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Jueves, 14 de noviembre del 2019

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"Ahorror": historias de jóvenes y dinero para no dormir

Hablamos con cinco millennials acerca de las dificultades que tienen para ahorrar en un momento donde la precariedad, la temporalidad y el acceso a la vivienda se antojan como una auténtica una pesadilla

Ahorror: cuando llegar a fin de mes se convierte en una pesadilla // Diana Fresneda (Byzness)

Ahorro e Inversión

DÍA DEL AHORRO

Diana Fresneda

Diana Fresneda

Pocas realidades producen tanto espanto como la situación que atraviesan los jóvenes en nuestro país. A pesar de ser la generación mejor preparada de la historia, acumulan la segunda tasa de paro más alta de los países de la Unión Europea, sufren más temporalidad y tienen sueldos más bajos que sus predecesores.

Esto, enlazado con la dificultad de elaborar un proyecto de vida independiente debido a la problemática de los precios de los alquileres y el alto coste de estudiar en la universidad o de realizar un posgrado, convierte en una situación de pánico el llegar a fin de mes

Porque cuestiones como controlar el gasto, comparar antes de comprar o aprovechar descuentos son recurrentes para nuestros jóvenes a diario. Y no hablemos de la generación de ahorro, una tarea fantasmagórica para las nuevas generaciones. ¿Será una simple casualidad que el Día del Ahorro coincida con la celebración de la noche de Halloween?

Ante este escenario aterrador, hemos hablado con varios millennials, de entre 20 y 30 años, que sufren la precariedad laboral, los problemas de acceso a una vivienda y que tiene grandes dificultades para ahorrar mensualmente. He aquí cinco historias de jóvenes y dinero para no dormir:

“Ahorrar es una lucha constante”

Carlos es de Córdoba y tiene 23 años. Tras una buena oportunidad laboral, decidió hacer las maletas y abandonar su ciudad natal para trasladarse a Madrid. “Aquí todo es más caro; vivo solo y todos los gastos recaen en mí, por eso tengo que ajustarme para poder llegar a fin de mes”, nos cuenta.

Nuria, joven de 29 años, también dejó su vida en Santander para trasladarse a la capital. Entre risas, y algún sonrojo, confiesa que únicamente consigue ahorrar 100 o 200 euros al mes “privándose de algunos caprichos y recortando en salidas nocturnas”. Ella, que no ha parado de trabajar desde que se graduó hace ya siete años, aún no tiene un contrato indefinido por lo que la idea de adquirir una vivienda “no entra en sus planes”.

Otros como Roberto, de 25 años, a pesar de vivir con sus padres, se ven obligados a realizar algún tipo de trabajo extra para poder ahorrar todos los meses. “Es una lucha constante; consigo 400 euros de más porque doy clases particulares, si no sería imposible”, lamenta.

Estos jóvenes forman parte de una generación ligada a la precariedad, que destaca por ser cauta con el dinero y que se inclina más por el lado de las experiencias vitales que por el hecho de poseer una vivienda o un coche. “Yo prefiero vivir ahora que dejarlo para más tarde porque el futuro es bastante incierto”, asegura Carlos.

Estudios, viajes y vida personal

La situación se repite en todas las franjas de edad. Los millennials más jóvenes, aún estudiantes como Rubén, de 21 años, confiesan que depende del dinero de sus padres para poder sobrevivir en Madrid y que, incluso, consiguen ahorrar una parte “con el objetivo de invertirlo en un futuro en un máster, para poder tener más posibilidades”.

“Aquí es más difícil ahorrar que en otro sitios porque aquí la vivienda tiene unos precios bastante desorbitados; también salir a cenar o tomar algo con tus amigos es más elevado”, nos confiesa.

Laura, su compañera de clase, también de 21 años, asegura que “si tuviese un sueldo, sí ahorraría” pero que, hoy por hoy, es imposible. “Alguna vez lo he conseguido ayudando a algún familiar, que me ha dado un dinero extra, o dejando de salir alguna noche”, explica.

Las nuevas generaciones también se inclinan por establecer metas, planificar con antelación o recortar en gastos innecesarios para terminar el mes en positivo. ¿El objetivo? Invierten sus ahorros principalmente en estudios, viajes y vida personal. “En general son propósitos a corto plazo: las vacaciones de ese año, imprevistos o planes del día a día... No fines grandes porque en Madrid con el alquiler, el metro y el resto de gastos es muy complicado”, concluye.

En este articulo: Consumo

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