevos, sólo quedamos la pollería, la churrería, la farmacia y nosotros. Da mucha pena. Unos fallecen, otros se jubilan y a otros les compran el negocio los inversores”.

Ellos han logrado resistir adaptándose a los cambios. Su secreto es mantenerse con muchísimo esfuerzo y renovándose al ritmo marcado por los nuevos gustos de los vecinos del barrio. “Malasaña ha cambiado mucho, hemos pasado varias etapas: primero la etapa de las drogas en los ochenta, luego las obras de las calles, después el botellón. Hubo un tiempo que los vecinos y comerciantes de toda la vida se marchaban. Nuestros clientes siguen siendo los de siempre pero hemos añadido a mucha gente joven que viene de todos los rincones de España”.

La transformación que han vivido los comercios y viviendas de las zonas más gentrificadas se deben también a la subida de los precios de los alquileres. Según datos del portal Idealista el precio medio del alquiler durante el primer trimestre de 2018 han sido de 15,9 euros al mes por metro cuadrado, un 40% más que hace cuatro años.

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