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Jueves, 14 de noviembre del 2019

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Autónomos: vuestro sistema de pensiones es muy rentable, pero no os dejan aprovecharlo

El autónomo puede obtener en su jubilación tres euros por cada euro aportado a la Seguridad Social. Un sistema perfecto con rentabilidad superior al ahorro privado. Entonces, ¿por qué no lo aprovechan?

Autónomos: vuestro sistema de pensiones es muy rentable, pero no os dejan aprovecharlo

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Autónomos

Los fallos del sistema

José Antonio Calvo Martínez

José Antonio Calvo

El sistema de autónomos en la Seguridad Social ofrece una rentabilidad superior al ahorro privado. La casuística de cada autónomo es muy variada. Pero si analizamos un perfil genérico tipo comprobamos, con datos, que un aumento de la cuota de veinte euros al mes ofrece rentabilidades del 100%. No se ha colado ningún cero. En el documento de FEDEA (Fundación de Estudios de Economía Aplicada) Elección de base de cotización de trabajadores autónomos: cálculo de incentivos, elaborado por Alfonso R. Sánchez Martín, se demuestra que por cada euro aportado a la Seguridad Social por ese perfil de autónomo, se obtiene un retorno de casi tres al cobrar la jubilación. 

Un sistema tan bueno como perverso. Una rentabilidad que choca con la realidad del autónomo y con otros detalles del propio sistema. Cuestiones que impiden esta capacidad de aportación en momentos en donde realmente el profesional puede llevarla a cabo. Es como tener en la mano el boleto ganador de la lotería. Sabes que va a tocar. Sin embargo solo te dejan sellarlo a partir de las ocho de la tarde en el día del sorteo. Y, a esa hora, ya ha cerrado la Administración de Lotería. 

Un sistema muy rentable, en un entorno irreal

El cálculo es el siguiente. Un autónomo se da de alta a los 27 años. Se jubila a los 67, con tres años perdidos en lagunas contributivas. Si esta persona aumenta veinte euros la cuota mensual a los 44 años (año 2014), elevaría su pensión de 1.087 euros por paga a 1.118 euros por paga: 31 euros extra a recibir durante toda su vida de jubilado.

Si sumamos cotizaciones y pensiones (descontado los pagos futuros a un tipo de interés del 2,5%) y suponiendo que su probabilidad de supervivencia a cada edad es la que marca el Instituto Nacional de Estadística, pagará en total 1.048 euros extra en cotizaciones. Y recibirá 3.276 euros extra en pensiones. Una ganancia neta de 2.228 euros sobre una inversión de 1.048, lo que nos da esa rentabilidad (informal) superior al 100%.

Entonces, llegamos a la gran pregunta. Si esto es así, ¿por qué el autónomo no lo hace? “El sistema es complejo y además hay incertidumbre. Esto genera una corriente de opinión a favor del ‘yo no me meto en este follón’, y apuestan por herramientas menos complejas.”, asegura Sánchez, quien ha dedicado gran parte de sus últimos meses a desgranar y comprender el sistema, mediante una serie de tres trabajos que, anuncia, continuará.

La primera conclusión de su análisis es clara: si tu aspiración o cálculo te ofrece una pensión de jubilación mínima o muy cercana, no te interesa cotizar más. El sistema auto completará tu pensión hasta el mínimo.

Cuando más puedes ahorrar, el sistema no te deja

La segunda de las cuestiones a valorar es la edad. Si no cotizas mucho antes de los 47 años, después no se te permite aumentar las cotizaciones por encima de una base. 

Cuando es más fácil ahorrar (edades más avanzadas) el sistema no te deja. Imaginemos un autónomo de 48 años. Que cotiza por una base inferior a los 2.052 euros / mes (el 80% de los autónomos cotizan por la mínima). A este profesional la Ley no le permitirá cotizar nunca por encima de un máximo legal reducido. 

Dicho de otro modo: ahora que tienes ahorros y no te importaría aumentar tu aportación, no te dejan hacerlo. La duración de las carreras también es clave. El autor del trabajo advierte que el sistema premia carreras largas. Y, sin embargo, si vas a cotizar únicamente 15 años como autónomo no te compensa cotizar más del mínimo.

¿Cuál sería el sistema perfecto?

El que permita cotizar poco al principio y mucho al final. Sin restricciones, pues las carreras de los autónomos son inestables y sus ingresos volátiles. “Que los tipos de cotización en lugar de ser fijos fueran variando. Que al inicio fuera un 25% y un 35% al final, por poner un ejemplo”. 

Según diversos estudios, el ahorro en edades tempranas se hace para prepararnos frente a ‘shocks’ (despidos, gastos imprevistos, etc.). Pero el ahorro para la jubilación llega después, por lo que no tiene sentido premiar tasas elevadas de ahorro ilíquido a la Seguridad Social al principio de las carreras profesionales. Ni tampoco limitarlas a posteriori.

En resumen, se demuestra empíricamente que el autónomo vive en un sistema público que ofrece rentabilidades superiores al ahorro privado. Además de otras coberturas como la orfandad, la viudedad o la incapacidad temporal, por mencionar solo algunas. 

Pero si añadimos la incertidumbre, la inestabilidad y otras limitaciones del propio sistema, ¿quién puede aprovecharlo?

En este articulo: Autoempleo

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